La tribuna de Jesús Alfaro

¿Hay que desmantelar Amazon o Google?

Amazon o Google se parecen a las Compañías de las Indias Orientales que dominaron el comercio internacional en la época del Mercantilismo en que ambas destinaron el dinero de los inversores a construir una empresa indestructible capaz de hacerse con el monopolio. En el caso de la holandesa, (la VOC), el de las especias y, en el caso de la inglesa (EIC), el algodón y luego, el té. En el caso de Amazon, el de los libros y, en el futuro, de muchos otros productos. En el caso de Google, el de la publicidad en internet a través del mejor buscador imaginable.

Los Estados Generales holandeses se pusieron del lado del consejo de administración e impidieron, no ya el reparto de dividendos sino incluso, que se publicasen las cuentas

La VOC no repartió dividendos a pesar de las furiosas reclamaciones de los accionistas. Los Estados Generales holandeses se pusieron del lado del consejo de administración e impidieron, no ya el reparto de dividendos sino incluso, que se publicasen las cuentas. La VOC, bajo instrucciones políticas, destinó todo el dinero captado entre los ciudadanos holandeses y todos los beneficios obtenidos a enriquecer a sus gestores y directivos y, sobre todo, a luchar contra los portugueses, españoles e ingleses por el control del comercio de especias. Conquistaron las islas Molucas y arrasaron toda la producción que no controlaban. Redujeron a la esclavitud, cuando no la masacraron físicamente, a la población local. Limitaron la producción para mantener alto el precio y controlaron el volumen de pimienta y otras especias que llegaba a Europa. Lograron ser la empresa más grande del mundo durante casi un siglo – el XVII –.

Por desgracia para ellos, el precio de las especias acabó por bajar y, lo que es peor, tener el monopolio de las especias era poca cosa comparada con el monopolio del tejido de algodón o con el té. Los ingleses y su East India Company ocuparon su puesto. Derrotaron al rajá y se quedaron con todo el tesoro bengalí, empezaron a comprar los productos indios con los impuestos que cobraban a los propios indios, los mataron de hambre y esclavizaron por millones, les obligaron a plantar opio con el que drogaron a media China a cambio de su té. Finalmente, la reina de Inglaterra expropió la empresa y se convirtió en Emperatriz de la India.

Más de dos millones de empresas venden sus productos a través de Amazon. No tienen un ejército ni emplean la violencia. Llegan a acuerdos y ofrecen un trato que nadie puede rechazar

Pero Amazon es distinta de esos imperios comerciales de la época del mercantilismo en otro sentido. La VOC y la EIC nunca pensaron en el bienestar de los consumidores. Su objetivo era mantener elevados los precios de los productos asiáticos, como el de cualquier monopolista. Amazon, Google o Walmart, por el contrario, sólo piensan en los consumidores (y en divertirse). Precios bajos y servicio de alta calidad. Amazon no obtiene beneficios que reparta entre sus accionistas. Sus directivos no figuran entre los mejor pagados. Sus empleados tienen condiciones de trabajo más cercanas a las asiáticas que a las centroeuropeas. Uno tras otro, sus proveedores ven reducidos sus márgenes, cuando no son expulsados del mercado o, más frecuentemente, se convierten en empresas dependientes de su mayor o único cliente. Más de dos millones de empresas venden sus productos a través de Amazon. No tienen un ejército ni emplean la violencia. Llegan a acuerdos y ofrecen un trato que nadie puede rechazar.

El “interés social” de Amazon es proporcionar a los consumidores el mayor excedente posible. Amazon es una mutua débil, en el sentido de que todo lo que hace, lo hace en beneficio de los consumidores pero éstos no participan en la toma de decisiones de la empresa ni eligen o destituyen a los gestores. Ser una mutua débil es mejor que ser una mutua fuerte, porque los mutualistas votan con su cartera (disposición a pagar), no con su cabeza y no sufren de los elevados costes de agencia que soportan los mutualistas de una mutua fuerte a los que explotan los gestores de la Mutua.

