La tribuna de Gabriela Bustelo

Larga vida al español

Mientras en España son habituales las broncas públicas –aderezadas con insultos– sobre la imposición política del español como idioma oficial, cada vez son más las personas lo hablan y admiran en el mundo entero. El español tiene hoy 414 millones de hablantes nativos, superado solo por el chino mandarín –1.197 millones– y seguido del inglés, que hablan 335 millones de personas en el mundo. Este año se celebra el 25 aniversario de la fundación del Instituto Cervantes y el 400 aniversario de la muerte del propio Miguel de Cervantes, por lo que nuestro idioma está de enhorabuena múltiple. El camino ha sido largo desde que a finales del siglo VX el castellano desembarcó en América para emprender la larga travesía que lo convertiría en el español. Por el camino no sólo incorporó los sabores y colores del Nuevo Mundo, sino que se empapó de su historia, abriendo a sus hablantes hacia nuevas ideas y formas de vida. Tal ha sido el éxito nuestro idioma, tras su glorioso bautismo a este lado del Atlántico con El Quijote –la primera novela de la historia–, que América Latina nos ha dado en español un aluvión de escritores de primera fila, entre ellos seis premios Nobel de Literatura: Gabriela Mistral, Miguel Ángel Asturias, Pablo Neruda, Gabriel García Márquez, Octavio Paz y Mario Vargas Llosa.

En esa España cuyo idioma comparten cuatrocientos millones de personas, un buen número de políticos habla públicamente en idiomas autonómicos subtitulados

Dinámico, creativo y lleno de energía

A Vargas Llosa suelen incluirle, según convenga, en el grupo de los seis Nobel latinoamericanos o en el de los seis españoles –con Echegaray, Benavente, Jiménez, Aleixandre y Cela–, dado que tiene doble nacionalidad peruana-española. En diciembre de 2010, José Manuel Blecua, recién nombrado director de la Real Academia Española, decía que Vargas Llosa unifica más el español de lo que pueda disgregarlo el spanglish. Efectivamente, en octubre de ese mismo año, en la primera declaración pública tras recibir el Nobel, Mario Vargas Llosa definió el premio como un reconocimiento del español “que hablamos cientos de millones de personas en el mundo, procedentes de tradiciones y lugares distintos, unidos por un idioma dinámico, creativo y lleno de energía”. En abril de este año reiteraba esta misma idea en el ‘Foro Internacional del Español 2.0’ celebrado en Madrid, añadiendo que “la difusión del idioma es un fenómeno que surge de manera espontánea, pasando por la prueba de su propia existencia”.

Ningún sitio como en casa

Ese idioma español –cuya grandeza definen algunos sin complejos ni paranoias– afronta en su propio país una existencia llena de obstáculos. En esa España cuyo idioma comparten cuatrocientos millones de personas, un buen número de políticos habla públicamente en idiomas autonómicos subtitulados. Miles de ciudadanos españoles no se atreven a hablar español por la calle, por miedo a las amenazas nacionalistas. Miles de empresarios han tenido que retirar de sus comercios los carteles en español, por coacciones separatistas del mismo tipo. Miles de padres saben que sus hijos solo hablan español en casa. En determinadas provincias de este país no se puede emplear la palabra español para referirse a nuestro idioma nacional, al que los hispanohablantes del mundo llaman sin miedo por su nombre –Spanish, espagnol, Spanisch, spagnolo, Spaans, espanhol en sus respectivos idiomas. Tal vez la máxima expresión de la farsa nacionalista sea la del Senado, donde los políticos procedentes de autonomías con idioma propio fingen no hablar español, haciéndose traducir del gallego, vasco o catalán por intérpretes mantenidos con el dinero de nuestros impuestos.

Por eso ha resultado sorprendente que el filósofo y catedrático vasco Daniel Innerarity haya admitido esta semana sin rodeos algo que todos sabemos desde hace años: “Si no existiéramos los nacionalistas, nadie hablaría catalán o euskera”. Efectivamente, en el mundo global los idiomas autonómicos españoles –sobredimensionados por intereses políticos– no tienen futuro alguno. El idioma más hablado del mundo es el inglés, porque a los 335 millones de hablantes nativos hay que sumar los más de 500 millones de personas que lo hablan como segundo idioma. Pero el español es el segundo idioma del mundo con mayor número de hablantes nativos. Sin embargo, en España los hay que se niegan o no se atreven a hablarlo. El español es un gran idioma maltratado desde hace décadas, un idioma heroico cuyo avance parece hoy imposible de detener, pese a las agresiones diarias que sufre en el país donde nació.Un idioma heroico


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