OPINIÓN

Menudo resacón el de octubre en Cataluña

De todo este embrollo lo más difícil no va a ser lo que el Gobierno haga de aquí al 1 de octubre, sino lo que se haga por parte de los ciudadanos a partir del día después.

Menudo resacón el de octubre en Cataluña.
Menudo resacón el de octubre en Cataluña.

Le corresponde al Gobierno de España ver cómo hará para evitar la celebración del que Puigdemont y los suyos dan en llamar referéndum. Les confieso que tengo cierta curiosidad por saber cómo hará la vicepresidenta, Sáenz de Santamaría, para impedirlo. No dudo de su intención de responder con mesura, pero me cuesta imaginar los pasos concretos que, tan mesurados ellos, se habrán de dar. Los veremos, porque lo indiscutible es que, visto dónde se ha llegado, permitir de nuevo una votación masiva como la que se realizó en noviembre de 2014, ya no va a pasar por anécdota y, a estas alturas, resulta inaceptable.

Al portavoz de la Generalitat, Jordi Turull, solo le ha faltado pedir, por favor, que manden los tanques

Desde luego que la vice no va a tenerlo fácil para manejar la situación y encontrar el punto justo entre actuar con suficiencia y, a la vez, no alimentar el victimismo de quienes solo sueñan ya con el martirio (al portavoz de la Generalitat, Jordi Turull, solo le ha faltado pedir, por favor, que manden los tanques).

Pero siendo así que el Gobierno va a tener que manejar la situación con suma cautela y finura, tampoco lo va a tener nada fácil la propia sociedad catalana para encarar las consecuencias de tanta toxicidad como la que ha creado el proces y que sus protagonistas han inyectado machacona e insidiosamente en sus vecinos.

Según las encuestas del propio Centre d’Estudis d’Opinió de la Generalitat, los más independentistas son los más acomodados del país

Muchos en el resto de España nos hemos sorprendido de la tibieza con que la mayoría silenciosa de los catalanes ha reaccionado ante el estruendo de los indepes. Sin embargo, a partir del día 2, esa misma templanza puede convertirse en un capital impagable de sosiego y tranquilidad, con el que la sociedad catalana (que no otra cosa es Cataluña) pueda ir superando poco a poco la “pedazo de resaca” que va a vivir a partir de octubre; una vez que se constate, no ya el fracaso, sino la asombrosa extensión que alcanzó la inundación del delirio impulsado por sus clases dirigentes. (Según las encuestas del propio Centre d’Estudis d’Opinió de la Generalitat, los más independentistas son los más acomodados del país).

La calma con la que el Gobierno de España está reaccionando hasta ahora, mientras el Govern juega al escondite inglés con él, con las instituciones y con las leyes democráticas, ha causado no poca desazón en los más vehementes de aquí. Pero tanta paciencia, sea justa o timorata, no va a ser nada comparada con la que van a tener que derrochar los catalanes no independentistas para recuperar la convivencia normal con muchísimos de sus propios convecinos a los que la decepción y la rabia van a mantener intoxicados durante un tiempo proporcional al altísimo nivel de envenenamiento, a menudo voluntario, al que se han visto sometidos.

Va a hacer falta mucho seny para aguantar con calma la segura rabieta de los independentistas

Va a hacer falta mucho seny para aguantar con calma la segura rabieta de los independentistas y, ya más tarde (esperemos que no muy tarde) hará falta también para que se pueda recuperar en Cataluña esa sonrisa de la que los de la estelada presumían al principio pero que han ido perdiendo y que se tornará en mueca, o en algo peor, el día dos.

Si a partir de octubre el resto de españoles podemos aportar también un poco de calma tampoco les vendrá nada mal a nuestros compatriotas catalanes. Porque hay peligro de que la alternativa sea que la locura se enquiste, que el raca-raca continúe indefinidamente y que nos encontremos con una sociedad permanentemente dividida, con dos partes enfadadas y progresivamente más alejadas. Hay precedentes en otros países de Europa, pero eso es justo lo que Cataluña no ha sido hasta ahora y que esperemos que siga sin ser. De todo este embrollo lo más difícil no va a ser lo que el Gobierno haga de aquí al 1 de octubre –aun siéndolo- sino lo que se haga por parte de los ciudadanos a partir del día después para que la terrible resaca de octubre pase sin dejar secuelas graves. Eso sí que va a ser complicado.


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