OPINIÓN

Trump y la agonía del sistema

Lo que está en coma es el modelo político y económico de gran Estado, altos impuestos, fuerte control, severas prohibiciones y exigentes obligaciones. Lo que agoniza es el estatismo.

Imagen
Imagen EFE

Somos legión los que estamos absolutamente hartos del sistema y no podemos evitar el deseo cada vez más vivo de que reviente. Después vemos las alternativas más probables hoy por hoy, con independencia del irrelevante color ideológico de cada una, y nos debatimos entre ese deseo y el temor a algo todavía peor, es decir, a algo aún más estatista. Y no es difícil atar cabos y terminar sospechando que esas alternativas están ahí precisamente para eso, para compensar el hartazgo que genera el estatismo moribundo y refrenar in extremis las consecuencias lógicas de su cuestionamiento, ya generalizado. Sí, están para eso y para impedir que se considere o se llegue siquiera a conocer la otra alternativa: la de menos Estado. Pero el hartazgo es tan profundo que el empleo de estos espantapájaros se ha convertido en un juego con dinamita, y a veces a los maquiavelos del sistema les estallan los cartuchos en las manos.

Trump estaba ahí para que ganara Killary, perdón, Hillary. Servía para que la gente harta tragara con el mal menor. Vamos, como aquí lo de Podemos. Pero mira por dónde, el rechazo a la dinosauria 1 y a todo lo que representa —desde el intervencionismo exterior hasta el Obamacare y desde los cárteles regulatorios de la energía o la automoción al conglomerado de las empresas de armamento— ha instalado en la Casa Blanca al dinosaurio 2, con sus citas a dictadores, su coqueteo con Putin (el mayor ganador de estas elecciones), sus insultos a diestro y siniestro, su repulsivo proteccionismo comercial, su nacionalismo trasnochado, su intolerable amenaza a la libertad de migración y las toneladas de caspa cultural que supura su sofisticado peluquín. Trump amenazó con obligar a Apple “a fabricar sus malditos ordenadores aquí”. Ya tarda Apple en articular un boicot de las empresas de la nueva economía. Todo Silicon Valley debería plantarse y considerar seriamente el traslado en bloque a un país con más libertad económica que la ofrecida por este energúmeno. Trump tiene que aprender que el gobierno federal no es una empresa suya, y que no puede invadir la soberanía del ciudadano ni la de las empresas. Fabricarán donde les dé la gana y venderán donde les plazca, y él no es quien para injerirse en eso.

Lo que está en coma es el modelo político y económico de gran Estado, altos impuestos, fuerte control, severas prohibiciones y exigentes obligaciones

La llegada al poder de este búfalo ensoberbecido, que sólo podrá hacer realidad sus planes acrecentando hasta niveles inéditos el poder del Estado, debe interpretarse con perspectiva y a escala global. Lo que está en coma es el modelo político y económico de gran Estado, altos impuestos, fuerte control, severas prohibiciones y exigentes obligaciones. Lo que agoniza es el estatismo, que en general había asumido las ideas socialdemócratas de la última posguerra mundial junto a algunos clichés conservadores, tradicionalistas y nacionalistas. Ese modelo ya no da para más. Es insostenible económicamente porque está cimentado en el fango del endeudamiento y del dinero fiat. Es incompetente a la hora de cumplir con las irreales promesas de bienestar y unicornios que nos ha hecho durante décadas. Y es incapaz de imponerse por las buenas ante la aceleración del cambio tecnológico que empodera al individuo, por lo cual sólo le queda el recurso a dominarnos por las malas. Por eso la socialdemocracia generalizada y transpartita, en sus dos sabores de centroderecha y centroizquierda, está deslizándose por la pendiente de un autoritarismo cada vez peor enmascarado. Y para esconder esa deriva recurre desde hace unos años al revival de totalitarismos aún más temibles, para salir ganando en la comparación. Pero esa estrategia no le ha funcionado porque resulta que los espantapájaros empleados… van y ganan. Grecia. Hungría. Ahora Estados Unidos, nada menos. Y mañana, ¿Francia? ¿Alemania? ¿España? ¿Vamos acaso hacia un Occidente compuesto por regímenes autoritarios, ya usen una estética de derechas o de izquierdas en la manida y obsoleta escala convencional? Pues puede ser, y la culpa no será de los oportunistas que se beneficien en cada caso, sino del sistema socialdemócrata que no fue capaz de reconocer el fin de su era y desmantelar de forma serena y paulatina el hiperestado para provocar el inicio de otra etapa mejor, basada en la libertad. La culpa de que tengamos a Trump es por igual del establishment republicano y demócrata, como la culpa de un eventual triunfo de Podemos será sin la menor duda del PPSOE, incluida su marca blanca que no es blanca sino naranja.

El Partido Libertario ha cosechado el mejor resultado de su historia, con más de cuatro millones de votos, el triple que en 2012

Pero hay esperanza, y estas elecciones en los Estados Unidos han supuesto también un paso más en la buena dirección, aunque las cosas vayan más despacio de lo deseable. El Partido Libertario ha cosechado el mejor resultado de su historia, con más de cuatro millones de votos, el triple que en 2012. En muchos estados, la tercera fuerza política ha superado incluso el 4 ó 5% de los votos totales. En casi ninguno ha bajado del 2%. El resultado federal del 3% es heroico en un país donde la gente aún lleva el odioso y arcaico bipartidismo enroscado a su ADN. Y eso a pesar de la enorme polarización de los últimos días y después de que el establishment impidiera al candidato libertario, el ex gobernador Gary Johnson, participar en los debates con Clinton y Trump. Johnson les ha quitado millones de votos a ambos.

Disguste a quien disguste, sólo quedan dos opciones: o tiranía o libertad. Y cuanto antes lo vayan comprendiendo todos, mejor

Es ahí donde debe buscarse la salida del laberinto. La solución no es recuperar la socialdemocracia, no es aplicarle más respiración asistida mediante el expolio tributario y la emisión monetaria sin respaldo, no es adornarla para hacerla más tragable, ni teñirla de rojo ni pintarla de azul. Pero, por supuesto, tampoco es sustituirla por los nietos de Stalin y Hitler. La solución es emprender exactamente el camino contrario: mucho menos Estado, mucha más libertad y responsabilidad personales, y unos mercados y una cultura realmente autoorganizados con plena espontaneidad y ajenos a toda conducción desde el poder político. La socialdemocracia se está muriendo irremediablemente, así que, disguste a quien disguste, sólo quedan dos opciones: o tiranía o libertad. Y cuanto antes lo vayan comprendiendo todos, mejor.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba