La tribuna de Jesús Alfaro

Susana Díaz, la asentadora de pescado

“PSOE: Treinta años sirviendo pescado a toda Andalucía”

Una democracia avanzada es incompatible con el reparto clientelar de los servicios y prestaciones públicas. En una democracia avanzada, el Estado es imparcial. Los recursos públicos (un puesto escolar, un puesto de trabajo, una subvención, el disfrute de un polideportivo) se distribuyen de manera objetiva y, en el caso de que sean escasos, de acuerdo con criterios de igualdad, necesidad, mérito y capacidad. Las democracias incipientes, por el contrario, se fundan en relaciones clientelares entre los que controlan el acceso a los recursos públicos y los votantes. Los políticos necesitan los votos – porque la elección de los políticos para los cargos públicos es democrática – y para obtenerlos, distribuyen entre sus votantes esos recursos convirtiendo a esos votantes en sus “clientes”. Los políticos se dirigen a los más pobres porque para éstos, las prebendas tienen más valor relativo y prebendas de valor reducido pueden ser suficientes para inducirles a votar. Todas las democracias incipientes son clientelares si – como dice Fukuyama – la democracia llega antes de que se haya creado una Administración pública imparcial y mínimamente eficiente. Porque las estructuras clientelares son la forma más eficaz de movilizar a los votantes más pobres. En España, el desarrollo de las administraciones autonómicas y el incremento brutal de los recursos públicos en manos de los políticos regionales permitió el desarrollo de estructuras clientelares.

El gobierno andaluz ha repartido miles (si no decenas miles) de millones de euros y centenares de miles de puestos de trabajo entre sus clientes

Tomemos el caso de Andalucía. El gobierno andaluz ha repartido miles (si no decenas miles) de millones de euros y centenares de miles de puestos de trabajo entre sus clientes. Para hacerlo, ha tenido que saltarse la legalidad que, naturalmente, es “anticlientelar”. Se ha saltado la normativa sobre el reparto de subvenciones públicas y se ha saltado la normativa sobre acceso a la función pública. Lo único que se dirime en los procesos actualmente en tramitación es si, al hacerlo, los gobiernos andaluces han infringido, además, el Código Penal. De eso van los EREs, el fraude en los cursos de formación y la creación y ocupación de centenares de empresas públicas que han constituido una Administración paralela donde los principios aplicados han sido los de “¡colócanos, colócanos, ay, por tu madre, colócanos!”.

En las elecciones andaluzas votan efectivamente unos 3 millones y medio de personas. El PSOE tiene su stronghold en Andalucía Occidental. El PSOE sacó, en las últimas elecciones regionales 1 millón y medio de votos – un poco menos que el PP -. Los casi 500.000 votos de IU permitieron al PSOE mantenerse en el poder. Con esas cifras, puede demostrarse que, en realidad, al PSOE le basta con captar, en su estructura clientelar a unas  decenas de miles de personas para asegurarse el poder. ¿Por qué?

En primer lugar, porque las estructuras clientelares no privan al PSOE de los votos altruistas, los de los votantes que no reciben prebenda alguna y que votan por razones ideológicas (el PSOE no es un partido puramente clientelar como lo eran, por ejemplo, los partidos de la Restauración) y en la conciencia de que las prestaciones públicas que reciben las recibirían cualquiera que fuese el partido gobernante (ya no hay partido que amenace a los pensionistas con que si gana el otro perderán su pensión).

En segundo lugar, porque estas decenas de miles de votos son muy importantes por efecto de las normas electorales (circunscripciones electorales provinciales y ley d’Hondt) y porque la victoria del PSOE se convierte en una self fulfilling prophecy. Se trata de un efecto que está viviendo en sus carnes UPyD. Si la gente empieza a convencerse de que Ciudadanos sacará muchos más votos que UPyD – dos partidos que se disputan el mismo espacio electoral -, los votantes especialmente motivados preferirán votar “útil” y se pasarán a Ciudadanos. Votos llaman votos. Si los votantes “altruistas” creen que el PSOE puede ganar, de nuevo, y que, por ejemplo, Izquierda Unida o Podemos no tiene ninguna posibilidad de hacerlo, concentrarán sus votos en el PSOE.

