La tribuna de Santiago Martín

La conveniencia de una Agencia Europea de Rating

A expensas de imprevistos y del fuerte componente político que planea sobre el panorama económico, lo cierto es que la brecha abierta por la crisis se va cerrando progresivamente. Es en estos momentos en los que empieza a despejarse el horizonte cuando se suele caer en la tentación de olvidar poner en práctica las lecciones que nos ha enseñado la crisis, que inevitablemente dejan de considerarse tan urgentes  como en plena vorágine. En este sentido, una de las enseñanzas más importantes ha sido la necesidad que tiene Europa de incorporar un nuevo actor en el mercado de las agencias de rating, que permita un incremento de la competencia y reduzca la excesiva dependencia de las llamadas ‘Big Three’ (Standard & Poor’sMoody’s y Fitch).

No debería repetirse lo que sucedió en los momentos más duros de la crisis, cuando tres empresas privadas llegaron a disponer de una excesiva influencia en los mercados de capitales europeos

Creemos que dinamizar este sector con nuevos actores relevantes incrementaría la confianza y dotaría de estabilidad a los mercados, al aunar la experiencia y know-how de las más reputadas agencias nacionales, adaptadas a las particularidades de cada región. Lo que no debería repetirse es lo que sucedió en los momentos más duros de la crisis, cuando tres empresas privadas llegaron a disponer de una excesiva influencia  en los mercados de capitales europeos. Entre los errores que la Comisión Europea ha detectado en los tres colosos sobresale el conflicto de intereses (las agencias asesoraron a las entidades financieras en el diseño y construcción de productos de inversión que luego ellas mismas calificaban), además del retraso a la hora de anunciar riesgos de las emisiones o realizar advertencias peligrosas en momentos poco adecuados.

El poder de las ‘Big Three’, todas ellas empresas centenarias americanas, empezó a acelerarse en 1975, cuando el supervisor de los mercados estadounidenses, la SEC (Securities and  Exchange Comission) las seleccionó como las agencias que podían determinar los niveles mínimos de capital para aquellas empresas que incluyeran en sus portfolios determinados instrumentos de riesgos. En un mercado tan bancarizado como Europa (más del 70% de la financiación empresarial viene a través de créditos bancarios, justo al revés que en EE UU) no se vio inicialmente la necesidad de desarrollar empresas alternativas a estas firmas de rating. Esa excesiva bancarización terminó resultando a la postre perjudicial hasta para las propias entidades financieras: la economía y la banca han sufrido más y están tardando más en recuperarse aquí que en EE UU. Esto nos ha brindado otra de las lecciones de esta crisis, la necesidad de consolidar diversas alternativas de financiación.

El hecho es que la concentración de poder en las tradicionales agencias de rating también contribuyó a desestabilizar aún más la situación. Para un futuro económico más estable y sostenible en Europa es preciso, pues, no solo reducir la dependencia del crédito bancario, sino también cambiar la ecuación de poder de las agencias de rating. Pero para que eso ocurra se necesita un decidido respaldo político que pase de la buena voluntad demostrada hasta ahora a la acción.

El respaldo de Bruselas debería traducirse en los cambios regulatorios necesarios para facilitar el establecimiento de un consorcio europeo de agencias de rating

Aunque la idea de una agencia de rating paneuropea fue inspirada por la propia canciller alemana Angela Merkel en el ya remoto año 2008, aún queda mucho camino por recorrer en este sentido. Actualmente las tres grandes copan más del 85% del mercado de calificaciones crediticias en Europa. Standard & Poor’s lidera el mercado con una cuota del 36,7% del total, seguida por Moody’s (34,5%) y por Fitch (16,2%) en tercer lugar. La canadiense DBRS tiene una representatividad del 1,3% y el resto de la tarta se reparte entre la veintena de agencias locales de rating autorizadas a operar en la UE por el supervisor comunitario, la ESMA (European Securities and Markets Authority), entre ellas Axesor, registrada en octubre de 2012.               

Crear una agencia de rating europea en condiciones de competir precisaría de una inversión mínima de unos 300 millones de euros. Pero el respaldo político que nosotros consideramos ideal no tiene que ser precisamente económico. De hecho, una agencia de rating constituida con fondos públicos no gozaría de la credibilidad suficiente de cara a los inversores para ser un proyecto viable.  Por ello, nuestra opinión es que el respaldo de Bruselas debería traducirse en los cambios regulatorios necesarios para facilitar el establecimiento de un consorcio europeo de agencias de rating. Ya hay en marcha iniciativas similares en el resto del mundo, como la alianza entre Rusia y China para crear la ‘joint venture’ Universal Credit Rating Group, o el consorcio ARC, en el que participan agencias locales de Portugal, Brasil, India, Sudáfrica y Malasia. Esperemos que Europa no se quede rezagada.

Confiamos en que el proyecto de una gran Agencia de Rating Europea, en el que estará plenamente implicado Axesor, comience a materializarse pronto y la primera piedra de esta necesaria alternativa se ponga no más tarde del año próximo. Se trata de una actividad cuyos retornos se ven solo a partir del medio plazo,  por lo que no será una travesía sencilla, pero si una aventura que sin ninguna duda merecerá la pena.


Originalmente el nombre que figuraba como autor de esta tribuna era erróneo. El texto corresponde a Santiago Martín, director general de Axesor. Pedimos disculpas a nuestros lectores por la equivocación cometida.   


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba