La tribuna de Jesús Alfaro

¿Somos un pueblo de pícaros?

¿Es el nivel de corrupción política un simple reflejo del nivel de corrupción privada? ¿Los españoles somos más tramposos y robamos más que los daneses o los alemanes y menos que los marroquíes o los argentinos? ¿Se refleja este nivel en nuestros políticos y empleados públicos que roban, defraudan y mienten más que los daneses y menos que los argentinos?

Dan Ariely ha publicado un libro sobre este tema y ha colgado una animación que resume su estudio en poco más de diez minutos. Los seres humanos somos egoístas y, si podemos robar y mentir en beneficio propio sin que nos pillen, lo haremos. No lo hacemos en toda la medida coherente con el prototipo del ser humano como un egoísta racional porque la evolución nos ha conformado para que no nos sintamos a gusto con nosotros mismos si nos comportamos deshonestamente, es decir, sufrimos un “coste psicológico” al ser deshonestos. Necesitamos racionalizar nuestra conducta y eliminar la disonancia entre cómo somos y cómo nos valoramos. Pero, más importante, a mi juicio, es que la vida social y los grupos no pueden florecer si están formados por mentirosos y ladrones que actúan como tales sistemáticamente. De manera que hemos desarrollado toda clase de instituciones (además de una cierta configuración de nuestro cerebro) para reducir la mentira y el robo.

Este planteamiento de Ariely tiene, a mi juicio, dos limitaciones. La primera tiene que ver con los comportamientos que en una sociedad se consideran violaciones de las reglas morales. Ariely cuenta la historieta del padre que castiga severamente a su hijo porque éste ha robado un lápiz a un compañero de clase y le dice que no tiene por qué hacer esas cosas, que si quiere lápices, él le puede traer docenas de la oficina. A mí, la broma no me parece acertada. Traer lápices de la oficina puede ser un comportamiento no inmoral y la racionalización del mismo puede ser muy convincente, no solo para el empleado que se lleva los lápices, sino también para la audiencia que establece el estándar de conducta moral; pero dejar sin castigo a un niño que se apropia de una cosa de un compañero de clase no me parece una buena idea.

La contraposición entre conductas honestas y deshonestas no es una relación discreta: es un continuo que va desde el heroísmo a Stalin

Ariely hace referencia también al caso de las descargas de libros y cuenta que el suyo ha sido descargado 20.000 veces ilegalmente en las primeras semanas desde su aparición. Explica que los jóvenes tienden a justificar las descargas ilegales pero deja entender que los argumentos correspondientes son, simplemente, racionalizaciones para sentirnos bien con nosotros mismos. Tampoco estoy de acuerdo. El significado moral de llevarse un libro de una librería sin pagar o de robárselo a un colega es muy diferente al significado moral de descargarse un libro de internet. No puedo explicar ahora mi racionalización de las diferencias pero me parece obvio que una Sociedad no debe gastar los mismos recursos (incluidos los recursos “morales”) en desincentivar el robo en las librerías y en desincentivar las descargas ilegales. Por tanto, la discusión acerca de cuán deshonestos somos en nuestras relaciones sociales, no puede hacerse sin ocuparnos, previamente, del contenido moral de la regla infringida. La contraposición entre conductas honestas y deshonestas no es una relación discreta: es un continuo que va desde el heroísmo a Stalin. Y la racionalización no es, por tanto, una excusa de nuestros comportamientos deshonestos para sentirnos bien con nosotros mismos.

La segunda limitación tiene que ver con el efecto “criminógeno” (en el sentido de generador de conductas inmorales) que tiene la regulación legal y administrativa. Si no queremos fomentar los comportamientos deshonestos hay que limitar estrictamente la capacidad del Estado para regular la vida de la gente. Porque es la intervención desaforada del legislador y de la Administración en la vida de la gente la que genera buena parte de la corrupción privada a la que asistimos.

Piénsese en el fraude que cometen muchos padres para lograr que sus hijos sean admitidos en un colegio determinado. Las reglas establecidas dan preferencia a los pobres y a los que viven al lado del colegio. El resultado es que muchos padres mienten sobre su lugar de residencia (y empadronan a los niños en casa de su abuela o su tía) y mienten en su declaración de la renta (y luego hacen una declaración complementaria para que Hacienda no los cruja, claro). Si el Estado no regulara la elección de colegio mas que para los colegios públicos, estos padres no habrían mentido y engañado y no exigiríamos a nadie que denuncie tales comportamientos.

Piénsese en el ámbito en el que los españoles somos más mentirosos y tramposos: en el cumplimiento de nuestras obligaciones fiscales y en nuestro trabajo. Dejemos para otra ocasión el caso de los pagos y cobros en negro aunque el hecho de que empieces a pagar el 50 % a partir de 60.000 € de ingresos anuales tiene mucho que ver. Veamos qué ocurre en el caso de las trampas que hacemos los españoles fingiendo bajas por enfermedad y/o escaqueándonos del curro cada vez que podemos. Los médicos españoles son también deshonestos porque cooperan con los trabajadores deshonestos y les dan bajas cuando no debieran.

¿Por qué existe esa picaresca en España? ¿Porque somos más tramposos que los daneses? Yo creo que la razón se encuentra en un entorno regulatorio que promueve la picaresca

¿Por qué existe esa picaresca en España? ¿Porque somos más tramposos que los daneses? Yo creo que la razón se encuentra en un entorno regulatorio que promueve la picaresca. Bastaría con dejar de asignar al médico la concesión de bajas laborales. ¿Por qué tiene que decidir un médico si yo me encuentro lo-suficientemente-mal para no ir a trabajar? ¿Por qué no se deja a la libre decisión de los trabajadores ir o no ir a trabajar según se encuentre uno? ¡Ah! El lector pensará inmediatamente que muchos trabajadores estarían malos a diario y que la asistencia al trabajo caería en picado. Y tendrían razón en un país donde el empleador no pueda despedir a un trabajador en cuya honradez haya dejado de confiar (lo digo así para anticiparme al laboralista que reponderá que existen mecanismos legales para despedir a un trabajador que no aparece por el curro). Es la norma que impide al empleador despedir rápida y sencillamente al trabajador la que provoca que los comportamientos deshonestos proliferen. La posibilidad de sanción (social) inmediata y poco costosa de los comportamientos deshonestos reducirá su extensión rápidamente. Claro, en Dinamarca no hay indemnización por despido.

De repente, en España, nadie fingiría una enfermedad. Habríamos dejado de ser pícaros súbitamente. No. Es que, como en la evolución, los pícaros se extinguirán por falta de adaptación al medio.

No hay, pues, pueblos más corruptos y pueblos menos corruptos. Hay constricciones institucionales (privadas y públicas) más o menos severas al comportamiento deshonesto. Y, en el caso de España, mi impresión es que somos una Sociedad en la que se toleran conductas deshonestas en exceso porque sufrimos una regulación que protege a los deshonestos y los pone al abrigo de las sanciones que provocarían su extinción.


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