La tribuna de Jesús Alfaro

Camino de Dinamarca

Ignacio Jurado ha publicado una interesante columna en El Diario en la que analiza críticamente el programa de Ciudadanos. Admite que es útil y sensato señalar modelos cuando un partido político expone qué reformas desea ver implantadas en España pero reprocha al nuevo partido aplicar selectivamente el modelo danés. Es verdad que Garicano ha utilizado a Dinamarca como modelo en su libro “El Dilema de España” pero ni ha sido el primero ni el más destacado autor que lo ha hecho. Fukuyama también se ha servido del “camino hacia Dinamarca” para explicar en términos simples los elementos que configuran el éxito de las sociedades: Estado de Derecho, Administración imparcial y eficaz y Democracia.

Los modelos –versiones simplificadas de la realidad– son utilísimos para el análisis de los problemas sociales siempre que aceptemos que los usamos porque no tenemos una herramienta mejor

Como los economistas no se cansan de repetirnos, los modelos – versiones simplificadas de la realidad – son utilísimos para el análisis de los problemas sociales siempre que aceptemos que los usamos porque no tenemos una herramienta mejor. Las Ciencias no utilizan modelos, describen la realidad tal cual es y descartan las explicaciones cuando los datos empíricos las refutan. La realidad social no permite a los científicos sociales refutar los modelos con la misma eficacia, simplemente porque la realidad social es demasiado compleja como para que podamos reproducirla científicamente. Es la “envidia de la Física” que asola a los economistas.

Jurado acusa a Ciudadanos de incongruencia: “No se puede querer ser Dinamarca para algunas cosas sin estar dispuesto a hacer todo lo que hace Dinamarca para ser lo que es”.

Las incongruencias se refieren, en primer lugar, al mercado de trabajo. Dinamarca tiene un mercado laboral muy flexible, – el despido es prácticamente gratuito y los particulares pueden pactar lo que quieran al respecto – pero las prestaciones por desempleo son muy generosas. Por tanto, si queremos ir al modelo danés, habría que hacer mucho más generosas las prestaciones por desempleo.

No tan deprisa. El modelo español es, efectivamente, el de un despido muy costoso; burocratizado (más de 118.000 demandas por despido en 2014 significa que, prácticamente, todos los contratos de trabajo de duración indefinida acaban en un pleito cuando el empleador lo termina,  lo que eleva los costes del despido en términos de abogados y jueces) y, sobre todo, desincentivador de la movilidad laboral. Pero, además, es un modelo con  prestaciones por desempleo muy generosas para los trabajadores más protegidos por las normas sobre despido.

Los trabajadores con un contrato temporal no tienen ni lo uno, ni - prácticamente - lo otro. Y la cuantía conjunta de lo que recibe un trabajador con contrato fijo y cierta antigüedad que es despedido puede ser enorme si el despido es colectivo. Piénsese en lo que recibieron los trabajadores de la Caja de Ahorros del Mediterráneo en el ERE de 2010: unos 300.000 euros de media más dos años de prestaciones por desempleo. Es un caso extremo y corrupto pero si se tiene en cuenta que, hasta la reforma, se incluían los salarios de tramitación en las indemnizaciones por despido y que los trabajadores de salario más bajo (los que trabajan en pequeñas empresas) cotizan, a menudo, a la Seguridad Social por una cantidad inferior al salario realmente percibido (reciben en “negro” parte de su remuneración en el comercio o la hostelería) los efectos redistributivos (hacia los que están mejor) del modelo español resultan sangrantes y generadores de desigualdad en un país que dedica muy poco dinero a atender a los más pobres.

