La tribuna de Gabriela Bustelo

El desguace de la Transición

La Tierra gira a una velocidad de 1.600 kilómetros por hora, tan deprisa que no lo notamos. Algo parecido sucede con el devenir político español, tan acelerado en estos últimos tiempos que apenas nos damos cuenta de que el país está sufriendo una completa metamorfosis ante nuestros propios ojos. Al volver la vista atrás sobre los siete años largos de Zapatero y los tres de Rajoy, sorprende que ‒dado el proceso de ruptura, segmentación y desacuerdo sufrido durante las dos legislaturas socialistas‒ la España actual parece haber superado la dura prueba. Si Zapatero se dedicó, como un niño solo en casa, a meter el dedo en todos los enchufes, el presidente Rajoy está actuando con cautela. En la España discutida y arruinada que le tocó en herencia, el mayor peligro era que la gente se lanzara a las calles. Pero encerrado en Moncloa, sordo a las críticas, el presidente más taciturno de nuestra democracia parece haber logrado revertir la crisis y volver a colocar a España en el mapa europeo, cumpliendo los acuerdos pactados y demostrando al mundo que España no es un fracaso periférico como el griego.  

El hieratismo de Mariano Rajoy ha permitido que por primera vez en nuestra historia se estén acercando a las esferas del poder políticos jóvenes y novatos como son Pablo Iglesias y Albert Rivera

Primeros políticos sin padrinos

El hieratismo de Mariano Rajoy ‒ferozmente criticado por la prensa española de ambos bandos‒ ha convertido al político gallego en el vencedor por agotamiento del contrario, pero sobre todo ha permitido que por primera vez en nuestra historia se estén acercando a las esferas del poder políticos jóvenes y novatos como son Pablo Iglesias y Albert Rivera, que se han postulado por cuenta propia, sin proceder de las élites tradicionales. Es decir, que bajo este Gobierno conservador, vapuleado desde sus inicios por la izquierda y, casi con más inquina, por una derecha que se considera engañada, España se está comportando por primera vez como un país democráticamente maduro. Esto es doblemente loable teniendo en cuenta las elevadas cifras de paro y los efectos todavía vigentes de la demoledora crisis económica.

Zapatero inició el desguace

Para entender el escenario político actual, cuya intensidad produce un efecto casi hipnótico, conviene hacer un receso para recordar el proyecto de José Luis Rodríquez Zapatero: la hiperlegitimación de la izquierda y la instauración de una autarquía socialista. Tras una fachada de talante bonachón, la base argumental del programa de Zapatero era la revancha, encarnada en un proyecto de Memoria Histórica concebido como torpedo contra la Transición. Zetapé, como le gustaba hacerse llamar, había sido un asalariado del PSOE hasta que salió elegido tres días después del atentado del 11 de marzo de 2004. Dogmático como pocos, actuó durante sus dos legislaturas como una máquina de lanzar consignas, algunas de las cuales eran tan ridículas ‒Somos la envidia de Europa‒ que hacían sospechar que fuera un enajenado, un loco funcional, un Forrest Gump que se hubiera colado por descuido entre los engranajes de la historia de España.

Si tuvo que venir un Zapatero para liquidar al PSOE, tuvo que venir una crisis para acabar con Zapatero

El cainismo socialista

Pues bien, mientras Zapatero soltaba eslóganes como un muñeco de feria estropeado, en su propio partido le observaban con creciente indignación. El PSOE es, como el Partido Socialista Francés, un partido estratificado cuya cúpula ‒controlada por el periodista Juan Luis Cebrián‒ no aceptaba al advenedizo de León. Esta tensión se materializó en las guerras del fútbol entre Sogecable y Mediapro, que fueron el principio del fin del Partido Socialista Obrero Español. Pero si tuvo que venir un Zapatero para liquidar al PSOE, tuvo que venir una crisis para acabar con Zapatero, ignorando su ignorancia con una bofetada de realismo y un galope desbocado. Cuando Rajoy le sucedió, tocaba restringir drásticamente el gasto público, reformar todo el sistema financiero y actualizar el mercado laboral; afrontar la renovación del sistema judicial, eliminando la vergonzosa contaminación política; y aliviar la burocracia judicial en la medida de lo posible. Los más optimistas también confiaban en que reformaría la Ley Electoral (que favorece el bipartidismo y arrincona a los grupos minoritarios) y en que metería en vereda a los sindicatos.

La democracia “coladero”

Sin embargo, Rajoy optó desde el inicio por centrarse exclusivamente en sacar a España de la crisis. Entre tanto, nuestra democracia se ha afianzado como un coladero con infinidad de ángulos muertos donde se han instalado cómodamente los vampirismos autonómicos y la corrupción. Si en un primer momento el PP fue apoyado por los medios, el papel crítico de la prensa ha sido crucial. En paralelo a la campaña de Pablo Iglesias sobre la existencia de una casta española, hemos asistido a un chorreo de pruebas y datos sobre la vida bling-bling de los políticos del PP, que tan pronto tiran de tarjeta Black como se gastan miles de euros en vino y en lencería, o piden en cash los 12.000 euros que ha costado un Rolex de regalo, por no hablar del sainete del Pequeño Nicolás. Para asombro de propios y extraños, el Partido Popular español ha descubierto el sexo y la moda, aborrecidos por la élite progre hace ya muchos años.

Podemos fue el detonante de un movimiento tectónico ya imparable, pero Ciudadanos ha aprovechado la coyuntura y se ha situado en el escenario político como una alternativa funcional

¿Los sustitutos?

Mientras los dos grandes partidos nacionales se inmolaban, las jóvenes generaciones españolas, hartas del decadente espectáculo, se organizaban para ofrecer nuevas opciones al martirizado votante español. Podemos fue el detonante de un movimiento tectónico ya imparable, pero Ciudadanos ha aprovechado la coyuntura y se ha situado en el escenario político como una alternativa funcional. En estos momentos, tras un año de obsesión mediática con Pablo Iglesias y sus acólitos, el novel Albert Rivera se ha convertido en un caramelo goloso. El riesgo de manipulación que corre es grande. El mensaje económico de Ciudadanos, presentado esta semana al público, se amolda al marco referencial socialdemócrata aceptable entre su público objetivo.

Otra España

Como decíamos al comienzo, España está girando sobre sí misma a tal velocidad, que resulta difícil analizar el proceso. Pero lo que estamos presenciando es el desguace de la Transición, el cambio del paradigma, la extinción de las etiquetas políticas. Estamos ante una ventana de oportunidad, como dicen los sociólogos. De aquí saldrá otra España. No perfecta, pero sí más democrática. Entre tanto, conviene abrir bien los ojos para no perderse este momento extraordinario. Porque como dicen en la serie House of Cards, en política una hora es un mundo. 


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