¿Hay que aplicar a Amazon el mismo Derecho Antitrust que se aplicó en EE.UU. en el siglo XX?

Lo que diferencia el Derecho antimonopolio norteamericano del europeo es que las autoridades de EE.UU siempre han dispuesto de una herramienta de una eficacia brutal: ordenar el desmantelamiento de una empresa que haya alcanzado una posición monopolística. En el siglo XX, se desmanteló Standard Oil y ATT. Se intentó con IBM y con Microsoft. En Europa, dividida en decenas de pequeños Estados esa herramienta era innecesaria e inútil. No había empresas que disfrutaran de un monopolio europeo. Había – muchas – empresas con posiciones de dominio brutales en el territorio de un Estado, pero creación del mercado interior desató la competencia entre los campeones nacionales y resolvió el problema. Las autoridades europeas ganaron en independencia y pudieron velar por el interés de los consumidores europeos frente a los intereses de los políticos nacionales capturados y estrechamente relacionados con los empresarios dominantes en sus territorios.

Una vez que una empresa se vuelve dominante es necesario que aparezca una innovación disruptiva de gran calibre para acabar con esa posición. Y eso lleva tiempo, a veces mucho tiempo

¿Acabará Amazon siendo dañina para los consumidores? En los mercados actuales, la competencia – como la que existía entre los Estados europeos en los siglos del Mercantilismo – lo es por el mercado, no en el mercado. Y, una vez que una empresa se vuelve dominante, aunque sea gracias a su mayor eficiencia, es necesario que aparezca una innovación disruptiva de gran calibre para acabar con esa posición. Y eso lleva tiempo, a veces mucho tiempo, lo que nos vuelve a todos muy impacientes y nos mueve a “hacer algo”. 

Desmantelar la empresa dominante – como hizo América con ATT – es muy peligroso y lo es mucho más en estos tiempos de dominantes “bondadosos” que sólo piensan en el consumidor. Standard Oil y ATT cobraban muy caros sus productos a sus clientes. Deshacer sus monopolios beneficiaba a todo el mundo salvo a los accionistas. Amazon y Google nos regalan cada vez más cosas que nos hacen más felices. Ni siquiera Microsoft era un monopolista bondadoso. Haberla desmantelado era una decisión menos peligrosa para el bienestar de los consumidores que desmantelar Amazon o Google.

El Derecho antitrust del siglo XX no solo controló a los poderosos, también limitó la libertad de los pequeños para hacer lo que les viniera en gana

Lo que hay que hacere es exigir a los dominantes que cumplan con las reglas del juego: que cumplan rigurosamente la legislación laboral, fiscal, antiblanqueo o medioambiental y sancionarlos con multas que los arruinen en caso contrario. Pero, sobre todo, lo prudente es  dejar a los competidores actuales o potenciales de Amazon y Google que hagan lo que quieran. Dejar, por ejemplo, que Fabre, que fabrica productos cosméticos y tiene una pequeña cuota de mercado en Francia o Dornbracht, que fabrica muebles de cocina y baño en Iserlohn (RFA) o Tempur que fabrica los colchones más caros del mercado español y tiene una cuota de mercado pequeña en Europa puedan controlar la distribución de sus productos como tengan por conveniente. Que Fabre, Dornbracht o Tempur puedan imponer precios a sus distribuidores o impedir su reventa en internet. Que puedan impedir a cualquier distribuidor del mundo revender sus productos fuera del territorio asignado. Que puedan llegar a acuerdos con distribuidores que compiten con Amazon para ofrecer productos que no se encuentran en Amazon. Y que no les pongan multas por hacer esas cosas como hacen las autoridades europeas y nacionales de la competencia. Porque el Derecho antitrust del siglo XX no solo controló a los poderosos, también limitó la libertad de los pequeños para hacer lo que les viniera en gana.


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