La tribuna de Gabriela Bustelo

La insoportable lucidez de Orwell

Está pasando. Lo estamos viendo. Manuela Carmena ha montado, con el escaso dinero que queda en las arcas del Ayuntamiento de Madrid, una Web de la Verdad, a la que ha llamado –¿estrechando lazos con la farándula?– Versión Original. Habría que preguntar a la alcaldesa si en tiempos de Franco ella veía las películas en versión original o si veía la versión censurada que fabricaba el Ministerio de Información y Turismo. Si vio el Mogambo auténtico donde Grace Kelly pone los cuernos a su marido con Clark Gable (cosa comprensible, a qué negarlo), o si vio la demencial versión franquista que disfrazó el adulterio de incesto, convirtiendo a Kelly y su marido en dos preocupantes hermanos que pasan media película besuqueándose. Porque el padre de Manuela Carmena –un burgués tradicional, dueño de dos tiendas de productos de cuero, que insistió en que su hija se casara por la iglesia– aceptaba las verdades franquistas sin problemas. La alcaldesa Carmena encarna ese fenómeno tan español del progre hijo de familia franquista que apenas toca poder reproduce de inmediato los esquemas dictatoriales con la impunidad del sello izquierdista. Entre tanto, quienes realmente lucharon contra Franco –cárcel de Carabanchel, años de arresto domiciliario, exilio forzoso, décadas de miedo justificado– contemplan boquiabiertos el insólito espectáculo.

No hay nación, región o pueblo que no tenga en su historia un conflicto entre dos bandos. De hecho, la vida nos obliga, casi a diario, a tomar partido

El bando como filosofía de la vida

La estadounidense Rachel Kushner escribió hace unos años una reflexión aguda sobre los pueblos que han sufrido una guerra civil: “a los bandos enemigos no les queda otro remedio que quedarse en su país, donde les toca integrarse”. Dado que la historia de la Humanidad es una interminable sucesión de enfrentamientos entre dos bandos, la frase de Kushner denuncia una situación que es la de todos los países del mundo desde el origen de los tiempos. No hay nación, región o pueblo que no tenga en su historia un conflicto entre dos bandos. De hecho, la vida nos obliga, casi a diario, a tomar partido, a escoger unas opciones frente a otras. Elegir, elegir, elegir. Por necesidad profesional, por compromiso familiar, por fidelidad sentimental. “¿Tú con quién vas?”, es una pregunta que nos hacen y a la que respondemos con total naturalidad.

Otras guerras civiles

Pero la interesante reflexión de Kushner nos permite plantear una pregunta: ¿Qué sucedería si uno de los dos bandos participantes en una guerra civil fuese eliminado? Como saben todos los demócratas del mundo –y sabemos una minoría de demócratas en España–, es imposible. Efectivamente, a los dos bandos no les queda otro remedio que quedarse en su país, donde les toca integrarse. Los países más avanzados son capaces de avanzar moralmente tras una guerra civil, como sucedió en Estados Unidos, cuya Guerra de Secesión fue motivada por el esclavismo sureño. El hecho de que su actual presidente sea un hombre de raza negra demuestra hasta qué punto el país ha purgado sus errores históricos. 

Estamos reviviendo una batalla posmoderna que nos permite, a quienes no vivimos la Guerra del 36, hacernos una idea de lo que pudo ser aquella pesadilla de las dos Españas asesinas

España como distopía

En España, sin embargo, estamos viviendo una distopía digna de una novela de ciencia-ficción de Orwell. Casi un siglo después de nuestra Guerra Civil, un partido político se ha identificado con el bando perdedor hasta el punto de tomarse la revancha, pretendiendo anular al otro bando. De hecho, estamos reviviendo una batalla posmoderna que nos permite, a quienes no vivimos la Guerra del 36, hacernos una idea de lo que pudo ser aquella pesadilla de las dos Españas asesinas. Al plantearse en 2015 un relevo generacional para modernizar el país y engancharlo al tren mundial, la izquierda española no se ha desdoblado, como pudiera pensarse, para definir por fin un progresismo demócrata, anticorrupto e integrado en la Historia. No. Si José Luis Rodríguez Zapatero fue la prueba de fuego de la democracia española, llevando el antipatriotismo izquierdista al extremo de plantear la existencia misma de España, hoy son ¡dos partidos! los que prosiguen –pactando obsesivamente contra el PP– la traición del enemigo interno: PSOE y Podemos.

VO: Versión Orwelliana

La vocación totalitaria de Podemos asoma por minutos, manifestando esa cateta paranoia que lo filtra todo por el tamiz del “Nosotros” o “Ellos”. La Web de la Verdad de la rancia alcaldesa comunista –¿V.O. por Versión Orwelliana?– forma parte de una mentalidad mezquina, pequeña, siempre a la defensiva frente a las supuestas maquinaciones de “Los Otros”. Un talante (¿recuerdan?) que no contempla la convivencia, sino la prolongación ad eternum de una guerra civil repetida una y mil veces. Conviene recordar que vivimos aún en la pesadilla soñada por Zapatero. España se perfila como la democracia imposible que imaginó un presidente antisistema. Un país virtual desgajado del mundo. Una burbuja anacrónica incapaz de respirar en sincronía con Occidente. No podemos, de ninguna manera, creer que España sea ya un país normal por el hecho de no ser Grecia. Hemos pasado décadas ausentes de la Historia. Nos hemos perdido el siglo XX prácticamente entero. No podemos perder un minuto más. El mundo nos está esperando.


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