La tribuna de Juan Pina

Energía libre, sociedad libre

Si los viejos marxistas afirmaban que “sin electrificación no hay socialismo”, hoy parece claro, al menos para FAES, que tampoco hay conservadurismo sin una red eléctrica centralizada y sometida al control estatal. El lamentable informe contra el autoconsumo publicado hace unos meses por el think tank de Aznar apenas lograba esconder su intención de blindar al poderoso y privilegiado oligopolio de las empresas energéticas —convertido, como el sector financiero, en un mero apéndice del poder político—. FAES arremetía entonces contra la producción doméstica de energía y trataba de asustarnos con los males terribles que descenderán sobre nosotros cuando las baterías Tesla y sus futuros competidores nos hagan por fin independientes de las macroempresas energéticas. Unos meses después, el autoconsumo vuelve a ser noticia por la salvaje vuelta de tuerca que, en forma de real decreto, le acaba de asestar el gobierno del Partido Popular. Parece claro que Mariano Rajoy, cumplido ya sobradamente su anhelo de superar a Rodríguez Zapatero como el presidente más nefasto de la España democrática, se esfuerza ahora por asegurar que los últimos coletazos de su gobierno, ya en tiempo de descuento, arrasen las pocas parcelas de libertad que aún no se ha anexionado Cristóbal Montoro.

Si González-Sinde fue la ministra de las entidades de gestión y martillo de internautas, Soria ha sido el ministro de las eléctricas y terror de autoconsumidores

A los ministros los nombra el presidente, pero con frecuencia los escoge la camarilla correspondiente. Si Ángeles González-Sinde fue la ministra de las entidades de gestión y martillo de internautas, José Manuel Soria ha sido el ministro de las eléctricas y terror de autoconsumidores. Y lo ha sido en tan gran medida que sólo queda saber si obtendrá su premio por el camino tradicional (la puerta giratoria) o por vericuetos más imaginativos. Lo que es incuestionable es que el decreto perjudica gravemente el desarrollo del autoconsumo para beneficio de las empresas del cártel y de una hacienda pública voraz, que tiene en las facturas energéticas una de sus más depuradas herramientas de saqueo al contribuyente indefenso. A Rajoy y a Soria no les importa que su decreto choque frontalmente con la tendencia del resto de Europa y con las normas de Bruselas. Total, para lo que les queda, bien pueden cumplir con los jerifaltes de un sector tan “estratégico”… para los intereses de los políticos. No en vano, en una lengua tan pragmática como es la inglesa, la misma palabra, power, significa tanto “poder” como “energía”.

Es sorprendente que aún haya tanta gente que se deja llevar por las diferencias, ya sólo cosméticas, entre PP y PSOE, entre conservadores y socialistas. Cuánta razón tenía el Nobel de Economía Friedrich von Hayek cuando afirmaba, ante las bocas abiertas y las cejas enarcadas de sus contemporáneos, que ambos son más o menos lo mismo. La verdadera diferencia entre concepciones de la sociedad y de su organización política y económica ya no se encuentra en supuestas antítesis como izquierda-derecha o socialista-conservador, sino entre la difusa y emergente facción de la Libertad —impulsada entre otros factores por el cambio tecnológico— y la del estatismo basado en el temor a la espontaneidad, un temor inducido por sus beneficiarios.

Para la primera facción, es una gran noticia que Elon Musk —tal vez uno de los mayores benefactores vivos de la humanidad— esté ya a punto de librarnos del cautiverio energético al enfrentarse resueltamente a los poderes fácticos para ofrecernos baterías capaces de contener todo el consumo eléctrico de nuestros hogares durante un mes o un año. Para la facción estatista, en cambio, toda transición desde redes centralizadas hacia redes distribuidas —basadas en la independencia de cada nodo, de cada persona o empresa— es una noticia pésima porque lamina su poder. Y esto es aplicable por igual a la generación y consumo de energía, a los flujos de información y opinión, a la producción y evolución cultural, a la transición desde la moneda fiduciaria estatal a las cibermonedas como Bitcoin, o a cualquier otra red. El nuevo parteaguas ideológico es el que separa a los centralizadores pro-Estado de los descentralizadores pro-Persona. Y los conservadores, empezando por FAES y siguiendo por Soria y Rajoy, son tan pro-Estado como cualquier marxista. Algunas veces, más. Y su obsesión por el orden y el control les lleva a inventarse injustas regulaciones mercantilistas y por tanto anticapitalistas, tanto como lo haría cualquier socialista. Algunas veces, más. Y por lo tanto, para los amantes de la Libertad los conservadores son el enemigo tanto como lo pueda ser cualquier otro tipo de colectivista. Algunas veces, más.

La generación y acumulación fácil y barata de energía puede ser un hito en el camino hacia una sociedad y un mercado realmente libres

“Uno de los rasgos fundamentales del conservador es su actitud de temor al cambio y desconfianza frente a lo nuevo”, escribió Hayek en su deliciosa obra Por qué no soy conservador, y eso que no había leído ninguno de los panfletos que FAES publica con las generosas subvenciones que le pagamos entre todos, ni tampoco los decretos liberticidas de este gobierno fracasado. Hoy resulta crucial combatir cualquier falsa hibridación entre el conservadurismo y las ideas liberales o libertarias, y colocar al primero en el cajón que le corresponde: el mismo de la socialdemocracia que aún padecemos, terminal pero aún insidiosa, cuyo fin se ve felizmente acelerado por avances aparentemente ajenos al debate de las ideas, como las baterías Tesla.

Que sigan los Rajoy de este mundo tapando el sol con el dedo, porque nunca superarán la determinación de millones de personas prestas a zafarse de la dependencia energética que aún les impone el Estado a través de sus oligopolios protegidos. La generación y acumulación fácil y barata de energía es muy esperanzadora: puede ser un hito decisivo en el camino hacia una sociedad y un mercado realmente libres.


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