Una distribución adecuada de los favores entre la clientela puede maximizar el número de votos obtenido mucho más allá de los que resultarían del intercambio “un favor, un voto”

En tercer lugar, una distribución adecuada de los favores entre la clientela, puede maximizar el número de votos obtenido mucho más allá de los que resultarían del intercambio “un favor, un voto”. El truco está en aprovechar las ventajas de estructuración jerárquica de las conexiones interpersonales para llevar a grandes grupos a un curso de acción común. Imagínese un gran grupo humano como una red en la que cualquier nodo en particular (una persona) conoce a 10 personas y puede tener con ellas una relación directa y personal, de manera que puede coordinar la actuación de esas 10 personas rápida y eficazmente. A su vez, cada una de esas 10 personas tiene otra conexión semejante con otras 10 y así sucesivamente. Sólo se necesitan seis niveles semejantes para coordinar a un millón de personas. Y diez para coordinar a toda la población mundial. El PSOE ha montado una red semejante. Los distintos niveles de la red comienzan en el Gobierno y se extienden a través de los cargos públicos que distribuyen el presupuesto público y que son libremente designados por el Gobierno regional o por el partido. Empezando por los altos cargos de la Junta y acabando en todos los puestos de libre designación, desde el presidente de una autoridad portuaria hasta el director de un hospital pasando por las confederaciones hidrográficas o la televisión pública, las diputaciones, los museos o parques naturales etc. Tanto esos  como los beneficiarios últimos del reparto clientelar tienen enormes incentivos para votar al PSOE y para hacer que los conectados con él, lo hagan también, de manera que distribuirá “eficientemente” lo recibido por él entre su grupo (piénsese en un empresario que depende de la Junta o del Ayuntamiento y sus empleados o en el marido y los hijos de aquel cuyo sueldo depende de la relación clientelar). Porque si el PSOE no gobierna, dejarán de acceder a esos recursos públicos. Como los votos valen igual, el PSOE maximizará el número de beneficiarios de las prebendas dirigiéndose a los más pobres que son aquellos para los que la prebenda tiene un mayor valor relativo y acabará, como los griegos, con cuatrocientos jardineros para dos árboles o con grupos de malagueños limpiando de piedras la playa.

Además, el efecto clientelar no se limita a los que ya reciben los beneficios clientelares: todos los que crean que tienen más posibilidades de recibirlos si el PSOE gobierna, votarán al PSOE y el PSOE es mucho más creíble como patrón clientelar porque tiene una “reputación” – de la que carece Podemos – ganada en treinta años de gobierno.

Lo peor es que esos votos “comprados” mediante estructuras clientelares son insensibles a la performance del gobierno del PSOE porque esos votantes no son altruistas. Votan al PSOE en cumplimiento del contrato implícito en que consiste la relación clientelar. Aunque Andalucía sea la región más atrasada, con más paro, con peores servicios públicos, con mayor nivel de fracaso escolar etc, el PSOE seguirá conservando en Andalucía Occidental un caladero de votos realmente notable.

Se explica así que Susana Díaz no hable más que de lo que va a hacer y nunca de lo que ha hecho. Se dirige a sus clientes para tranquilizarlos

Se explica así que Susana Díaz no hable más que de lo que va a hacer y nunca de lo que ha hecho. Se dirige a sus clientes para tranquilizarlos: “Mantendremos las prebendas y no aplicaremos la legislación anticlientelar”. También se explica por qué es un bien absoluto que ningún partido permanezca más de dos legislaturas seguidas en el poder. Hay que impedir que consoliden estructuras clientelares. Por lo menos, en tanto se puedan desviar impunemente miles de millones de euros y crear ilegalmente decenas de miles de puestos en la Administración pública. De los terribles daños que las estructuras clientelares tienen para el bienestar social (porque inducen a que el PP haga lo mismo); para los pobres (porque los más pobres no están “conectados” y se llevan solo una pequeña parte de lo distribuido clientelarmente como demuestran los casos citados) y para la calidad de la democracia (porque generan triunfadores indeseables en la lucha política), hablaremos en otra ocasión. 


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