La tribuna de Jesús G. Maestro

La Universidad, la perfecta callada

Decía Catón en sus Dícticos que nadie vive sin crimen, falta o pecado («nemo sine crimine vivit», Disticha catonis, I, 5). Nada más actual en la vida de nuestra sociedad política. Sin embargo, hay en el muladar una perla aparentemente intacta, inmaculada y silenciosa. Aparentemente… Me refiero a la Universidad.

Nunca, por el momento, ha saltado la Universidad a la prensa por casos sonados de corrupción. Ni siquiera de prevaricación

De la Universidad se habla con frecuencia, por múltiples motivos, casi siempre relativos a la falta de medios y de recursos. Pocas veces se habla de ella respecto a su falta de ideas. Como algunas personas, se queja de su memoria, pero no de su inteligencia. Y nunca, por el momento, ha saltado la Universidad a la prensa por casos sonados de corrupción. Ni siquiera de prevaricación. Pienso en la Universidad, no quiero pensar en la aneca, esa Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación a la que la Comisión de Expertos para la Reforma del Sistema Universitario Español desacreditó en varios de sus procedimientos, relativos a la selección del profesorado universitario, en el célebre Informe para la reforma del sistema universitario, entregado al ministro José Ignacio Wert un 12 de febrero de 2013, documento del que nada ha vuelto a saberse. De nuevo, el silencio.

De hecho, a lo más que se llega cuando se reprocha algo a la Universidad es a hablar de su endogamia. Pero solo para preservarla. ¿No es sorprendente tanta inocencia y tanto silencio en una institución que siempre alardeó de revolucionaria en el progreso social y de puritana en su independencia virginal frente todos los poderes?

Con todo, el 1 de octubre pasado, José Antonio Moral Santín fue nombrado, al parecer de forma interina, director del Euromediterranean University Institute. El nombramiento lo hace José Carrillo, actual rector de la Universidad Complutense de Madrid. José Antonio Moral Santín es, según se ha publicado en la prensa, y así puede verse en este mismo periódico, “uno de los beneficiados de las tarjetas black de Caja Madrid”.

Las universidades públicas españolas acumulan una deuda capaz de hipotecar su futuro de forma absoluta durante décadas. Pero todo sigue en ellas silenciosamente intacto

Pero la Universidad sigue siendo una institución extremadamente silenciosa en medio de tantos y tan activos flagiciosos. De lo que sucede dentro de sus negociados se sabe públicamente poco o nada. La prensa no se adentra a diario en estos terrenos: no se cuenta en qué se gastan realmente los recursos económicos entregados para desarrollar tales o cuales proyectos de investigación, no se hace público cómo funcionan en realidad los procesos de selección del profesorado ni los mecanismos que disponen las oposiciones, no se juzga a sus tribunales, no se revelan los medios ni criterios de gestión económica de vicerrectorados, facultades o departamentos… Las universidades públicas españolas acumulan una deuda capaz de hipotecar su futuro de forma absoluta durante décadas. Pero todo sigue en ellas silenciosamente intacto. La Universidad no hace ruido. Su necrosis es absolutamente silente. E incesante.

Pero a veces hay silencios, como decía Unamuno, que son la peor mentira. Hace apenas unos días hemos sabido que una célebre editorial se ha negado a publicar un libro de Gregorio Morán, El cura y los mandarines, porque el autor no quiso retirar sus críticas a una serie de personalidades del mundo académico, cultural y universitario. De nuevo, el silencio. Un silencio que preserva intacta una inocencia cada vez más inquietante y sospechosa.

En determinados momentos históricos y sociales, como el presente, tal vez, el silencio puede ser la representación más cobarde de la ignorancia y la expresión más pecaminosa de la inocencia. Entre tanto, la Universidad sigue siendo la perfecta callada. Sus motivos tendrá. ¿Cuáles son?


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