OPINIÓN

Al PSOE le sobra gente

A un partido que tenga como objetivo razonable ganar elecciones, es decir: ser el más votado de todos los que compiten, nunca le sobrará gente y, por tanto, no puede caer en el error de tratar como desafectos y deshacerse de todos los que alguna vez discreparon.

Al PSOE le sobra gente.
Al PSOE le sobra gente. EFE

Aunque no sea una buena noticia, resulta comprensible que Eduardo Madina, que se posicionó tan claramente contra el renacido Secretario General, se encontrase incómodo en el Grupo Socialista del Congreso y haya optado por retirarse. Incluso es aceptable que la nueva dirección haya saludado su marcha con una manifestación de despedida “estándar”, por utilizar un término de su propio portavoz: Oscar Puente.

Lo que ya no es tan normal es que su marcha haya desatado tal aluvión de aplausos, desprecios e insultos hacia su persona en las redes sociales por parte de muchos militantes, que siguen subidos a la marea de ira que se desencadenó el pasado 1 de octubre en aquel Comité Federal. Una ola que nadie supo o quiso parar y que, por lo que se ve, continúa bien instalada en el sentimiento de muchos socialistas.

El relevo de Alfonso Guerra al frente de la Fundación Socialista “Pablo Iglesias”, ha concitado importantes muestras de satisfacción hacia la actitud de Ferraz y bastantes insultos hacia el depuesto

También el relevo de Alfonso Guerra al frente de la Fundación Socialista “Pablo Iglesias”, ha concitado importantes muestras de satisfacción hacia la actitud de Ferraz y bastantes insultos hacia el depuesto, algo impensable en otro tiempo.

Al castellano- manchego García Page, que cometió la torpeza de vincular su futuro al del 39º Congreso, hay quien se lo estará recordando hasta el fin de los tiempos. Eso, y su pacto con Podemos que, paradojas de la vida partidaria, sus más críticos querrían, sin embargo, extender a todo el país.

Las cosas que se han dicho del dignísimo Javier Fernández en redes sociales con presencia de socialistas son de no repetir y a Patxi López solo le salva de la quema (de momento) que aceptase ser rescatado por Sánchez para su ejecutiva como único representante de los ajenos.

No faltan militantes socialistas que darían palmas de entusiasmo si, por fin, Felipe González se marchase del PSOE. O mejor, que lo expulsaran

Hay incluso páginas más o menos anecdóticas, pero reales, de peticiones de firmas para que Susana Díaz se vaya del PSOE y monte otro partido, o que sea expulsada (al gusto) y, a la vista de las cosas que se leen desde finales del año pasado, no faltan militantes socialistas que darían palmas de entusiasmo si, por fin, Felipe González se marchase del PSOE. O mejor, que lo expulsaran. Asombroso para quienes hemos vivido la transición.

Lo que llama la atención y mueve al asombro no es la discrepancia, tan habitual en las filas del PSOE, sino la inquina. No la crítica sino el insulto, la descalificación y la expulsión a las tinieblas de la “no izquierda” de cualquiera que no hubiera defendido al ganador actual desde el principio.

Dicen que las redes sociales posibilitan estas cosas pero lo cierto es que para facilitar el ejercicio del sectarismo y de la indignidad lo primero que hace falta es que ambos existan y a lo que parece en el nuevo PSOE, van sobrados. Ramón Jáuregui se preguntaba en relación con el cese de Alfonso Guerra “¿era necesario?” y la respuesta posiblemente sea que necesario no, pero que atractivo sí.

Las elecciones primarias tienen consecuencias secundarias y la polarización entre tú y yo, los tuyos y los míos, es una de ellas. Unos ganan y otros pierden y lo normal es que quien salga derrotado dé un paso atrás y deje hacer. Reprocharle que no se suba -entusiasmado- al tren que nunca quiso coger parece demasiado pedir, al menos a las pocas semanas del día de autos.

En su mano está revertir el distanciamiento inevitable que se crea en una elección de suma cero, como son las primarias

La obligación de quien gana es más compleja, desde luego, porque en su mano está revertir el distanciamiento inevitable que se crea en una elección de suma cero, como son las primarias, y tratar de atraer a quienes tuvo enfrente. Eso, o quedarse solo con su mitad, que también es legítimo, pero más propio de la izquierda comunista que de la socialdemocracia y que posiblemente sea una de las razones, si no la principal, por la que los de la hoz y el martillo, en sus miles de distintas y variadísimas presentaciones, nunca hayan ganado unas elecciones verdaderamente democráticas en ningún lugar del mundo.

A un partido que tenga como objetivo razonable ganar elecciones, es decir: ser el más votado de todos los que compiten, nunca le sobrará gente y, por tanto, no puede caer en el error de tratar como desafectos y deshacerse de todos los que alguna vez discreparon. La comodidad es tentadora, pero incompatible con el poder. Al menos con el democrático.


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