OPINIÓN

Ni truco ni trato. Día de difuntos para el “procés”

El delirio independentista y su disfunción cognitiva de lo que era la realidad que le rodeaba, ha hecho que en la propia sociedad catalana haya despertado y tomado la palabra.

Ni truco ni trato. Día de difuntos para el “procés”.
Ni truco ni trato. Día de difuntos para el “procés”. EFE

Aquella astucia que Artur Mas tanto ponderaba como virtud del avispado independentismo no ha servido al fin, de nada. Los muchos trucos, más bien trampas gruesas, que Forcadell ha venido haciendo en el Parlament desde septiembre, la excitante y entretenida logística de ocultación y colocación de urnas del 1 de octubre, los malabarismos con el censo electoral, las fotos fakes de los miles de heridos que trataban de compensar el escaso número de heridos reales ingresados y los posteriores juegos de trileros de Puigdemont, escondiendo la bolita de la DUI a propios y extraños, han llegado tan lejos como podía llegar toda simulación; hasta que llega el día de la verdad. El mismo día en que los padres de la nueva patria catalana pidieron voto secreto para tratar de esconderse así de la acción de una ley que sabían bien que les llegaría, porque sabían que esa era la verdad y no la que venían simulando.

Súbitamente el expresident y sus cinco ex consejeros, encontraron urgentísimo irse a Bruselas a dirigirse a los periodistas como si fuesen hooligans del soberanismo

Súbitamente el expresident y sus cinco ex consejeros, encontraron urgentísimo irse a Bruselas a dirigirse a los periodistas como si fuesen hooligans del soberanismo. En la rueda de prensa en la capital de Europa Puigdemont no solo no respondió a la pregunta sobre los catalanes que no piensan como él, sino que, después de haber hecho mangas y capirotes de las normas democráticas, del Estatuto y de los reglamentos parlamentarios, tuvo ayer la humorada de reclamar respeto al resultado electoral por parte de los partidos que han impulsado su convocatoria legal.

La realidad innegable es que el procés se ha estrellado finalmente contra la realidad, pero no como se decía de un supuesto choque de trenes sino más bien como le pasaba al coyote de los dibujos animados que, de puro listo, se estampaba él solo.

Asombra, ciertamente, ver cómo el catalanismo moderado decidió un día abandonar el “trato”, que siempre había sido su estrategia, para dejarse arrastrar por el entusiasmo del segmento pijo-revolucionario que tenían en casa y tratar de hacerle un “truco” a España, a la que presumían torpe y lela, de tanto repetírselo a sí mismos.

Ahora ni truco ni trato. Los cargos independentistas serán procesados, con toda normalidad

No ha valido, claro. Ahora ni truco ni trato. Los cargos independentistas serán procesados, con toda normalidad, los funcionarios de la Generalitat seguirán trabajando como es habitual, pese lo excepcional de esta situación provisional y el 21 de diciembre habrá urnas legales, censos, interventores, cabinas, Junta Electoral y todo lo que corresponde, sin trucos. Con todo el respeto a la Ley y con toda normalidad.

Bueno, con una normalidad algo cambiada. Porque el delirio independentista y su disfunción cognitiva de lo que era la realidad que le rodeaba, ha hecho que en la propia sociedad catalana haya despertado y tomado la palabra un segmento de ciudadanos que los nacionalistas siempre ignoraron y desdeñaron pero que estaba ahí, fuera del poder, trabajándose cada día sus garbanzos (o sus patés de oca, que de todo hay también ahí). Un segmento de sociedad acostumbrado a la discreción y, tal vez por ello, cuidadosamente ignorado también por los políticos de España. Un sector social al que la irresponsabilidad de los catalanistas primero sorprendió, pero después alarmó, y mucho. Tanto que ahora esos catalanes han levantado la voz y las banderas, con dos consecuencias previsibles. La primera, que ya no van a poder ser arrinconados tan fácilmente por los grandes partidos nacionales y la segunda, que va a hacer que los nacionalistas, incluso aunque ganasen las elecciones legales y legítimas del 21 de diciembre, ya no podrán avanzar por terrenos tan llanos y confortables como los que se encontraban hasta ahora y a los que estaban acostumbrados.

Este extraño Halloween, tan inquietante y absurdo para los de mi generación, ha resultado un buen trasunto del fracaso del independentismo catalán

Este extraño Halloween, tan inquietante y absurdo para los de mi generación, ha resultado un buen trasunto del fracaso del independentismo catalán, al que, de tanto jugar al truco y al trato, lo que le ha llegado al fin ha sido su propio día de difuntos. El fiscal General del Estado, José Manuel Maza, ya ha enseñado la bolsa de amargos “ caramelos ” que tiene preparada para Carles Puigdemont y otros 19 cargos del Govern y de la mesa de la cámara catalana. Ni truco ni trato.


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