OPINIÓN

Ongi etorri Kepa

El tamaño importa cuando se quiere ser un lugar atractivo, y más en un tiempo en el que la seguridad laboral se ha esfumado.

Ongi etorri Kepa.
Ongi etorri Kepa. EFE

El 2018 ha empezado, como es costumbre en la televisión pública, con dos personajes mediáticos que se hicieron en Euskadi (Ane Igartiburu y Ramón García) presentando desde la Puerta del Sol la gala de nochevieja.

Según redacto estas líneas se confirma que el ondarrutarra Kepa Arrizabalaga será el fichaje de invierno del Real Madrid, al que llega proveniente de la cantera del Athletic. Me dicen que el disgusto en San Mamés y en Ibaigane (sede del club) es de pantalón largo.

Hace poco se conocía el dato de que en los últimos 15 años, Euskadi ha perdido el 45% de sus trabajadores de menos de 35 años de edad, 10 puntos más que el ya altísimo descenso en la población de jóvenes

Sería interminable, la lista de vascos que, atraídos por las mejores oportunidades de Madrid o expulsados por la escasez de ellas allí, andan -andamos- por esta villa incómoda, caótica, apresurada, ruidosa e irresistiblemente atractiva tal vez gracias a esos mismos defectos, y a otras virtudes, que también las tiene.

En el mundo televisivo y en el deporte es donde estas mudanzas resultan más visibles, pero desde luego que hay muchas más. Hace poco se conocía el dato de que en los últimos 15 años, Euskadi ha perdido el 45% de sus trabajadores de menos de 35 años de edad, 10 puntos más que el ya altísimo descenso en la población de jóvenes. A algún lugar se habrán ido.

Más allá de los cabreos monumentales que se cogen los hinchas rojiblancos, lo cierto es que en Euskadi sí que existe conciencia de la fragilidad que nos genera la fuerza de atracción de ciudades como Madrid y otras. Puede que a esa certeza contribuya la limitada población vasca ya que solo Bilbao y Vitoria superan en habitantes a Móstoles, Alcalá o Fuenlabrada y cuando no siendo tantos, la gente se va, poco a poco se acaba notando.

La corriente natural siempre ha discurrido inevitablemente hacia los grandes núcleos urbanos, donde hay más problemas, pero también más posibilidades

El tamaño importa cuando se quiere ser un lugar atractivo, y más en un tiempo en el que la seguridad laboral se ha esfumado. La corriente natural siempre ha discurrido inevitablemente hacia los grandes núcleos urbanos, donde hay más problemas, pero también más posibilidades. Las capitales más cercanas a Madrid saben bien de lo que hablo. Vencer esa tendencia tan lógica como humana requiere, por tanto, un esfuerzo constante y consciente, precisamente porque se trata de ir a contracorriente.

Por eso mismo causa un asombro especial ver la poca conciencia de peligro que parece haber en Cataluña respecto a la fuga de empresas, que se zanja con una acusación facilona a la presión del Gobierno de España. Los dirigentes catalanes parecen ignorar que la posición de lugar atractivo para la inversión, los negocios, el arte y para la vida, es un privilegio que se puede perder mucho más rápido de lo que parecen creer. Caerse del grupo de escapados al pelotón es lo más fácil del mundo a nada que uno se descuide unas pocas pedaladas.

Cataluña es, desde luego, más grande que Euskadi y con muchos más habitantes pero sus autoridades no deberían confiar solo en que eso les hará aguantar más tiempo. Porque no se trata de aguantar todo lo que se pueda antes de caer sino de crecer, en riqueza y en oportunidades. Mirando hacia otro lado cuando se les escapan los centros de decisión de las empresas hacen todo lo contrario de lo debido. Aunque, claro, si de verdad se creían que la independencia les iba a hacer más atractivos, comprendo que aún estén en shock.

España entera necesita apostar por un territorio más equilibrado, sin desiertos demográficos en torno a urbes colapsadas

España entera necesita apostar por un territorio más equilibrado, sin desiertos demográficos en torno a urbes colapsadas. Pero eso no es algo que vaya a lograrse por decreto, sino que será lento y complicado. La tecnología puede ayudar, pero también puede hacer todo lo contrario: acelerar la tendencia centrípeta de la capital. Es obvio que el propio País Vasco fue en otro tiempo un lugar que atrajo a miles de personas, cosa que también contribuyó a despoblar entonces otras zonas. Así que algo sabemos.

En todo caso no será fácil frenar esa tendencia -insisto- natural de las personas a buscar sus oportunidades allí donde sepan que las hay, como ha hecho el internacional Kepa Arrizabalaga. Pero es que, precisamente, la política buena es la que se atreve con problemas difíciles, como este del desequilibrio territorial, y la que, además, sabe que trabaja a largo plazo, no pensando en las próximas elecciones, que serán, por cierto, este año que acaba de empezar.

Mientras llegan seguiré quedando con mi pequeña piña de amigos vascos en Madrid para cenar de vez en cuando en sitios exóticos. Lejos del Cantábrico pero, por supuesto, aprovechando las oportunidades siempre que se pueda.

(Ongi etorri significa bienvenido)


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