La tribuna de Gabriela Bustelo

El penúltimo MacGuffin de Felipe González

Quienes hicimos las Américas para afrontar los peores momentos de la crisis nos hemos topado en alguna capital latam con Felipe González, que ha pasado estos últimos años de turné internacional, al estilo de Bill Clinton, Nicolás Sarkozy o Yorgos Papandréu. Desprovisto de la estresante presencia de la prensa española, González se viene arriba durante estas conferencias internacionales. En su versión ultramarina, esponjado y jovial, el expresidente socialista hace gala de todo el charm verborreico de los viejos tiempos, cuando era el triunfal líder socialista que encadenaba mayorías absolutas.

Cada vez que el expresidente usa El País como megáfono, la concurrencia se estruja el tiesto intentando leer entre las líneas de las entrelíneas

Hiperactividad primaveral

Pero esta primavera, pocos días después de haber cumplido 73 años, González está de vuelta en España, con su hipnótica actitud de chamán de la tribu y desplegando una hiperactividad pública ciertamente llamativa, por no decir sospechosa. Cada vez que el expresidente usa El País como megáfono, la concurrencia se estruja el tiesto intentando leer entre las líneas de las entrelíneas, porque González, como todo español criado en el franquismo, es incapaz de expresar claramente sus intenciones.  El fin de esa entrevista del 15 de marzo —¿pactada con sus alteregos bipartidistas?— era defender que en las listas políticas pudieran aparecer políticos imputados, oponiéndose con ello frontalmente a Albert Rivera, que alardea de no tener candidatos imputados y de no estar dispuesto a pactar con los partidos que los tengan.

Recomendaciones a Podemos

Dado que faltaba una semana para las elecciones andaluzas, amén de defender a Chaves como una persona absolutamente íntegra, Felipe González nos explicó también los devenires psicofísicos de Susana Díaz y aconsejó a los chicos de Podemos no renegar de “sus amigos, sus orígenes ni sus inspiradores”. Teniendo en cuenta que esas tiernas amistades podemitas son —como Pablo Iglesias y sus secuaces se encargan de recordarnos— los chavistas venezolanos de Nicolás Maduro, cuál no sería nuestra sorpresa cuando este lunes Felipe González anunciaba que iba a hacerse cargo de la defensa de los opositores Leopoldo López y Antonio Ledezma, ambos encarcelados por supuestas actividades subversivas contra el Madurato, como lo llaman en Venezuela y aledaños.

Tras anunciar que iba a crear un frente internacional para impulsar la liberación de los presos políticos venezolanos Felipe González concedió una extensa entrevista, donde dijo preferir “los votos que las botas”

Frente Internacional contra el Madurato

Tras anunciar que iba a crear un frente internacional para impulsar la liberación de los presos políticos venezolanos, para el que habría contactado con los expresidentes Julio María Sanguinetti (Uruguay), Ricardo Lagos (Chile) y Fernando Henrique Cardoso (Brasil), Felipe González concedió anoche una extensa entrevista al canal CNN Español, donde dijo preferir “los votos que las botas”, entre otras ocurrentes frases. A las pocas horas se producía la previsible reacción del gobierno de Nicolás Maduro, cuya Ministra de Asuntos Exteriores daba una rueda de prensa para recordar a propios y extraños que Felipe González no puede ejercer la abogacía en Venezuela, recomendándole que se “rebusque la vida de otra forma”.

El penúltimo MacGuffin de Felipe González

¿Era necesaria, por tanto, esta fulgurante campaña de imagen que ha durado de lunes a viernes y que nacía ya condenada a ser un chisporroteo en la tiniebla bolivariana? La respuesta es sí, porque el proyecto de Gónzalez —impecable, huelga decirlo— no es sino un MacGuffin, una trama falsa, cuyo verdadero fin era desmarcarse de ese Podemos recién incorporado a la política pública con sus 15 escaños andaluces. Como explicaba el Hitchcock con su humor habitual, el MacGuffin es una trama lateral que mantiene interesado al espectador sin tener ninguna relación real con el argumento principal. El meollo verdadero es el desmarque de la ultraizquierda podemita, cada vez más desarbolada por la corrupción y la ideología antisistema.

Cuando la ministra venezolana le pide a González que se "rebusque" la vida de otra forma, puede que no le falte razón. En España hay mucho, pero mucho que hacer

El problema de España con la verdad

Esta conducta del circunloquio la comparten los españoles —socialistas y peperos por igual— criados durante la dictadura franquista. En el caso de los políticos veteranos, es dramática. Los problemas de comunicación de Rajoy forman parte de esta patología nacional y Felipe González décadas instalado en el circunloquio. En vez de irse a solucionar la vida a los venezolanos, podría participar en la regeneración nacional iniciada por los políticos jóvenes. Porque el primer presidente socialista aprovechó su mayoría absoluta para crear unas leyes orgánicas que son la base del desastre actual. La LOPJ (Poder Judicial) politizó la Justicia española, la LOLS (Libertad Sindical) convirtió a los sindicatos en parásitos subvencionados y la LORCA (Regulación de Cajas de Ahorro) contaminó las cajas de ahorros. En cuanto a la tristemente célebre LOGSE, transformó las universidades en guetos de la mediocridad enchufista y los colegios en hervideros del aislacionismo más cateto. Por tanto, cuando la ministra venezolana le pide a González que se "rebusque" la vida de otra forma, puede que no le falte razón. En España hay mucho, pero mucho que hacer.


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