La tribuna de Gabriela Bustelo

¿No Podemos? Los cinco motivos del pinchazo

1-. La sombra de Syriza es alargada. Las incongruencias argumentales de Tsipras y Varoufakis desde su llegada al poder han hecho mella en Podemos, que siempre se había proclamado “partido hermano” del griego Syriza. Conforme Grecia ronda peligrosamente el Grexit ‒la salida de la Unión Europea‒, un rumor sordo lleva meses preludiando el fracaso de las negociaciones, alejando a la inversión y el turismo de la República Helénica. Pero no huyen solo ellos. Desde el baño de masas que se dio Pablo Iglesias con Alexis Tsipras en la plaza Omonia de Atenas, el líder de Podemos ha dosificado sus loas al primer ministro griego. La revista Time le pidió una breve pieza sobre Tsipras para su famosa lista “TIME 100”, donde en un inglés impecable Iglesias define a su amigo Alexis como un hombre familiar, futbolero, fan de la música rock y un líder responsable que ha impresionado a Europa por su capacidad negociadora. La actualización de Podemos incluirá el desmarque de Syriza. Al tiempo.

2-. La irrupción de Ciudadanos. Cuando Pablo Iglesias saltó a la primera fila de la actualidad española, lo hizo con un solo argumento, tan nítido que basta oírlo una vez para recordarlo: las cúpulas de los cuatro grandes partidos españoles (PP, PSOE, CiU y PNV) forman parte de establishment corrupto y caduco ‒la “casta”‒ que ha impuesto en España un proyecto fracasado. Pero en el tablero político había ya otro jugador menos polémico y radical que, sin proponérselo, se ha beneficiado de la estrategia de marketing de Podemos. En política la imagen se perfila siempre por comparación con los adversarios, tanto los del propio partido como los de los partidos antagonistas.  Albert Rivera es, junto con el rey Felipe, el español más valorado en las encuestas. Su programa comparte la esencia anti-bipartidista con Podemos, pero el joven político catalán tiene un programa que plantea una España plenamente democrática y funcional. El programa de Pablo Iglesias ha planteado hasta ahora una España disfuncional y seudo-democrática.

3-. Relajación de la derecha mediática. Desde las primeras apariciones de Pablo Iglesias como antihéroe en Intereconomía, la prensa conservadora ha acompañado fielmente a Podemos. Incluso el mantra dorado de la “casta” lo aprendió Pablo Iglesias de Enrique de Diego, otrora tertuliano de “El Gato al Agua”. Pero la campaña de bombardeo negativo contra Podemos ha contribuido ‒contrariamente a lo que sus autores creen‒ a consolidar la nueva marca Podemos, agrandando el fenómeno hasta darle notoriedad nacional e internacional. La campaña anti-Podemos solo lograba adeptos en la derecha, ya que la izquierda al sentirse agredida aumentaba su apoyo a Podemos. Tras la aparición de Ciudadanos en el escenario político, la derecha ha aflojado considerablemente la operación contra Podemos. Al disminuir la histeria mediática de la derecha, ha disminuido de inmediato la histeria mediática paralela de apoyo a Podemos.

4-. Dudosa credibilidad. En la medida en que la situación española se va pareciendo a la Italia del 1992 ‒cuando la corrupción del difunto PSI se llevó por delante el sistema político del país‒ resulta evidente que para enfrentarse al Tangentópolis español, para demoler el corrupto mastodonte institucional creado por la Transición, se precisan políticos serios y solventes. Podemos sufre el “síndrome del protagonista” que aqueja hoy a celebrities y políticos del mundo occidental: ensimismados en su propia realidad, relegan a un segundo plano los problemas de los ciudadanos que les votan y les confían el dinero de sus impuestos. La dimisión de Juan Carlos Monedero ‒”Sin amor no se puede hacer política”‒ parecía por momentos el último capítulo de la peor teleserie de sobremesa. Podemos es una pandilla de universitarios con delirios utópicos, turbias conexiones chavistas y desfasados idearios anarco-leninistas. Un cuadro demoledor para un partido que pretende actualizar un país tan barroco como España.

5-. Cansancio propio y ajeno. Desde el 17 de enero de 2014 en que se fundó el partido Podemos hasta enero de este año, cuando empezó a perder apoyo en las encuestas, toda España ha tenido durante un año a Pablo Iglesias y sus secuaces como tema de conversación preferido. Si en un primer momento el asunto interesaba por novedoso y ‒sobre todo‒ por esa imagen apocalíptica que la prensa les había colgado, hoy ha acabado aburriendo de puro reiterativo. Los expertos en marketing tienen un nombre muy gráfico para este fenómeno: sobreexposición. Ser visible veinticuatro horas al día puede ser letal si la imagen que se da es confusa y poco positiva. La notoriedad es peligrosa cuando se alcanza de modo caótico, sin haber seguido una estrategia planificada. Todo lo que sube, baja. Muchos remontan. Otros se quedan abajo.


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