La tribuna de Jesús Alfaro

Ahora viene lo difícil

Sr. Presidente,

Quiero empezar mi intervención felicitándole y felicitándonos por la mejor situación del país. No hay duda de que estamos recuperándonos de la crisis y, en bastante medida, se debe a su labor y a la de su gobierno. No porque nos salvara del rescate. Nadie sabe si el rescate habría sido mejor para los españoles que el no-rescate. Le quiero felicitar porque, por primera vez desde el advenimiento de la democracia, se aprobó una reforma laboral que ha flexibilizado el mercado de trabajo. Insuficientemente, pero en la buena dirección. Porque ha culminado con éxito y con la impagable ayuda de nuestros socios europeos el saneamiento de la banca pública española que ustedes y nosotros habíamos llevado a la quiebra. Por el saneamiento, parcial, de las cuentas públicas de las Comunidades Autónomas y de los Ayuntamientos. Y porque, esas tres cosas y el empuje de nuestros empresarios, nos ha permitido aumentar nuestra productividad y nuestras exportaciones hasta lograr, por primera vez – casi – en nuestra Historia vender más de lo que compramos a otros países. Y porque lo ha hecho sin destrozar nuestro sistema sanitario ni nuestro sistema educativo. Sin tocar las pensiones ni reducir drásticamente la función pública.

Lamento tener que terminar ahí las felicitaciones. Porque lo urgente le ha llevado a usted a aplazar lo importante. Y, lo que es peor, ha hecho usted lo fácil, ha recogido la fruta madura, ha logrado los objetivos que teníamos al alcance de la mano y ha alejado la consecución de los objetivos más difíciles pero más importantes para el bienestar de la sociedad española en el largo plazo.

Ha vestido el BOE con centenares de leyes que le han permitido contarnos que tiene los deberes hechos, pero todo ha sido windows dressing porque ha puesto Vd el BOE al servicio de los grupos de interesados más próximos a su partido

Porque no se ha limitado usted a no emprender las reformas institucionales que necesita una democracia consolidada, sino que las ha hecho más difíciles de lograr. Ha vestido el BOE con centenares de leyes (de Decretos-Ley) que le permitieron, le han permitido hoy, contarnos que tiene los deberes hechos, pero todo ha sido windows dressing cuando no algo peor porque ha puesto Vd el BOE al servicio de los grupos de interesados más próximos a su partido. Nos propone una ley de segunda oportunidad para las familias como si se les acabara de ocurrir. Ya han mandado al BOE al menos tres leyes que trataban de atajar el problema del sobreendeudamiento de los particulares. Y sólo cuando otros han presentado un proyecto acabado y Europa nos ha avergonzado en forma de sentencias del Tribunal de Justicia, y el FMI les ha repetido que no se puede ser tan cruel con el que fracasa, han modificado el suyo que abarcaba, en principio, sólo a los empresarios y no a los particulares. Pero ya tenemos ley de segunda oportunidad. Han dictado una Ley de Unidad de Mercado cuyos efectos prácticos – sospechamos – han sido nulos. Pero ya tenemos Ley de Unidad de Mercado. Una Ley de Transparencia entre las más cicateras del mundo. Pero ya tenemos Ley de Transparencia. Una autoridad fiscal independiente que ni es autoridad ni es independiente. Una ley de fomento de la empresarialidad que sólo pone trabas al libre ejercicio de la libertad económica. Una ley para fomentar la contratación indefinida basada en dar subvenciones. Y siguen sin comprobar si las leyes que han aprobado funcionan o no funcionan. El objetivo de su promulgación es sólo poder decir que ya la han aprobado. Y, cuando haga falta, aprobarán una más.  Lo propio con las medidas anticorrupción.

No es probable que los más competentes se encuentren entre sus vasallos y compadres, de manera que el ridículo asoma una y otra vez a las “obras” de esas instituciones

Al mismo tiempo han reforzado el clientelismo y la dependencia política de todas las instituciones que han “reformado”. Desde la televisión pública hasta el Tribunal Constitucional pasando por el Consejo General del Poder Judicial, la Comisión Nacional del Mercado de Valores y la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia. Han colocado a sus vasallos y compadres en todos los puestos. Y, claro, no es probable que los más competentes se encuentren entre sus vasallos y compadres, de manera que el ridículo asoma una y otra vez a las “obras” de esas instituciones.

Lo difícil, lo que queda por hacer, es mejorar la calidad de todo nuestro sistema de producción de bienes públicos y su gobierno ha contribuido a hacerlo más difícil. Desde la educación a la administración de justicia pasando por el fomento de la investigación o el diseño y aplicación de políticas públicas o la lucha contra la pobreza. Aunque alcancemos la renta per capita de nuestros socios del norte de Europa, no alcanzaremos sus niveles de bienestar si no mejoramos en esos ámbitos. Y la corrupción que ha asolado a su partido, el afán de no perder un ápice de poder, el sectarismo y la falta de generosidad con el que piensa distinto pero piensa bien le han llevado a que esas reformas se retrasen hasta la próxima crisis que espero sea dentro de muchos años. ¡Qué pena Sr. Presidente que haya desperdiciado Vd la crisis de tan mala manera! 


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