La tribuna de Gabriela Bustelo

Guía práctica para el político novato

1.- Conviene tener presente que los españoles no confían en los políticos. Según el Barómetro Edelman 2015, el gobierno sigue siendo la institución con el menor índice de credibilidad, aunque con respecto al año precedente ha pasado del 18% al 26%. La confianza de España en las empresas (43%) y los medios de comunicación (47%) ha mejorado algo con respecto al año precedente, pero sigue bajo mínimos. El hecho de que España solo confíe en las ONG (dato digno de un estudio psiquiátrico pormenorizado) refuerza el hecho de que los españoles no creen en sus gobernantes y prefieren todo lo que sea ajeno a ellos. En las encuestas a pie de calle y en las conversaciones diarias los españoles insultan a los políticos con palabras irreproducibles aquí. Por lo tanto, el político novel debe tener en cuenta que el ciudadano español le va a someter a un duro examen diario.

2.- La subida de impuestos es una imposible carta de presentación. Según el CIS, 65% de los españoles cree que el Estado no le devuelve en contraprestaciones lo que le corresponde por los impuestos que paga. Casi el 95% opina que el nivel de fraude fiscal es alto o muy alto y el 89% opina que la distribución de los impuestos es injusta, ya que los más pudientes no tributan más. Con todo ello, el 69% de los ciudadanos cree que los españoles pagan muchos impuestos, frente al 27% que consideran la presión fiscal regular o baja. Y un 67,5% de los españoles cree que la sociedad se beneficia poco o nada de los servicios y prestaciones que se pagan con los tributos. Un porcentaje no desdeñable (cercano al 40%) cree que los impuestos son “algo que el Estado obliga a pagar, sin saber muy bien a cambio de qué”. El político primerizo hará bien en no experimentar ni dar rodeos con la cuestión fiscal. Tras el montorazo, lo único que cuadra es bajarlos. Todo lo demás es un suicidio político.

3-. El egocentrismo es un defecto letal para un político.El individualismo es una de las señas de identidad de la civilización occidental. Desde Sócrates hasta Descartes y Freud, la filosofía occidental se ha volcado en el estudio, la definición y la defensa del yo individual y ninguna otra sociedad ha enunciado los derechos y prerrogativas del individuo como la nuestra. El individualismo es una característica definitoria de nuestra civilización actual, como lo son el capitalismo, el materialismo, la tecnología y globalización. Pero todo esto se aplica al ciudadano, no al político. Para un cargo público, la palabra “yo” debería estar terminantemente prohibida. Sin embargo, en España cada vez es más común que los políticos, y las políticas, se paseen por los medios de información hablando de sus problemas personales al atribulado ciudadano que les ha votado para que le solucionen los problemas.

4-. La trampa, el escaqueo y el chivo expiatorio –pandemia en la política española– deben evitarse como la peste. A comienzos del otoño de 1796, cuando George Washington estaba a punto de terminar su segunda legislatura, escribió un texto (hoy popular en su país en forma de panfleto) que resumía toda su doctrina. Uno de sus consejos más célebres procede de este Discurso de Despedida y es, como todo lo bueno, breve: “La honestidad es la mejor política”.El surgimiento de los partidos jóvenes que hoy ponen en jaque al bipartidismo español no habría tenido lugar si los partidos veteranos hubieran practicado la política de la honestidad. Pese a disfrutar de los privilegios que conlleva el apoyo reiterado de los ciudadanos, llevan décadas traicionando ese voto de confianza. El líder novato debe situarse en el extremo opuesto de esta conducta rastrera que el ciudadano español asocia de inmediato con la política.

5-. El carisma político es innato, pero la marca personal no. Con la cursi palabra carisma designamos un conjunto de características, algunas de ellas imposibles de describir, que pueden hacer a un político ganar elecciones una y otra vez, pese a tener todos los elementos en contra. En España el caso paradigmático es el de Felipe González, cuyo carisma personal le mantuvo en el poder durante catorce años. Hoy día un político cuenta con un equipo encargado de su marca personal y de su estrategia de comunicación, pero hay factores personales que tal vez sean más importantes. Conviene recordar que en cuanto al carisma político, no se aplica el mismo rasero a los hombres y a las mujeres. Si en un político es importante la masculinidad, en una política la feminidad es una característica que se relaciona con debilidad, frivolidad y falta de inteligencia. El político neófito que tenga el todopoderoso carisma –como sucede a varios de los nuevos líderes españoles– no debe confiarlo todo a esa carta mágica, sino rodearse de un equipo de profesionales discretos, fiables y capaces reaccionar en cuestión de minutos ante el frenético escenario de la actualidad española.

Por lo demás, que Dios reparta suerte.


Fotografía: Charles Dharapak.


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