La tribuna de Gabriela Bustelo

La política de autor

En esta España nuestra que ha pasado directamente de rascar cebollas (Chirbes dixit) al glamour, sin solución de continuidad, lo que se lleva ahora en todos los ámbitos es el sello de autor. Hoteles de autor, restaurantes de autor, cócteles de autor, viajes de autor, diseño de autor, ropa de autor. Curiosamente, los políticos no parecen haberse dado cuenta de que esta tendencia también afecta a lo suyo, ya que el público les ha madrugado de nuevo y ahora busca al líder capaz de hacer “política de autor”. Del mismo modo que personajes coherentes y valientes como el Papa Francisco o el expresidente uruguayo Pepe Mujica tienen admiradores de todas las tendencias políticas y confesiones religiosas (incluido un buen número de ateos en el caso del pontífice), en Occidente el electorado tiende cada vez más a votar a personas que resulten creíbles, sin más, independientemente de la etiqueta bajo la que se presenten. En las democracias veteranas como la estadounidense, esta es la máxima prueba de confianza en el sistema político, cuya solidez centenaria permite al votante cambiar radicalmente de opción sin que peligren el Estado de derecho ni la garantía de libertades

Cuando reaparece una acelerada Esperanza Aguirre vendiéndonos su derecha sin aditivos, lo que está haciendo es la política del elefante en el salón

Los elefantes de Esperanza Aguirre

Con la intuición política que sin duda tiene, Esperanza Aguirre ha dado un golpe de mano en el Partido Popular, confiando en el potente historial de mayorías absolutas que la avala. Sería una obviedad ahondar en el cariño que Madrid le tiene. Pero su enérgica reaparición parece ajena a un hecho muy simple: el paso del tiempo. El hartazgo político ha activado en España un resorte hasta ahora intacto: el del ciudadano consciente de sus derechos. Por eso cuando reaparece una acelerada Esperanza Aguirre vendiéndonos su derecha sin aditivos, lo que está haciendo es la política del elefante en el salón, que consiste en fingir no ver todo lo molesto, aunque sea tan descomunal como un mastodonte. ¿Y cuántos paquidermos tiene Esperanza Aguirre delante? Muchos. El mastodonte del PP con su corrupción no asumida, el de Francisco Granados como segundo de a bordo durante años, el del presidente Rajoy con quien prácticamente no se habla y el del arriolismo del PP, que es el partido por el que se presenta a las elecciones.

El mastodonte de Cibeles

Pero la joya de su colección la acaba de sumar Aguirre hace unos días. El último elefante de Aguirre es el Palacio de Cibeles, que entra en la categoría de elefante blanco, porque tiene una superficie de 60.000 metros cuadrados, una plantilla de 2.000 personas y unos gastos de mantenimiento que superan los seis millones de euros anuales. Es decir, que Aguirre casi tiene más fácil fingir no ver Rajoy que fingir no ver el Palacio de Cibeles. No pisarlo no implica que vaya a desaparecer del mapa municipal y teniendo en cuenta que es el gran símbolo de Madrid, protagonista de las postales que envían los turistas desde la capital, venderlo no solo sería una operación complicada, sino que generaría una animadversión considerable en el público madrileño.

Si es tan virtuosa como asegura, ¿qué hace en el PP? Si no está de acuerdo con Rajoy, ¿por qué no lo ha dicho hasta ahora? Si se lleva tan mal con la cúpula directiva de su partido, ¿cómo conseguirá hacer lo que se propone?

¿Una candidata creíble?

Por tanto, Aguirre se está acercando intuitivamente a esa política de autor (o de autora) que pide el votante occidental hoy día, pero su honestidad ‒esa coherencia personal que requiere el votante‒ queda en entredicho por los cuatro costados. Si es tan virtuosa como asegura, ¿qué hace en el PP? Si no está de acuerdo con Rajoy, ¿por qué no lo ha dicho hasta ahora? Si se lleva tan mal con la cúpula directiva de su partido, ¿cómo conseguirá hacer lo que se propone? Pero hay una pregunta que planea sobre todas las demás. Si Esperanza Aguirre no albergó jamás la menor sospecha de tener bajo sus órdenes a un sinvergüenza de la talla de Francisco Granados, ¿está capacitada para ejercer la política? Cuando la escuchamos decir que va a bajar todos los impuestos, nos preguntamos de dónde va a salir el dinero para mantener el ayuntamiento más endeudado de Europa. Pese a que Ana Botella ha logrado reducir la deuda un 10%, el consistorio de la capital debe la monumental cifra de 7.000 millones de euros.

Aguirre y los madrileños

No es Aguirre la primera en despedirse con lágrimas de la política ‒como hizo en septiembre de 2012‒ para volver radiante unos años después. Ella asegura ser la de siempre. Pero, ¡ay!, nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.


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