Liberalia

Esto no es el 96...

A partir del 21-N, el gobierno del PP se enfrentará a un escenario dramático. El déficit público no será inferior al 8 por 100 del PIB en 2011, dos puntos por encima del fijado por el gabinete socialista. Desde esa base deberá descender al 4,4 por 100 del PIB al cierre del ejercicio 2012 para cumplir los compromisos establecidos en el Plan de Estabilidad y Crecimiento. La contracción del crédito se acentuará como consecuencia de la necesidad de sanear-reestructurar-recapitalizar el sistema bancario dentro de los parámetros fijados por la UE. Esto deprimirá de modo adicional el consumo y la inversión privada. El paro cerrará el año en una tasa del orden del 22 por 100 de la población activa y no disminuirá en el corto plazo. Por último, el gabinete entrante se encontrará con una economía en recesión.

A lo largo del año próximo, las condiciones financieras de la economía española se deteriorarán. Por un lado, hay que refinanciar vencimientos de deuda pública y privada por un importe cercano a los 400 mil millones de euros. Por otro, será necesario sanear, reestructurar y capitalizar los bancos y las cajas españolas a velocidad de vértigo. Esto conduce de forma casi inevitable a un credit crunch con efectos depresores adicionales sobre el consumo y la inversión privada que conducen a un resultado: Recesión. Así pues existe el peligro de consolidar un escenario de bajo crecimiento y elevado desempleo que alimenten un círculo vicioso económico-financiero. Para terminar de dibujar este cuadro sombrío hay una variable externa incontrolable e imprevisible: El riesgo de un estallido de la unión monetaria cuyo impacto sería demoledor para España y para el mundo.

Aunque el Gabinete Rajoy ponga en marcha un programa de ajuste y de reformas de amplio alcance y lo haga con rapidez, aunque esta política mejore la confianza de los mercados, es improbable que se produzca un retorno a tasas de crecimiento cercanas a las de la pre-crisis antes del final de la próxima legislatura. La recuperación será lenta como ha sucedido siempre después de episodios de crisis bancaria y de deuda. Este comentario es fundamental para conjurar la tesis según la cual la entrada de un nuevo gobierno va a producir efectos benéficos inmediatos como sucedió en 1996. Existen profundas diferencias entre la posición macroeconómica y financiera de España quince años y la actual.

En 1996, el panorama económico nacional era malo pero existían unas condiciones internas y externas que permitían superarle con celeridad. El endeudamiento del sector privado era muy inferior al actual. Los bancos y las cajas tenían una sólida posición financiera y el canal del crédito no estaba dañado. El Estado tenía un considerable margen para obtener ingresos a través de las privatizaciones. Las autonomías y los ayuntamientos no estaban al borde de la quiebra. Las devaluaciones de la peseta previas a la victoria del PP habían permitido ganar competitividad. El PIB había vuelto a crecer y. la economía mundial estaba en pleno ciclo expansivo. La crisis del período anterior al triunfo del PP en 1996 era una recesión tradicional, no una producida por la metástasis a la economía real y financiera de un sobre endeudamiento del sector privado primero y del público, después del pinchazo de una burbuja inmobiliaria. Es fundamental no olvidar esta historia para no cometer errores de diagnóstico e inducir expectativas irreales.

En estos momentos, España no está fuera de la zona de peligro del euro, sino inmersa en ella. Los desequilibrios y las debilidades estructurales acumuladas durante los años de la bonanza y la incapacidad del gobierno de hacerles frente han creado una situación explosiva. Además existe la probabilidad de que España pierda o vea severamente restringido su acceso a la financiación externa. Está todo por hacer... El ajuste presupuestario, el saneamiento y reestructuración del sistema financiero y las reformas estructurales, en especial, la liberalización del mercado de trabajo, han de ponerse en marcha de manera simultánea y sin pérdida de tiempo para estabilizar la economía y relanzar la actividad productiva. En estas circunstancias no cabe el gradualismo. Es imprescindible aplicar una terapia de choque para generar credibilidad y restaurar la confianza.

Este planteamiento no supone entonar un dantesco lasciate ogni speranza. Al contrario, la experiencia irlandesa muestra que la austeridad presupuestaria y las reformas estructurales rinden frutos. Ese país ha recuperado la competitividad pérdida durante los años del boom ajustando a la baja los costes laborales unitarios, lo que ha generado un superávit de la balanza de pagos por cuenta corriente y la vuelta al crecimiento. Así ha reducido la presión sobre su deuda y ha desvinculado su evolución de la experimentada por los demás Estados de la periferia. España puede hacer lo mismo y es de esperar que el nuevo gobierno actúe en consecuencia. Si en 1996, el acceso al euro fue el impulso para hacer las cosas bien, ahora existe un motivo más poderoso: Evitar la bancarrota de España.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba