La tribuna de Gabriela Bustelo

El Partido Socialista Obsceno Español

En nuestra bien nutrida comunidad política, aborrecida por los españoles según las encuestas, hay personajes que parecen ungidos por un óleo divino que los hace intocables. En España el gran superviviente de todas las batallas, hoy incólume y valorado como ninguno, es sin duda Felipe González. Los presidentes de la democracia española han sufrido, todos ellos, cruelísimas campañas de desprestigio que los han ido apartando de la circulación, pero Felipe González parece ir cobrando prestigio al tiempo que va ganando peso. Luis María Ansón ha dicho en repetidas ocasiones que es “uno de los grandes hombres de Estado de Europa” y ahí ha quedado eso para el mármol, mientras que Adolfo Suárez –demiurgo de la Transición– jamás tuvo la suerte de escuchar nada semejante. La verdad en España nunca se dice del todo, pero ahora que la crisis estructural nos pone bajo el foco mundial, conviene poner en tela de juicio la actuación del tercer presidente de la democracia.

Fue durante los 14 años de Felipe González cuando se creó nuestra estructura nacional, considerada intocable, y cuyos cimientos contienen gran parte de los problemas orgánicos que arrastramos hoy

Democracia bananera Made in Spain

Es cierto que la Transición creó una España mastodóntica y blindada contra cualquier tipo de injerencia –un neofranquismo constitucional, si se quiere– como es cierto que sus protagonistas se instalaron en poltronas intercambiables que –con honrosas excepciones– han conservado hasta la muerte. Pero fue durante los 14 años de Felipe González cuando se creó nuestra estructura nacional, considerada intocable, y cuyos cimientos contienen gran parte de los problemas orgánicos que arrastramos hoy. González nos trajo la homologación del nacionalismo, la blanda política antiterrorista –confesada con su “Pude haber volado a toda la cúpula de ETA y no lo hice”– y los patéticos episodios del GAL; la economía estatal, la institucionalización del partidismo y la sobredimensión de lo público; el antiamericanismo cateto de la vieja escuela progre; el chalaneo con las dictaduras ad hoc; la cultura del chollo y la subvención, el autobombo de la Movida y el folclore almodovariano. En resumen, nos montó la democracia bananera Made in Spain que ha aguantado sin apenas retoques hasta hoy. 

Las Leyes Orgánicas felipistas

Por si todo esto fuera poco, González afianzó la relación entre el Partido Socialista y el Grupo Prisa de Polanco, cuya venenosa alianza duró hasta que el brazo tonto de Zapatero se la llevó por delante. Pero aún hay más. El primer presidente socialista aprovechó su mayoría absoluta para imponer en España unas leyes orgánicas que son la base del descalabro actual. La LOPJ (Poder Judicial) politizó la Justicia española –permitiendo a los abogados de la cuerda hacerse jueces sin oposición y blindando al estamento con los aforamientos–; la LOLS (Libertad Sindical) convirtió a los sindicatos en los parásitos subvencionados que hoy todavía son y la LORCA (Regulación de Cajas de Ahorro) contaminó las cajas de ahorros con los resultados por todos conocidos. En cuanto a la tristemente célebre LOGSE, transformó las universidades en guetos del enchufismo partidista y los colegios públicos en hervideros del provincianismo autonómico. 

El divo Felipe González, que en su rol de humanista defensor de la oposición venezolana ha descalificado por fin a Podemos como “monaguillos de Maduro”, antes había auspiciado los pactos de Pedro Sánchez con Pablo Iglesias

El obsceno yugo socialista

El PSOE ha tenido a este país sofronizado durante cuarenta años. La discutida y discutible O del PSOE –cuyo nombre nunca representó a ningún miembro de su cúpula dirigente– cobra sentido como sigla de la Obscenidad que ha caracterizado al socialismo español desde la Transición. Es incontable la sucesión de siniestros ocurridos en España durante estos 40 años que pueden asociarse –de manera directa o indirecta– con el Partido Socialista. Y recordemos una vez más las cantidades obscenas de dinero público que parecen volatilizarse bajo los gobiernos socialistas nacionales, autonómicos y municipales. El último happening sociata tiene como protagonista –una vez más, por increíble que pueda parecer– al divo Felipe González, que en su rol de humanista defensor de la oposición venezolana ha descalificado por fin a Podemos como “monaguillos de Maduro”, pero antes había auspiciado los pactos de Pedro Sánchez con Pablo Iglesias, había dejado dicho en El País que su colega Chaves es un gestor intachable y al parecer contempla ahora dejarse proponer por su íntimo amigo Juan Luis Cebrián como candidato para la Real Academia Española. Ahí es nada. ¡Arsa, quillo! 

Tolerar al PSOE no es obligatorio

España se está comportando por primera vez como un país democráticamente cuerdo. Esto es doblemente loable teniendo en cuenta las salvajes cifras de paro y los efectos todavía vigentes de la crisis económica. Pero este colosal esfuerzo que están haciendo los españoles podría verse anulado si el Partido Socialista, con su incomprensible antipatriotismo, vuelve a problematizar los intereses de España. Desde que comenzó 2015 estamos presenciando el desguace de la Transición. De aquí saldrá otra España. No será perfecta, pero sí más democrática. Entre tanto, conviene abrir bien los ojos para no permitir que nadie sabotee este momento extraordinario. Y conviene tener presente que tolerar la obscenidad socialista no es obligatorio.


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