OPINIÓN

De rehenes y colas

Que a los pasajeros solo nos importen nuestras vacaciones es normal, que a la prensa solo le interesen las noticias, también, pero que a AENA solo le importen las colas no tiene un pase.

De rehenes y colas.
De rehenes y colas. EFE

Cuando trabajar ajustándose al reglamento causa el desastre, probablemente el desastre sea el reglamento mismo. Es lo que suele pasar en las llamadas “huelgas de celo”.

Es innegable que un trabajador puede hacer su labor con parsimonia y calma maliciosas pero también es cierto que a menudo las normativas que regulan su trabajo son irresponsablemente optimistas en cuanto a la capacidad de una persona para atender sus tareas. Es entonces cuando, para poder cubrir el servicio, el incumplimiento sistemático y cotidiano se convierte en la norma y cuando los trabajadores se hacen con un arma muy poderosa, que no es otra que desempolvar un día las condiciones que les obligaban y empezar a cumplirlas a rajatabla.

Que la Delegación de trabajo haya establecido unos servicios mínimos nada menos que del 90% para una posible huelga en El Prat a partir del día 14 hace sospechar que podríamos estar ante unos servicios que funcionan normalmente al límite del colapso. Impresión que se refuerza al saber que son habituales las jornadas laborales de 16 horas y que con solo incorporar 20 trabajadores de otros aeropuertos hubo días de la semana pasada con colas de solo cinco minutos.

Que la Delegación de trabajo haya establecido unos servicios mínimos nada menos que del 90% para una posible huelga en El Prat a partir del día 14 hace sospechar que podríamos estar ante unos servicios que funcionan normalmente al límite del colapso

Externalizar un servicio estratégico, como lo es la seguridad aeroportuaria en un país turístico, es perfectamente legítimo y tiene, sin duda, muchas e importantes ventajas, pero lo que no cabe es extrañarse de sus inconvenientes, que también los tiene. Que una empresa privada busque beneficios es indiscutible, que lo haga apurando el gasto cuanto pueda es esperable y que sus trabajadores pleiteen por mejorar sus condiciones también lo es. Lo inaceptable es que todo esto sorprenda a los responsables de AENA. A no ser que no hayan controlado nunca las condiciones en que se viene prestando el servicio por el que pagan, que podría ser. A no ser que lo único que les importase al externalizar una función tan vital como esta fuese el precio. A no ser que tenga razón esa sindicalista que decía: “igual que a AENA solo le importan las colas, a los pasajeros y a la prensa solo les preocupan las colas. Os juro que no nos preguntan por nada más, solamente cuánta cola hay...”

Que a los pasajeros solo nos importen nuestras vacaciones es normal, que a la prensa solo le interesen las noticias, también, pero que a AENA solo le importen las colas no tiene un pase. Cuando se contrata un servicio tan importante no basta con firmar, pagar, y mirar hacia otro lado después. Es lo que tiene externalizar: que luego hay que estar encima, informándose, corrigiendo y mejorando, sin esperar a la crisis. No vale decir ahora que antes de verano se aprobaron para El Prat refuerzos de 425.000 euros destinados a seguridad ¿Sabe AENA cuántas personas contrató EULEN con ese dinero? Por de pronto ya sabemos que con 20 hubiera bastado.

En cuanto a eso de que los huelguistas toman como rehenes a los viajeros, siendo cierto y muy de lamentar, tampoco debería escandalizar tanto a los responsables de AENA, porque la empresa pública también nos vende a nosotros, los viajeros, como público cautivo, por ejemplo a las empresas concesionarias de hostelería de sus aeropuertos. Si lo duda, pruebe usted a pedir un café y un pincho de tortilla y verá lo que le cobran. Eso sin contar con el desdoro para la Marca España que suponen tales tapas, porque podría haber visitantes extranjeros que lleguen a pensar que la afamada tortilla española era “eso”.


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