Liberalia

El nuevo equipo económico

 Por lo que se refiere a la economía, el nuevo gobierno presenta tres rasgos básicos: primero, una probada capacidad técnica de los responsables de los cuatro ministerios centrales, Economía, Hacienda, Industria y Empleo; segundo, un perfil de los ministros nítidamente comprometido con el rigor presupuestario y con las reformas estructurales; tercero, un pensamiento y una trayectoria que encarna la tradición liberal dentro del centro-derecha español. Por otra parte, la asunción por la Presidencia del Gobierno de la Comisión Delegada de Asuntos Económicos, refleja el compromiso directo de Rajoy con el proceso de estabilización y reforma de la economía nacional, que asume de facto la tarea de coordinar la acción del gabinete en el ámbito de la economía. “El gobierno económico" del PP tiene a priori las credenciales adecuadas para enfrentar la dramática situación de España.

Desde esta perspectiva, la composición del equipo económico es coherente y consistente con la necesidad de abordar de manera simultánea y con una misma filosofía la estrategia de reducción del déficit público, de saneamiento y reestructuración del sistema financiero y el despliegue de medidas liberalizadoras imprescindibles para estimular el crecimiento, la competitividad y la creación de empleo. La sintonía intelectual entre los integrantes del “gabinete económico” del PP permite sortear los problemas derivados de una distinta concepción de las políticas y de sus contenidos que ha definido la acción de los gobiernos socialistas desde 2004. Esto constituye una señal de la máxima importancia para restaurar la confianza y la credibilidad de los mercados.

Por otra parte, los Ministros del área económica tienen también una característica relevante: tener capacidad pedagógica. Las duras medidas que habrá de adoptar el gabinete Rajoy para evitar la bancarrota del Estado y relanzar el crecimiento exigen una enorme capacidad de comunicación para explicar a la ciudadanía y a los inversores internacionales su indispensabilidad y, también, que sus efectos benéficos no se manifestarán de inmediato. La naturaleza de la crisis, definida por un alto endeudamiento público y privado, así como por una ruptura del canal de crédito al sector privado impiden una rápida reactivación del crecimiento y del empleo. La crisis no ha terminado con el cambio de gobierno. Está todo por hacer y, en estas circunstancias, la paciencia es una virtud de sabios.

Desde esa perspectiva es fundamental explicar que la oferta coyuntural de sangre, sudor y lágrimas funcionará, es la única posible pero tardará tiempo en rendir frutos. Esto es fundamental porque pasada la “luna de miel” que acompaña siempre a un nuevo gobierno, las fuerzas de oposición al cambio se reactivarán y levantarán una bandera y una proclama: “La política económica de la derecha ha fracasado”. Al mismo tiempo, sucede siempre, el nerviosismo dentro del propio gobierno y de su partido ante la aparente falta de resultados del programa de consolidación fiscal y reformas estructurales generará tensiones. Será en esos momentos en los que el gabinete y, sobre todo, su Presidente habrán de imponer el mantenimiento de la ortodoxia.

En este contexto, la política europea del gobierno es clave y, aquí y ahora, tiene un sólo componente, la situación económico-financiera de la Eurozona. Habrá que vender a Europa las bondades del programa gubernamental e intentar romper la actual imagen de una España periférica con los problemas de los Estados ubicados en esa órbita geo-económica. De hecho, España ha de aparecer como una solución, en lugar de como un problema, para debilitar el sentimiento negativo de los mercados sobre la supervivencia del euro. Por el tamaño de su economía y por su peso en la escena continental, real aunque se haya visto devaluado en estos años, el éxito económico del gabinete Rajoy es un factor clave para la estabilidad de la unión monetaria.

Dicho esto, la herencia recibida por el gobierno popular es dramática. La economía está en recesión y así cerrará 2012. El desempleo seguirá aumentando a lo largo del año próximo. La restricción crediticia derivada del deterioro de la coyuntura y del proceso de saneamiento y reestructuración financiera acentuará la restricción crediticia. La insolvencia de buena parte de las autonomías y de los ayuntamientos obligará a rescatarlas para evitar su quiebra, lo que exige dedicar recursos públicos a esa tarea y, probablemente, el gobierno se verá obligado a aplicar un recorte del gasto brutal si, como parece inevitable, el déficit para el Conjunto de las Administraciones Públicas supera el 6 por 100 del PIB y se acerca al 8 por 100. En esta situación, los milagros son imposibles. Hay que sanear antes de poder crecer y resistir el tirón.

Las crisis como la soportada por la economía nacional son una experiencia terrible pero también ofrecen oportunidades. El PP tiene la posibilidad de cambiar un modelo socio-económico que además de ser inviable supone un excesivo peso del sector público en su doble vertiente fiscal y regulatoria. Tiene la ocasión de convertir España en una verdadera economía de mercado achicando el tamaño del sector público y aumentando la libertad de las familias y de las empresas. La transformación de España en una economía competitiva, capaz de adaptarse a las exigencias de un mundo global es una opción posible y, por otra parte, necesaria.


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