La tribuna de Jesús G. Maestro

Y Erdogán nos descubrió América

Erdogán, actual presidente de Turquía, afirmó recientemente, y volvió a reiterarlo el pasado 18 de noviembre, que fueron los árabes, y no Cristóbal Colón, quienes descubrieron América, en 1178, nada menos que tres siglos antes. No entraremos a considerar aquí si las técnicas de navegación y la ingeniería naval de fines del siglo XII permitía semejantes travesías. Sea verdad o sea mentira, poco importa; la declaración de  Erdogán se difunde, con todo tipo de emociones, a favor o en contra, por medios de comunicación y redes sociales.

No es la primera vez que a Cristóbal Colón tratan de arrebatarle el título histórico de descubridor de lo que, algún tiempo después, pasó a denominarse América

No es la primera vez que a Cristóbal Colón tratan de arrebatarle el título histórico de descubridor de lo que, algún tiempo después, pasó a denominarse América, y antes se llamaba, en plural, las Indias. No hace mucho que el expresidente francés Jacques Chirac se jactaba de decir que el vikingo Erik El Rojo había descubierto también América, por supuesto mucho antes que Colón.

Y, por supuesto, los indigenistas posmodernos, ante cada novio que le sale al descubrimiento de América, no dejan de recordar que los genuinos descubridores del continente fueron sus habitantes nativos, desconocedores, por lo demás, de cómo sus propios antepasados, cazadores de etnias mongólicas, habían llegado hasta allí, a través del estrecho de Bering, hace unos 13.000 años, antes de que la última glaciación desapareciera, y con ella el hielo que unía sólidamente lo que hoy son Siberia y Alaska.

Lo cierto del caso es que, se pinten las cosas como se pinten, el 12 de octubre de 1492 Cristóbal Colón descubre el continente que tiempo después se llamará América.

La Historia se puede reescribir desde todas las ideologías, pero la Historia no es un palimpsesto, porque no es tampoco una ideología. No está hecha de palabras, sino de hechos. Además, la Historia tampoco está hecha de Derechos que se imponen pacíficamente, sino a través de luchas terribles. Por otro lado, la Historia no la cuentan los vencedores, sino los supervivientes.

Justo o injusto, el Derecho, a América, lo llevaron por vez primera los españoles del siglo XV, de la mano de lo que entonces era la escolástica de Francisco de Vitoria

Y no hay que olvidar que, justo o injusto, el Derecho, a América, lo llevaron por vez primera los españoles del siglo XV, de la mano de lo que entonces era la escolástica de Francisco de Vitoria. Del mismo modo que el Derecho, en la Edad Antigua, lo impusieron, naturalmente de forma violenta, los romanos allí por donde anduvieron. Y del mismo modo que hoy, el Derecho, sigue manteniéndose de forma violenta, en nuestra propia sociedad, porque nadie va a la cárcel voluntariamente, sino obligado por las fuerzas jurídicas y policiales. Nuestra sociedad no es más pacífica que ninguna sociedad anterior. Otra cosa es que esté más pacificada, o haya sido mejor educada —Nietzsche diría «mejor reprimida» (Freud tomó el concepto de Nietzsche)— que otras sociedades o que otras etapas anteriores de sí misma como sociedad política.

Pero lo cierto es que quienes le disputan a Colón el título de descubridor ignoran que no basta con descubrir, sino que el descubrimiento exige una justificación. Una justificación que ni el propio Colón llegó a alcanzar, puesto que muy posiblemente murió ignorando que lo que había descubierto era un nuevo continente.  

Cuando Colón muere, en 1506, todavía no hay certeza de que América sea un nuevo continente. Se suponía entonces que se trataba de la geografía más oriental y meridional de Asia, es decir, las Indias. Nadie contaba con que en dirección occidental, entre Europa y Asia, se interpusiera América. Como bien se sabe, fueron los viajes de Américo Vespucio, y su cartografía (Mundus Novus de 1503 y la Carta a Soderini de 1505), la que permitió confirmar que aquella geografía inmensa era un nuevo continente, y no las hasta entonces denominadas Indias Occidentales.

Descubrir algo exige justificar racionalmente ese descubrimiento, es decir, las causas y consecuencias que lo han hecho posible. No basta con tener ante nuestros ojos la fórmula de Einstein según la cual la energía es igual a la masa por la velocidad al cuadrado: hay que saber explicar por qué se ha llegado a esa formulación, y cuáles pueden ser las consecuencias decisivas de ese conocimiento.

Un descubrimiento verdadero exige una construcción de las razones que lo han producido, como bien ha demostrado Gustavo Bueno al exponer sus ideas precisamente sobre el descubrimiento de América y la teoría de la esfera.

La Historia es actualmente una de las disciplinas más ideologizadas de cuantas se imparten en las Universidades

Sin embargo, el mundo académico, entregado y rendido como de hecho está a las ideologías de la más insipiente política, es el principal responsable de que cualesquiera declaraciones tengan el mismo valor que cualesquiera disparates. La Historia es actualmente una de las disciplinas más ideologizadas de cuantas se imparten en las Universidades. Se nos advierte que “todo es ideología”, imponiendo de este modo un pensamiento único y absolutista, regresivo al mundo presocrático, en el que “todo es agua”, “todo es aire”, “todo es fuego”… O freudiano: “todo es sexo”.

Por suerte, o por desgracia, no todo se reduce a una única cosa. Pero cuando el mundo académico y universitario calla —ante los políticos— lo que sabe, por cobardía o por vileza (o por ambas cosas), y acepta convivir acríticamente con la estulticia, la ciencia se convierte en la ramera de las ideologías.

Y en semejantes lenocinios se están convirtiendo, silenciosamente, y a la boloñesa, nuestras posmodernas y europeas universidades contemporáneas.


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