La tribuna de Gabriela Bustelo

La irresistible decadencia de los Euroidiotas

Cuenta Paul Johnson en su libro sobre Sócrates que los griegos del Siglo de Pericles aborrecían salir de Atenas, porque todos ellos compartían un patriotismo natural, genético, que los ligaba a los acontecimientos diarios de la polis. Pero si Tucídides aceptó el exilio para blindarse de la contaminación política, Aristófanes se quedó en la city, desmenuzando la sociedad ateniense con una ironía casi abusiva, mientras Aspasia debatía de igual a igual sobre filosofía y arte con el mismísimo Sócrates. Todos ellos eran conscientes del momento extraordinario que vivían, del estado de gracia en que se hallaba ese dorado rincón bañado por las aguas mediterráneas que se dio en llamar la cuna de la civilización.

La línea temporal trazada por los grandes líderes de la historia europea nos recuerda la tortuosa senda recorrida por la democracia desde Pericles

La tortuosa senda de la democracia

La línea temporal trazada por los grandes líderes de la historia europea ‒Julio César, Constantino, Carlomagno, Guillermo el Conquistador, los Reyes Católicos‒ nos recuerda la tortuosa senda recorrida por la democracia desde Pericles, pese a los designios democráticos del cristianismo, hasta llegar a la Revolución Industrial y la Revolución Francesa. Probablemente fue Churchill quien recuperó la democracia como una cultura por la que merecía la pena luchar y morir, es decir, tal como la entendían los griegos. Pero si los litros de sangre vertidos en el Viejo Continente por las malas formas de gobierno se volcaran en el Mediterráneo, lo  teñirían de un rojo tan macabro como vergonzante. El conflicto de Ucrania es la prueba de que Europa sigue siendo un hervidero de problemas. “En la sombría oscuridad se oye a los perros de Europa ladrar y las naciones se agitan inquietas, secuestradas por su propio rencor.” Inquietantes palabras escritas no hoy, sino hace 75 años por Auden en vísperas de una Segunda Guerra Mundial que ‒no lo olvidemos‒ inició Europa y solucionó Estados Unidos.

Todo se discute, nada se resuelve

La Europa de Miguel Ángel, Gutenberg, Galileo, Shakespeare, Cervantes, Newton, Beethoven, Darwin, Einstein, Freud y Picasso es experta en crear conflictos de los que no sabe salir. La pasión por el debate ‒heredada con la democracia griega‒ nos ha llevado a un estancamiento decadente donde todo se discute, pero poco o nada se resuelve. Europa es la encarnación colectiva de la dialéctica socrática, basada en la premisa de que la vida sin análisis, diálogo o discusión no merece la pena.

Yanis Varoufakis personifica como nadie la convicción socrática de que lo importante es la polémica, no el resultado

La dialéctica de Varoufakis

Nacido como Sócrates a pocos kilómetros al sur de Atenas, el ministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis personifica como nadie la convicción socrática de que lo importante es la polémica, no el resultado. Sócrates quiso desmarcarse de los denostados sofistas, pero compartía con ellos el método dialéctico, cuya finalidad no era alcanzar ningún tipo de conclusión útil, sino aprovechar los fallos en la argumentación del adversario. Los sofistas ‒que cobraban por actuar en público‒ no pretendían resultar creíbles, pues en cuanto lograban convencer a la concurrencia, se lanzaban a demostrar el argumento contrario.

¡Maldita Unión Europea!

Protágoras y compañía se habrían sentido orgullosos, sin duda, al escuchar a Varoufakis exclamar ‒tras haber pagado su deuda de 750 millones de euros al FMI con el fondo de emergencia que cada país tiene depositado en el propio FMI‒: “¡Ojalá nunca hubiéramos entrado en esta unión monetaria!” El “Maestro”, como le llama Christine Lagarde, aseguró el miércoles en Atenas, en la Decimonovena Mesa Redonda con el Gobierno de Grecia organizada por The Economist (¿cuántas reuniones de estas quedarán por celebrarse?), que la Eurozona está “muy mal construida”, porque una vez que entras, no hay quien salga “sin una catástrofe”. Y sabe, según dijo, que todos los países miembros estarán de acuerdo con él en esto.

Jens Wiedmann ha dicho que el mecanismo de financiación extraordinaria que mantiene con respiración asistida a los bancos griegos infringe uno de los principios fundacionales de la Zona Euro

Un circo de varias pistas

Mientras tanto, en la pista alemana del circo europeo, el presidente del Bundesbank, Jens Wiedmann, ha dicho con toda claridad que el mecanismo de financiación extraordinaria que mantiene con respiración asistida a los bancos griegos infringe uno de los principios fundacionales de la Zona Euro, por lo que tendría que anularse. El reglamento de la moneda única impide que el BCE rescate directamente a los estados miembros, así que al ir aumentando el techo de esta línea privilegiada de crédito concedida a Grecia, estaría actuando fuera de la ley. Si el BCE llegara a desenchufar a Atenas, la insolvente banca helena tendría que colgar el cartel de “Cerrado”, haciendo inevitable la salida de la Unión. 

La imagen de Europa

El melodrama europeo no pasa inadvertido. Los estadounidenses, cuyas inversiones recalan en Asia sin reparos, nos siguen llamando euroidiotas. En las naciones emergentes de América Latina nos llaman euracas. Y en China, ya un coloso económico mundial, se refieren a nosotros con una despectiva palabra en mandarín, guilao, que viene a ser algo así como fantasmones. Por algo será.


Imagen: Discurso fúnebre de Pericles, por Philipp Foltz (1877)


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba