La tribuna de Juan Pina

Vamos camino de Matrix

El DNI electrónico 3.0 ya está aquí. Después de las pruebas piloto de los últimos meses, ya se está expidiendo en todas las comisarías. Es una noticia pésima para la causa de la soberanía individual, una vuelta de tuerca más al control y la vigilancia del Estado sobre los súbditos que gestiona como un sofisticado ganadero. El nuevo dispositivo vulnera flagrantemente la libertad personal que, sin embargo, es la excusa hipócrita de los estatistas. Lo que se consigue con el DNI 3.0 es que el Estado pueda inventariarnos mejor, controlar perfectamente la cabaña humana que regenta y explota, y monitorizar con precisión los actos y movimientos de cada unidad del stock disponiendo de todos sus datos de forma instantánea e incluso remota.

Es ingenuo esperar que el Leviatán estatal vaya a limitarse a emplear esta tecnología para los usos confesados hasta ahora

Al Estado control freak ya no le basta con exigir que los adultos lleven siempre encima un documento impreso expedido por él: desde ahora todos los ciudadanos estarán marcados al nacer. Ya no le basta que el documento recoja la foto, los datos personales y el domicilio: desde ahora podrá incluir información biométrica, sanitaria, fiscal, bancaria, … y sólo es el principio. Y ya no le basta que los agentes estatales puedan exigir a cualquier persona que se identifique: el nuevo documento ya no es un documento sino un discreto aparato que incorpora una antena para emitir, a conveniencia del Gran Hermano, los datos abundantes que almacenará sobre su titular. Si antes salías del país simplemente mostrando el DNI o pasaporte, y en la mayoría de los casos el policía simplemente asentía, ahora habrá lectores para saber exactamente que tú, con nombre y apellidos, pasaste a tal ahora de tal día por ese punto. Y esto no se limitará a las fronteras, sino que podrá extenderse a cualquier punto de control, incluso sin que lo sepas, porque esto sólo es el comienzo de la geolocalización de cada cabeza de ganado humano por parte de su dueño, el Estado.

Pero hay más. Este desarrollo tecnológico anti-individuo —claramente orientado a compensar el empoderamiento de las personas mediante otros avances tecnológicos, como los basados en la lógica peer to peer, P2P—, bien podría ser el principio del control estatal de Internet, ya que abre la puerta a una futura exigencia de identificarse para navegar, simplemente situando el nuevo DNI al lado del ordenador o dispositivo móvil. El ministro Fernández Díaz presentó hace ya unos meses esta tecnología de identificación sin acceso ni contraseña, basada en la mera presencia de este documento-aparato, como un avance para “facilitar los trámites”. El sistema no está exento de riesgos por la acción de delincuentes diversos, pero la principal amenaza es la del propio Estado. Es ingenuo pensar que todos los usos estatales del dispositivo serán declarados y respetarán nuestros derechos civiles. Es aún más ingenuo esperar que el Leviatán estatal vaya a limitarse a emplear esta tecnología para los usos confesados hasta ahora. Sobre todo cuando otra de las opciones que este sistema pone al alcance del Poder es la sustitución de la moneda anónima (los actuales billetes y monedas) por la utilización del propio documento-aparato como medio centralizado de pago, permitiendo así que la Hacienda pública conozca y fiscalice instantáneamente hasta la última transacción menor de todos sus súbditos. Entre otros objetivos, los Estados intentarán así contrarrestar el auge de las criptomonedas como Bitcoin, lo que hace aún más urgente la difusión y popularización de las mismas —como urgente va a ser la difusión viral de cuantos trucos técnicos permitan a los súbditos protegerse del maldito dispositivo—.

Este documento-aparato parece sacado de alguna película de inquietante futurismo distópico. Parece una precuela de

Matrix

Pero monitorizar nuestra navegación y desanonimizar nuestros cobros y pagos sólo son objetivos concretos. La estrategia general es recentralizar y rejerarquizar la red social profunda —la malla de relaciones particulares de toda índole que configuran una sociedad humana libre—. El Estado ha declarado la guerra a la fuerte tendencia actual hacia una red distribuida. Una red distribuida es aquella en que los puntos se pueden interconectar sin pasar por nodos obligatorios. En una red distribuida —la fase más avanzada de nuestra evolución social—, las personas se agruparán y desagruparán libremente en todo tipo de colaboraciones breves o permanentes, con o sin ánimo de lucro. Esas agrupaciones, ajenas a toda planificación externa centralizada por el Poder, producirán todo tipo de efectos generando un orden espontáneo de la sociedad y de su expresión económica: el mercado.

A nadie puede sorprender que España, bajo un gobierno tan marcadamente estatista como el de Mariano Rajoy, se haya situado en la vanguardia mundial de este liberticidio. Sacrificar la inviolabilidad del domicilio para beneficio de los inspectores de las eléctricas, poner parquímetros que recogen la matrícula de los vehículos revelando así sus movimientos, vulnerar la libertad de expresión en diversas situaciones, poner multas desproporcionadas por gritar a un policía en el fragor de una manifestación, penalizar la generación doméstica de energía, impedir los pagos en efectivo de cierta cuantía… todo eso son pasos menores en el plan maestro de control extremo de las personas, pero el DNI 3.0 es una zancada muy significativa. En realidad, el siguiente paso ya sólo puede ser la implantación corporal del dispositivo… como se hace con los demás animales. ¿Quién puede evitar un escalofrío ante la propaganda estatal sobre el nuevo documento-aparato? Parece sacada de alguna película de inquietante futurismo distópico. Parece una precuela de Matrix. La realidad que hoy nos impone Fernández Díaz supera a la ficción que escribieron Yevgueni Zamyatin, Aldous Huxley, Ayn Rand o George Orwell. Circula por las redes sociales un banner sobre la impresionante obra maestra de éste último, con el eslogan “se suponía que 1984 no era un manual de instrucciones”. Lo cierto es que los Estados la están aplicando como tal. Orwell sólo se equivocó en el año.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba