La tribuna de Gabriela Bustelo

Ciudadanos y Podemos: media docena de diferencias

Mientras los  partidos tradicionales están enzarzados en lo que parece un torneo de la corrupción y los partidos minoritarios veteranos han quedado prácticamente olvidados, Ciudadanos y Podemos son los protagonistas del naciente escenario político. Si los líderes de ambas formaciones tienen en común su actual ausencia en el Congreso y su desprecio por el bipartidismo español, conviene recordar entre ambos hay contrastes fundamentales, entre los que destacan estos seis:

1.- Ciudadanos es un partido saneado; Podemos es un partido cuyos dirigentes están envueltos en inconfesables operaciones financieras. La prensa internacional se ha hecho eco de millonarios pagos recibidos del Gobierno venezolano por parte de Podemos y la Fundación CEPS, muy próxima al partido. El argumento más sólido de Pablo Iglesias es el de la “casta” monolítica e intocable, pero Pablo Iglesias y sus acólitos adolecen el clásico vicio de la izquierda española, que se arroga una impunidad autoinmune a sus propios actos delictivos. De ahí que Podemos, pueda acusar de corrupción a diestra y siniestra al tiempo que los dirigentes de su organización están involucrados en enjuagues obviamente ilícitos. Albert Rivera y los suyos, de momento, tienen vacía la mochila de la corrupción.

2.- Ciudadanos ofrece un programa funcional, mientras que el de Podemos es disfuncional. Como se ha podido comprobar en directo con el experimento Syriza, la oferta de estos ultraizquierdistas no solo pretende resucitar las utopías comunistas fracasadas, sino que vende como solución lo que, de hecho, sería una disolución del país actual. Cuando Pablo Iglesias cacarea alegremente eso de “la reestructuración ordenada de la deuda”, sus engañados partidarios no saben que la suspensión de pagos sumiría a España en una anarquía financiera y que la técnica del aplazamiento indefinido nos condenaría al ostracismo europeo, por no hablar del desperdicio de todo el esfuerzo invertido hasta ahora. Las propuestas de Albert Rivera son factibles dentro de los parámetros nacionales.

3.- El lenguaje de Ciudadanos es preciso, mientras que el de Podemos es abstracto. Pablo Iglesias alude a unos pérfidos enemigos que él denomina “los bancos”, “los especuladores” y “los mercados”, todos ellos hiperactivos en una especie de secta llamada el “totalitarismo financiero”. Este idioma esotérico ‒con sibilinas frases del tipo “Algunos sectores deberían ser desprivatizados”‒ emplea la inconcreción para ocultar una agenda neocomunista. Por el contrario, el programa económico de Ciudadanos es concreto y tiene como claros protagonistas a los españoles, no a unos imaginarios fantasmas económicos.

4.- La actitud de Albert Rivera resulta natural y espontánea, la de Pablo Iglesias parece artificial y preprogramada. Como alumno estudioso que fue, Pablo Iglesias tiene la costumbre de prepararse las intervenciones públicas como si fuesen un examen oral, cosa que se le nota. Incluso los desatinos ‒como llamar “Pantuflo” al periodista Eduardo Inda en una tertulia de televisión‒ están cuidadosamente planificadas. Si un político necesita prepararse las apariciones públicas, no puede permitir que se le note. La intuición política no puede sustituirse por la capacidad memorística; ni la espontaneidad por las consignas prefabricadas; ni el encanto natural por la retranca grosera. Albert Rivera, no solo se comporta de un modo más respetuoso, sino que aparenta una mayor seguridad en sí mismo.

5.- Podemos no parece un partido político, sino una pandilla de amigos de la universidad, mientras que Ciudadanos es una formación política seria cuyos miembros son adultos con intenciones serias. Conforme va pasando el tiempo cada vez resulta más obvio que Podemos es un grupo de amiguetes, la “pandi de la Complu”, un hatajo de colegas a los que les ha pillado por sorpresa la atención que les dispensan sus compatriotas. Da la impresión de que todo esto les viene grande. Solo así se explica que hayan sido ellos mismos quienes han dilapidado el poderosísimo eslogan de la casta, sin haber previsto que iban a estar bajo el escrutinio feroz de la prensa nacional. En cambio, quien ha sabido aprovechar la enorme fuerza del lema de la casta ha sido Albert Rivera que, en este entorno político contaminado por la corrupción, se ha alzado como un superhéroe intachable.

6.- El afán mediático de Pablo Iglesias le pone al borde de estar quemado, mientras que las apariciones dosificadas de Albert Rivera le salvan de la sobreexposición. Una campaña electoral tiene cosas en común con el cortejo amoroso. El factor misterio es importante. De Pablo Iglesias, que se ha sometido voluntariamente a una inspección mediática casi diaria, lo sabemos ya casi todo y mucho de ello es negativo. El electorado femenino se pronuncia menos que el masculino, pero en última instancia es quien decide, porque el sencillo motivo de que es un grupo numéricamente mayor (51% de la población española). A las mujeres les influye más que a los hombres que un candidato tenga un perfil extremista, antipático o grosero. Toman decisiones intuitivas basadas en la primera impresión y conceden importancia al aspecto externo. Pese a haberse publicado que Pablo Iglesias es el político más deseado de España, puede que el limpio carisma de Albert Rivera ‒no exento de sex-appeal‒ se lleve a las españolas de calle. 


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