OPINIÓN

Estonia y la e-residencia

Mientras la mayoría de los Estados tratan de blindarse tecnológicamente frente al avance de la libertad individual, Estonia ha comprendido que el Estado es una empresa de servicios y debe competir por la preferencia de los clientes. La e-residencia estonia es futuro hecho presente.

La tarjeta de e-residencia estonia permite realizar todo tipo de actos jurídicos online.
La tarjeta de e-residencia estonia permite realizar todo tipo de actos jurídicos online.

Hoy los derechos y obligaciones de una persona deben depender de la residencia, no de la nacionalidad. De hecho, el concepto jurídico de nacionalidad está vaciándose al mismo ritmo que las nuevas tecnologías certifican la irreversible desnacionalización del individuo humano, un proceso íntimamente relacionado con la globalización. Ya hace un par de décadas desde que se acuñaron términos como “viajeros permanentes”, “nómadas digitales” y otras denominaciones para referirse a personas que aprovechan la multiplicidad de jurisdicciones y normas de una manera favorable para sus legítimos intereses personales. 

Los Estados están perdiendo ya su tradicional y privilegiado mercado cautivo de ciudadanos-súbditos, y tendrán que ponerse las pilas para competir por ciudadanos-clientes

Los nómadas digitales son personas cuya actividad profesional les permite residir en cualquier lugar, escogiendo aquella jurisdicción donde crean mejor protegidas su libertad y su propiedad. Además, suelen pasar temporadas en diferentes países en función de sus actividades, muchas veces permaneciendo en cada uno de ellos menos tiempo del que legalmente exigiría la condición de residente fiscal. Hay cada vez más programadores informáticos, escritores y conferenciantes, artistas, consultores altamente especializados y otros profesionales que realmente tienen un anclaje escaso en un país determinado. Lógicamente, estas personas suelen escoger para su residencia formal el país más adecuado a efectos legales y tributarios. Es cada vez más frecuente residir a título personal en un país, tener constituida en otro la sociedad empleada para facturar, que además podrá operar bancariamente desde un tercero, y todo ello manteniendo el pasaporte de origen. Así, en la vida y en la operativa profesional de una persona pueden intervenir cotidianamente varias jurisdicciones estatales, en función del cóctel particular que a cada cual interese.

El mundo que viene es un mundo de individuos tecnológicamente empoderados, y va a sustituir al mundo casposo de Estados que se creen rancheros administrando cabezas de ganado

Todo esto, que hasta ahora sólo estaba al alcance jurídico y, sobre todo, económico de una minoría, está progresando y “democratizándose” a gran velocidad gracias a las nuevas tecnologías. Debido a la revolución tecnológica, sobre todo desde la aparición de blockchain, el individuo está más cerca que nunca en la Historia de liberarse por completo de las amarras estatales sin tener que hacer las maletas. Y, por su parte, los Estados se ven compelidos a repensar su rol. En su libro El Estado en el tercer milenio, Juan Adán II de Liechtenstein expone conceptos tan interesantes —y tan enraizados en la visión económica de Ludwig von Mises y otros pensadores de la Escuela Austriaca— como la “gobernanza de mercado” y la condición de los Estados como grandes “empresas de servicios”.

Desde esta lógica, los Estados deberían dejar de dar por sentada la eterna permanencia de una masa de población a la que someter y esquilmar a su antojo. Si antaño sólo perdían población por guerra, secesión o emigración, pronto pueden empezar a perderla porque la gente conozca un Estado mejor y decida cambiarse, sin moverse de su casa. Es indudable que las tecnologías de la información ya lo hacen posible. ¿Por qué debe uno tributar al Estado A si resulta que en el B le tratan mejor? ¿Por qué no puede desenganchar en ese caso del A y pasarse al B, sin tener que mudarse? ¿Por qué no permitir la libre competencia entre Estados, dejando que sean los ciudadanos quienes decidan qué servicios y obligaciones gestionar con uno u otro de ellos? Los Estados van a perder —están perdiendo ya— su tradicional y privilegiado mercado cautivo de ciudadanos-súbditos, y tendrán que ponerse las pilas para competir por ciudadanos-clientes.

Estonia compite en libertad, calidad y seguridad para que gente de todo el mundo prefiera ser e-residente suyo y opte voluntariamente por ese país. El cambio de paradigma es total

El país líder en esta nueva forma de entender la ciudadanía no es ningún insignificante “paraíso fiscal” del Caribe, sino un Estado miembro de la Unión Europea. Estonia, el primer país de la UE y el sexto del mundo por libertad económica, es un país pequeño, altamente desarrollado y plenamente volcado en esta nueva forma de entender el papel del Estado. Desde que se convirtiera hace casi cuatro años en el primer país del mundo con e-residencia, no ha dejado de lanzar innovaciones tecnológicas para hacerla realmente atractiva. Fue en su momento, también, el primer país en habilitar un sistema de fe pública sin necesidad de notariado convencional, mediante validación segura, instantánea y sin apenas costes con tecnología blockchain.

Como e-residente estonio, uno puede emitir y certificar documentos oficiales de toda índole, abrir y operar sociedades y cuentas bancarias, hacerse cargo de su tributación y hasta gestionar recetas médicas, todo ello sin pisar Estonia. La tarjeta física de e-residencia, dotada del correspondiente chip, puede obtenerse en las embajadas del país y por otros medios, una vez aprobada la condición de e-residente. Con esa tarjeta, un profesional o empresario de cualquier país del mundo puede abrir una sociedad estonia y realizar todo tipo de actos jurídicos con el respaldo y de la legislación y el control de las autoridades estonias, y con acceso al mercado comunitario. Gurús de internet como el conocido Guy Kawasaki fueron de los primeros ciudadanos del mundo en hacerse e-residentes de la República de Estonia.

El mundo que viene es un mundo de individuos tecnológicamente empoderados, y va a sustituir al mundo casposo de Estados que se creen rancheros administrando cabezas de ganado. Mientras la mayor parte de los Estados tratan de desarrollar a toda prisa contratecnologías anti-individuo para dar nuevas vueltas de tuerca al sometimiento de sus ciudadanos, Estonia intenta competir en libertad, calidad y seguridad para que gente de todo el mundo prefiera ser e-residente suyo y opte voluntariamente por ese país, desde la distancia que hoy es tecnológicamente irrelevante. El cambio de paradigma y de mentalidad es total. Cerca de veinticinco mil personas de más de un centenar de países han decidido ya que quieren operan en el mundo como residentes virtuales del país mejor preparado para ello. Y ya han constituido unas cuatro mil empresas de todos los sectores y tamaños, que operan en Europa y en el mundo con número fiscal y cuenta bancaria de Estonia. La próxima vez que se cruce con una factura estonia, piense que el emprendedor que la emitió puede ser su vecino de al lado, harto de las trabas y costes de un Estado paquidérmico, entrometido, burocratizado y mandón que bien haría en emular al pequeño gigante que está emergiendo a orillas del Báltico.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba