La tribuna de Jesús Alfaro

Por qué incluso los Médicos Sin Fronteras se terminan contagiando

Gallir ha publicado una entrada en su blog en la que, con esa agresividad tan refrescante y objetiva que le caracteriza, arremete contra un diario digital que publicó la siguiente noticia: “Por qué ningún médico de MSF se ha contagiado en 19 años luchando contra el ébola en África”. La noticia se publicó el 18 de agosto pasado pero devino de actualidad cuando, la semana pasada, se supo del primer contagio de ébola en España.

Ni que decir tiene que estoy de acuerdo con Gallir en la falta de objetividad de este tipo de noticias y en que son dañinas porque transmiten el mensaje de que es posible eliminar – dejar en cero – los riesgos de las actividades humanas.

Desde Calabresi (y Trimarchi), por lo menos, sabemos que no es racional eliminar todos los riesgos. Que el coste de dejar en “cero” el riesgo es tan elevado que nadie incurre en él. Ni siquiera cuando los siniestros tienen forma de vidas humanas. No seamos hipócritas. Sabemos, por ejemplo, que la construcción de un túnel se cobrará la vida de algunos trabajadores. Podemos, incluso, calcular cuántos muertos por kilómetro de túnel se producirán. Y, a sabiendas, construimos el túnel. Porque la única forma completamente segura de evitar que nadie muera es, simplemente, no construir el túnel. Por eso prohibimos algunas actividades. Porque generan riesgos para la Sociedad que no vienen compensados por los beneficios – sociales – de la actividad. Cuando la actividad genera riesgos para el que la realiza pero no para terceros (fumar), no la prohibimos, pero tomamos medidas para evitar que los terceros sufran daños. Cuando los riesgos son económicos, obligamos al que emprende la actividad a ahorrar para el caso de que el siniestro se produzca o a contratar un seguro sobre tales riesgos. Cuando existe el riesgo de que alguien muera y, como el valor de la vida humana ha aumentado muchísimo en los países desarrollados (“La vida no vale nada” desgraciadamente en los países muy pobres) la Sociedad exige que se adopten medidas preventivas muy costosas.

Así pues, lo que hacemos con los riesgos no es eliminarlos, sino gestionarlos, es decir, invertir en medidas que minimicen la probabilidad de la producción de siniestros o que minimicen los costes sociales de éstos o establecemos consecuencias en las normas para inducir a los particulares a adoptar el nivel de diligencia óptimo. Las medidas de prevención de la producción de los siniestros se someten a un cálculo coste-beneficio y se adoptan o no en función del resultado de dicho cálculo.

La única forma de asegurar que no habrá ningún muerto cuando se desarrolla una actividad arriesgada es, simplemente, no desarrollar la actividad peligrosa

Pero, repito, la única forma de asegurar que no habrá ningún muerto cuando se desarrolla una actividad arriesgada (en la que la muerte de alguien no es descartable) es, simplemente, no desarrollar la actividad peligrosa. Los humanos cometemos errores todo el tiempo y las medidas más costosas y completas no pueden impedir que cometamos errores. Sólo pueden reducir la frecuencia y los daños derivados de su comisión.

El artículo del diario digital que comentamos es criticable, no por la falta de veracidad de los datos que aporta. Como discute Gallir, en la fecha de su publicación, MSF no contaba ningún muerto por ébola entre su personal. Pero era inveraz porque ya había habido contagios. Devino completamente inveraz cuando, al explotar la epidemia de ébola, se produjo lo inevitable: MSF empezó a contar sus infectados y sus muertos por decenas. Pero Gallir tiene razón en que la noticia era inveraz desde su publicación, también en otro sentido. Porque, como en el viejo cuento de los billetes de cien dólares en las aceras, que MSF empezara a tener bajas era cuestión de tiempo: ni hay billetes de cien dólares por el suelo, ni hay organizaciones que trabajen en medio de una epidemia cuyos empleados no se contagien en algún momento.

El titular era, pues, engañoso porque transmitía a los lectores la impresión de que los muertos por ébola pueden evitarse con las medidas adecuadas de prevención. Y era tendencioso (o devino tendencioso) porque, por comparación, criticaba a los poderes públicos y a las medidas de prevención puestas en marcha para evitar el contagio cuando se repatrió a los dos cooperantes españoles. “¿Veis? Si se hacen las cosas bien, nadie se contagia” – parecía decir -. 

Lo hubieran dicho bien si, en lugar de contarnos algo que necesariamente dejaría de ser verdad en algún momento, hubieran titulado “Cómo controla MSF los riesgos de contagio de ébola” y hubieran explicado cómo esas medidas eran eficientes ceteris paribus porque reducían en mayor medida los riesgos de contagio que las medidas adoptadas por el Gobierno español o por otras organizaciones humanitarias. A lo mejor, el resultado hubiera sido que MSF controla muy mal el riesgo de contagio. Y que sus cooperantes europeos no se contagian porque, al margen de una mayor preparación técnica, están poco tiempo sobre el terreno, pero sus cooperantes locales se contagian en mayor medida que los cooperantes de otras organizaciones que viven en los lugares peligrosos. Si así fuera, la noticia sería doblemente engañosa. 


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