OPINIÓN

El FBI de Donald Trump

El cese fulminante del director del FBI está obviamente motivado por la investigación sobre el apoyo ilegal ruso a la campaña de Trump. Ahora el temor generalizado es que el FBI se convierta en una policía política a su servicio.

El FBI de Donald Trump.
El FBI de Donald Trump. EFE

Los Estados Unidos, dignos hijos de Inglaterra, se enmarcan en un conjunto de principios jurídicos fundamentales que en otras latitudes son más flexibles, pero que en Norteamérica constituyen fronteras claras entre lo legítimo y lo ilegítimo. El imperio de la ley —rule of law— es uno de los grandes baluartes contra el abuso del poder político. Otro de ellos es la libertad de prensa, el cuarto poder. Además, la preocupación por el equilibrio entre los poderes —checks and balances— está presente en el origen mismo del país y en el corpus teórico y las normas básicas que legaron los fundadores de la república americana.

Pero, por muchas vacunas que se le haya inoculado, ni la sociedad ni mucho menos la élite política estadounidense están exentas de pulsiones contrarias al exitoso modelo de libertades aún vigente. En varias presidencias ha sido evidente el afán de incrementar su poder difuminando los corsés del sistema, y en varios periodos ha habido una parte significativa de la sociedad que reclamaba un liderazgo fuerte y sin miramientos legales. Todo parece indicar que estamos en uno de esos periodos, y en una de esas presidencias.

Trump dice que despide a Comey porque espió a Hillary Clinton, pero durante la campaña él animó en público al FBI a sacar a la luz los trapos sucios de su rival

El presidente de los Estados Unidos puede legalmente destituir al director del FBI, un cargo con diez años de duración, pero es una medida excepcional que sólo se justifica en situaciones realmente extraordinarias. De ahí la irritación del país entero, y el asombro del resto del mundo. No era previsible que sucediera algo así. La excepcionalidad invocada por Donald Trump no se sostiene, y oculta otra mucho más grave, que le afecta directamente. La Casa Blanca dice que despide a James Comey porque espió a Hillary Clinton, y esto es el colmo del cinismo porque Trump, durante la campaña, animó en público al FBI a sacar a la luz los trapos sucios de Clinton. No sólo eso: este superpatriota invitó también en público a una potencia extranjera, Rusia, a buscar ilegalmente y revelar correos privados de su rival. Sin embargo, ahora utiliza las acciones del FBI contra Clinton como motivación formal para librarse de Comey.

Lo que de verdad ha motivado el cese de Comey es el avance de la investigación sobre los vínculos de Donald Trump, su gobierno y su equipo de campaña con el régimen ruso

La excepcionalidad oculta, la que de verdad ha motivado el cese fulminante del director del FBI, es el rápido avance de la investigación abierta por esa agencia sobre los vínculos de Donald Trump, su gobierno y su equipo de campaña con el régimen ruso. Poco antes del abrupto despido, el FBI había obtenido la citación de personas presuntamente implicadas, todas ellas del entorno directo de Trump. Con independencia de que al final se llegue a encontrar delitos formales, se lleve ante la Justicia a responsables concretos o se pueda articular un juicio de destitución presidencial, todo parece indicar que la investigación del FBI habría dañado seriamente a Trump al aportar pruebas inequívocas de la implicación directa de Rusia en su acceso a la Casa Blanca. De ahí las prisas por intervenir el FBI, hasta el punto de cesar a Comey sin tener siquiera un sucesor previsto.

Pero lo más llamativo son las formas. Todos sabemos que Trump no es precisamente diplomático, pero comunicar un cese antes a los medios que al interesado no es de recibo. Recuerda a la manera de hacer las cosas de Franco, cuyos famosos motoristas llevaban cartas de cese fulminante a los ministros cuando menos lo esperaban y estuvieran donde estuvieran. Comey vio la noticia de su cese en un televisor en silencio situado al fondo de la sala donde estaba impartiendo una charla, y pensó que se trataba de una broma de los anfitriones. Hasta la redacción del cese destila inquina: “you are hereby terminated, effective immediately”. No su cargo o su empleo, sino él. You are terminated. Parece más propio de Nicolás Maduro. En realidad, lo que se percibe tras este nuevo lapsus —el equipo de Trump en la Casa Blanca ya se ha hecho famoso por su mejorable alfabetización— es un alineamiento de las formas de la administración Trump con las de sus mentores rusos.

Lo que muchos se temen en los Estados Unidos es que ahora se coloque al frente del FBI a alguien que lo manipule más todavía, convirtiéndolo en la policía política de Donald Trump

La semana pasada, Sergei Lavrov —el eterno ministro de Exteriores del eterno presidente Putin— se acercó a Washington para pasarle la mano por el lomo al pobre Tillerson, y se permitió bromear sobre el cese de Comey, que ya era público: “¿Cómo, que lo han cesado? Estarás de broma” le espetó al periodista con un gesto teatral de sorpresa que no ocultaba su arrogancia, mientras su homólogo americano apresuraba la salida de ambos de la sala. Tillerson habrá tenido que explicarle que aún existen sutiles diferencias entre el modo de tratar a los periodistas en los Estados Unidos y el que se aplica en Rusia, aunque todo se andará. En el Índice de Libertad de Prensa, los Estados Unidos pierden este año dos posiciones y ya están catorce puestos por debajo de España, pero Rusia sigue clasificada como no libre, en el puesto 148 de 180, por debajo incluso de Venezuela, Sudán del Sur o Pakistán. Sí, definitivamente, Trump aún tiene camino por recorrer para llegar al nivel ruso, pero seguro que sus amigos del Kremlin le asesorarán para alcanzarlo.

El FBI no es precisamente una agencia humanitaria. Tiene un inmenso poder y a lo largo de su historia ha recibido duras críticas por su desempeño y por su politización. Como argumentó en su día Ron Paul, lo mejor sería cerrarlo. Incluso existen dudas razonables sobre su constitucionalidad. Pero nada de eso va a ocurrir. Lo que muchos se temen en los Estados Unidos es que ahora se coloque al frente a alguien que lo manipule más todavía. Sería una zancada en la involución institucional de los Estados Unidos. Tras lanzarse a una cruzada contra la libertad de prensa, aumentar el presupuesto del Ejército, atacar el libre comercio e inducir más deuda, ¿cuál será el paso siguiente de Donald Trump? Pues quizá precisamente eso, hacerse un FBI a su medida, que apenas se diferenciaría de las policías políticas de países con mucha menos libertad que la que cabe esperar de los Estados Unidos de América. Como él tuitearía… sad! So dishonest!


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