Copiar el modelo danés tiene que hacerse eliminando las indemnizaciones por despido e igualando las prestaciones por desempleo

Si hay que cambiar el modelo, ¿deberíamos copiar el modelo danés? Sin duda. Para empezar, el modelo danés de prestaciones por desempleo no es tan generoso. Hay un límite de unos 25.000 euros al año a las prestaciones, límite que es muy semejante al de España para un trabajador que estuviera cotizando por la base máxima de la Seguridad Social. Las prestaciones por desempleo duran igual que en España - 2 años como máximo – pero, sobre todo, se financian con las aportaciones de los trabajadores, mientras que en España el grueso de la financiación está a cargo del presupuesto público y, en la financiación privada, son los empleadores los que aportan el 80 % de los fondos. De manera que el modelo danés no sólo no es mucho más generoso sino que redistribuye mejor: es solidaridad entre trabajadores empleados y trabajadores en paro y la solidaridad hacia los más ricos alcanza un límite bajo y rápidamente. En España los contribuyentes protegemos a los que están mejor cuando tienen la desgracia de perder su empleo. Añadamos que el salario medio danés es el doble del español (con lo que el límite a la prestación por desempleo se alcanza rápidamente) y que el nivel de paro es muchísimo más bajo y nos daremos cuenta que copiar el modelo danés tiene que hacerse eliminando las indemnizaciones por despido e igualando las prestaciones por desempleo.

La segunda objeción de Jurado se refiere a si la inversión en formación y educación es incompatible con el reparto de subsidios directos, esto es, entregas de dinero (o, como hacen en Alemania, pago por el Estado del alquiler y la calefacción) a los más pobres. Aquí, la crítica de Jurado no es clara. Las diferencias en gasto social en términos de PIB entre Dinamarca y España no son tan grandes y Jurado no tiene en cuenta la diferencia de riqueza (el PIB per capita de Dinamarca es prácticamente el doble que el español). Nadie dice nunca que Dinamarca gasta tres veces más per capita en defensa que España y nadie dice nunca que Dinamarca, tiene una deuda pública que es la mitad de la española en términos de PIB. El Estado pagó, en 2014, más de 36.000 millones de euros en intereses. ¿Vamos a preocuparnos por diferencias en subsidios cuando dedicamos casi el 10 % de los ingresos del Estado a pagar intereses de la deuda? Los intereses de la deuda redistribuyen a favor de los que tienen capital, o sea, de nuevo, claramente no hacia los más pobres. Naturalmente, eso no es una apología del impago, es un mandato al Estado para que no incurra en déficit.

Pero además, la idea del complemento a los salarios bajos es una medida “universalista” y no un subsidio a los excluidos del sistema. Al ligar la percepción del complemento al trabajo, se mejoran los incentivos para trabajar especialmente para aquellos – los que esperan un salario más bajo – que los tienen peores y no se estigmatiza a nadie como lo hace ahora la percepción de las prestaciones por desempleo no contributivas, por no hablar de la asistencia social propiamente dicha. Los escandinavos no necesitan combatir la pobreza. España, sí.  No podemos, pues, copiar su sistema de asistencia social.

Prácticamente, en lo que al impuesto sobre la renta se refiere, los españoles –especialmente los catalanes– pagan lo mismo que los daneses

En fin, en materia de impuestos, los escandinavos no pueden tomarse como ejemplo para nadie que no sea escandinavo. Las sociedades escandinavas son sociedades pequeñas muy homogéneas y en las que la confianza social es muy elevada. Pero es que, sobre todo, los datos que utiliza Jurado no son los últimos y son erróneos. Prácticamente, en lo que al impuesto sobre la renta se refiere, los españoles – especialmente los catalanes – pagan lo mismo que los daneses. El tipo máximo danés en el IRPF es del 55 %; se aplica marginalmente a partir de ingresos parecidos y hay más deducciones. El resultado es que los que ganan más de 60.000 euros al año en Dinamarca no pagan sustancialmente más que en España.

Dinamarca no es un modelo general para España. En muchos aspectos, España está muy próxima a Dinamarca (seguridad física) y, en algunos, la supera (longevidad). Nos gustaría ser Dinamarca en dos aspectos: su bajo nivel de corrupción y su sabia combinación de respeto a la libertad individual en las relaciones económicas y sociales (trabajo y empresa) con elevada protección social. En esa sabia combinación reside su éxito. Y, puesto que pagamos impuestos como los daneses, nos merecemos niveles de libertad en nuestra vida privada y limpieza en la vida pública, semejantes. 


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