La tribuna de Jesús Alfaro

Goirigolzarri, el patriota

No conozco a Goirigolzarri y no tengo relación alguna con Bankia y no he comprado ni acciones ni preferentes de ninguna Caja. Tengo una cláusula-suelo que los de una caja me metieron de rondón (¡a mí!) y he pagado la mitad de mis ingresos en impuestos desde hace bastantes años. Con el dinero de mis impuestos se le ha devuelto el suyo a todos los que prestaron dinero a las cajas de ahorro, a todos sus depositantes y, últimamente, a todos los que compraron las participaciones preferentes.

Los impuestos dedicados a eso no se han dedicado a atender a los más pobres de mis compatriotas. Ahora se trata de que también recuperen su inversión los que invirtieron en la OPV de Bankia ya que hay indicios de que, como los preferentistas, fueron engañados en alguna medida sobre la solvencia de la compañía en que estaban invirtiendo. Así lo sostiene Fernando Zunzunegui en una columna en El Confidencial. Para llegar a esa conclusión, sólo tiene que apoyarse en los ya miles de laudos y sentencias que han dado la razón a los preferentistas y les han permitido recuperar su inversión y en la instrucción del caso Bankia en la Audiencia Nacional a la que Zunzunegui añade la vía civil basada en la responsabilidad por folleto de emisión.

Goirigolzarri ha optado por defender que la salida a bolsa de Bankia no fue una estafa y nos ha recordado que indemnizar a todos los que compraron acciones de Bankia no es una comida gratis, sino que se hace a costa del contribuyente que ha puesto más de 20.000 millones de euros para sanear la antigua Caja como ha puesto otras decenas de miles de millones para que los que compraron preferentes de las cajas gallegas, catalanas, valencianas, castellanas, asturianas, murcianas, navarras y andaluzas sean indemnizados.

Zunzunegui reprocha a Goirigozarri que haya dicho que va a defender a accionistas y contribuyentes “como si los accionistas que adquirieron las acciones en la salida a bolsa no lo fueran. Confunde su posición personal con la de los contribuyentes. Lo que quieren estos es que Bankia devuelva las ayudas públicas, lo cual podría obtenerse de la subasta pública de Bankia para devolverla al mercado, aunque Goirigolzarri perdiera su cargo con el cambio de control. Lo que quieren los contribuyentes es un mercado financiero que funcione y eso solo puede conseguirse con la confianza de los inversores… una confianza que sólo se recuperará reparando a los perjudicados y condenando a los responsables”.

Goirigolzarri hace bien en defenderse de la obligación de indemnizar a preferentistas y accionistas. Porque todo, absolutamente todo lo que se devuelva a éstos va a salir de nuestros impuestos, de los impuestos de todos los españoles

Me parece que Zunzunegui no tiene razón. Goirigolzarri hace bien en defenderse de la obligación de indemnizar a preferentistas y accionistas. Porque todo,absolutamente todo lo que se devuelva a éstos va a salir de nuestros impuestos, de los impuestos de todos los españoles. Es ingenuo pensar que el valor en subasta pública de la participación del Estado en Bankia es independiente de las obligaciones que tenga que asumir Bankia frente a los suscriptores de sus acciones y los que le prestaron dinero en forma de participaciones preferentes. Aunque Goirigolzarri es optimista, falta mucho tiempo para que el 65 % de Bankia valga 25.000 millones de euros. Es más, deberíamos recuperar, mediante esa venta, no los 25.000, sino los 60.000 millones que hemos perdido –los españoles– en el saneamiento de las Cajas. Aún más, deberían dedicarse los beneficios de todas las cajas (de las acciones bancarias en manos de las fundaciones en que se han convertido las cajas) a devolver el préstamo que nos han dado los europeos para sanear el sistema bancario.

Y dudamos mucho de que, incluso aunque alguien hiciera una OPA sobre Bankia, quisiera quitar del cargo de presidente a Goirigolzarri. Es más, Goirigolzarri ha demostrado que no aceptó el cargo por dinero. Se lo ofrecieron cuando iba acompañado de un salario monumental y lo rechazó. Y lo aceptó cuando consideró que “se lo debía” a su país y ha dedicado el salario que percibe – relativamente bajo para el CEO de un banco –a comprar acciones de Bankia. Es verdad que podía permitírselo gracias a una indemnización multimillonaria que recibió cuando abandonó el BBVA (uno de los episodios que habrá que contar algún día cuando alguien como John Müller escriba la historia del gobierno corporativo de nuestras grandes sociedades cotizadas). Pero nadie que no sea un miserable puede acusar a Goirigolzarri de no haberse comportado como un patriota al aceptar dirigir Bankia.

Zunzunegui tampoco tiene razón al suponer que, con lo que se ha avanzado en la instrucción, puede concluirse que la salida a bolsa de Bankia fue una estafa. No tenemos dudas de que, como inversión, era arriesgada, sobre todo, por las incertidumbres que pesaban sobre el valor de sus activos y el nivel de morosidad y, tal vez, no debió ofrecerse la suscripción de las acciones a los particulares. También puede admitirse que el tramo institucional fue una pantomima ya que los que compraron las acciones de Bankia no eran inversores institucionales sino empresas españolas presionadas por el Gobierno para salvar la salida a bolsa. Pero no fue una estafa. Los que la pergeñaron y la llevaron a la práctica no pretendían apropiarse de los fondos de los suscriptores de las acciones. Confiaban en que lo peor de la crisis había pasado y que la situación de la caja no empeoraría, especialmente, que no se depreciaría el valor de su cartera de crédito. Este gráfico es significativo:

La coincidencia de la salida a bolsa de Bankia – junio de 2011 – con la entrada en recesión de la economía española (“double dip”) es casi exacta. Si no hubiéramos entrado, de nuevo, en recesión, tal vez Bankia no hubiera necesitado ser rescatada. El rescate se inició en mayo de 2012, con la Economía española en lo peor de la segunda recesión. Si Bankia hubiera dispuesto de dos o tres años para reforzar su capital en un entorno económico más favorable, a lo mejor, habría bastado una ayuda pública limitada para salvarla.

Este ejercicio de escenarios potenciales es inútil salvo para evaluar si los directivos de Bankia cometieron un delito de estafa cuando sacaron a bolsa a la entidad. Nos obliga a examinar en detalle la información que acompañó a dicha salida a Bolsa y a comprobar si, sin incurrir en un sesgo retrospectivo, puede afirmarse que se produjo una maniobra de ocultación por parte del emisor respecto de su verdadera situación financiera. En este sentido es sospechoso que el Banco de España no impidiera la operación. O no tenía la información o la que tenía le hacía prever –optimista– que con los fondos allegados en la salida a Bolsa, Bankia sería sostenible. Y Goirigolzarri hace bien en proteger el dinero de nuestros impuestos de su reparto entre los acreedores y accionistas de Bankia. Si ellos no tuvieron culpa por comprar las preferentes o las acciones de Bankia, mucho menos tenemos la culpa los contribuyentes que preferimos que el dinero de nuestros impuestos se reparta entre nuestros compatriotas más pobres.


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