La tribuna de Juan Pina

Spexit

Van pasando los meses —no ha habido, por supuesto, ningún cataclismo—, y va ganando altura la decisión británica de abandonar la UE, como va consolidándose también el “sostenella y no enmendalla” de la casta que manda en el tinglado europeo. A los británicos no les traicionó el olfato. No en vano, llevan en esto del proceso político civilizado más siglos que el resto de los europeos y tienen bastante instinto para distinguir una estructura política seria, aunque esté en construcción, de una vulgar maraña de instituciones incontroladas, atornillada mediante la opacidad y el falseamiento del debido proceso para beneficio de intereses espurios. Y eso es, exactamente, lo que los votantes británicos han repudiado, pero desde luego no son los únicos.

Por su parte, la élite estatista bruselense, paralizada por el miedo desde el 23 de junio, ni ha comprendido realmente lo sucedido, ni se ha percatado de que el problema no se limita a un país, ni ha reflexionado absolutamente nada. ¿Dónde está la ofensiva de comunicación para fidelizar a los demás europeos? Ni está ni se la espera, seguramente porque en Bruselas ya no quedan argumentos ni fuerzas para argumentar. La casta de la UE se ha limitado a responder a los británicos con un desprecio que a ellos les resbala, y a aferrarse al timón del buque para mantener inalterado su rumbo de colisión con la realidad. Y nosotros vamos a bordo. Felices pasajeros del Titanic, aún esperamos parasitar una pizca más a los nordeuropeos. Total, se dejan, ¿no?

La última corista abofeteada por las

vedettes de la UE en uno de sus arrebatos de cólera ha sido Irlanda, por atreverse a crecer más que nadie y a atraer empresas de fuera

Buena prueba de la ciega inercia suicida de Bruselas es la decisión, a la vez estúpida y brutal, de atacar a Irlanda por la tributación de Apple. ¿Así pretenden ellos evitar un nada descartable efecto dominó? ¿Así creen seducir a un país que, pese a sus contenciosos históricos con Gran Bretaña, es vecino suyo, habla el mismo idioma y puede verse contagiado? ¿De verdad es este el mensaje que Bruselas quiere mandar a los contribuyentes netos del Norte, hartos de pagar, o a los subvencionados del Sur que ya no reciben tanto y empiezan a cuestionarse si les sale a cuenta la UE, o a los ciudadanos del Este que esperaban otra cosa? ¡Cuánto se parecen los eurócratas bunquerizados a la plana mayor del hitlerato durante los últimos días de Berlín! Como todo régimen acosado, la eurocracia se resiste hasta al más pequeño de los cambios para no mostrar debilidad, como si alguien creyera aún en su fortaleza. Luego vendrán, con cuentagotas, unas tímidas reformas para convencer a la gente de que hay propósito de enmienda en la capital comunitaria.

España no es sólo el país europeo con menor aprecio al capitalismo de libre mercado. Es, también, el creyente más devoto de la religión comunitaria. Es comprensible. Un par de generaciones de españoles identificaron a Europa con la Libertad porque vieron en ella el final definitivo del franquismo. La España más cerril y oscurantista, la que se pasó un par de siglos resistiéndose a la modernidad que venía de Viena, París o Londres, iba a unirse por fin al club de países libres y prósperos. Y ya de paso, sus amables ciudadanos nos iban a pagar las carreteras y los hospitales, y encima podríamos vender al mundo un supuesto “milagro español” que sólo fue el pago por afianzar el eje París-Berlín. Porque en realidad no hay UE: hay mucha Alemania y algo de Francia, y luego hay coro. Nosotros somos coro. La última corista abofeteada por las vedettes de la UE en uno de sus arrebatos de cólera ha sido Irlanda, por atreverse a crecer más que nadie y atraer empresas de fuera robándoles menos en impuestos que los países protagonistas. En eso consistía en realidad la UE: en no tener libertad ni para establecer una estrategia de fiscalidad propia. La competencia fiscal es imprescindible para que haya libertad económica, y no sólo entre países sino dentro de ellos. La nefasta “armonización”, en cambio, siempre es al alza y sólo sirve para engordar la maquinaria estatal a expensas de los contribuyentes.

Más vale estar en la EFTA con Noruega y Suiza que en la UE con Grecia y Chipre o con el mastodonte socialista francoalemán

No vale la pena seguir apostando por una estructura europea así. Aunque suene cínico, de Bruselas ya no tenemos más que sacar, así que estaremos mejor dentro de Europa pero fuera de la UE, es decir, estaremos mejor como país miembro de la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA). Ese es el destino de la brexiteada Gran Bretaña y debería ser también el nuestro. Es un destino que no está nada mal, porque más vale estar en la EFTA con Noruega y Suiza que en la UE con Grecia y Chipre o con el mastodonte socialista francoalemán. Ya hay infinidad de voces pro-EFTA y anti-UE, nada sospechosas de nacionalismo ni de xenofobia, en países tan europeístas como Holanda o Italia. Es que por el camino actual no vamos a ningún lado, y la unión política es un experimento fallido. No necesitamos Comisión Europea, directivas injerencistas, socialismo agrario tipo PAC ni un parlamento de juguete: lo que necesitamos es un verdadero Mercado Común continental con plena libertad económica, junto a una buena red de tratados que establezcan la total libertad de circulación de personas, bienes, servicios, capitales y datos. Nada más, o muy poco.

En España nos atenaza el miedo a que salir de la UE implique salir del euro, y a que la política monetaria vuelva al control de nuestros augustos próceres locales... Es un miedo comprensible pero injustificado. Primero, la política del BCE tampoco es precisamente modélica. Segundo, se puede usar el euro sin estar en la UE. Tercero, la EFTA puede usar el franco suizo o la libra, o establecer una moneda propia. Y cuarto, al dinero fiat estatal le quedan pocos telediarios gracias a la revolución de las criptomonedas, y afianzar esa plena libertad monetaria sí debe ser una prioridad máxima. Seguramente ha llegado el momento de irnos acostumbrando a una nueva y esperanzadora palabra, Spexit, que no significa patrioterismo rancio sino Libertad.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba