OPINIÓN

Fatiga de materiales constitucionales

El resultado de las inminentes elecciones será importante, más para Cataluña que para España, pero todo empieza a apuntar a que habrá que iniciar alguna clase de proceso de renovación política de fondo en el conjunto de España.

Fatiga de materiales constitucionales.
Fatiga de materiales constitucionales. EFE

El sistema democrático español, sostenido por la Constitución que hoy cumple 39 años lleva ya unos cuantos dando muestras evidentes de algo parecido la fatiga de materiales. Como les pasa a las maquinarias muy trabajadas, que funcionan, pero cada vez con más problemas y averías, a la democracia española le empiezan a pasar factura las cuatro décadas de muchos y grandes aciertos y de también muchos errores y carencias.

La última avería, y sin duda la más grave, ha sido el caso de Cataluña, pero hay que recordar que el bipartidismo imperfecto sufrió una chirriante conmoción tras la llegada de los nuevos partidos

La última avería, y sin duda la más grave, ha sido el caso de Cataluña, pero hay que recordar que el bipartidismo imperfecto sufrió una chirriante conmoción tras la llegada de los nuevos partidos, Podemos y Ciudadanos, tanto a las cámaras legislativas como a ayuntamientos y otras instituciones. Lo que en principio pudo verse como un impulso que traería renovación, lo que trajo, de entrada, fue una feroz competencia electoral y, en la izquierda, una interpretación tan hiperestricta de la “autenticidad” que complicó enormemente formar gobierno. La reparación o, mejor dicho, el apaño de aquella avería de la vieja máquina democrática nos costó nada menos que una repetición de Elecciones Generales. Y a punto estuvimos de que fueran dos.

Los grandes partidos, PP y PSOE, perdieron la posición que habían tenido como garantes de la continuidad política del país. El PP se sostiene ahora apoyado en las siempre sólidas muletas del poder, que no le permiten avanzar demasiado pero que, al menos, le mantienen en pie con el único objetivo de la continuidad de todo, incluida la de Rajoy. El PSOE, por su parte, está aún en la lenta, difícil y trabajosa tarea de recuperarse del episodio más doloroso de su historia interna, en el que entró deslumbrado por el foco populista de Podemos y que le llegó a impedir algo tan simple y lógico como relacionarse normalmente con su adversario principal.

Los catalanistas moderados de CIU sucumbieron a la inaguantable pinza entre el independentismo y el 3%

Por su parte, los nacionalistas, siempre árbitros interesados en el bipartidismo, han alcanzado metas opuestas. Mientras el PNV, escarmentado de delirios soberanistas, ha reforzado como nunca su influencia en Madrid y solo espera a que se calme la tormenta catalana para lanzarse de inmediato a aprobar los presupuestos del Estado, los catalanistas moderados de CIU sucumbieron a la inaguantable pinza entre el independentismo y el 3%.

Añadamos a una opinión pública más televisiva que reflexiva, con unos medios de comunicación esclavos del clic, angustiados como empresas, asediados por la gratuidad de las redes y que no saben cómo convertir su esfuerzo en dinero que les aporte calma, continuidad y libertad.

Son demasiados los engranajes que tradicionalmente habían funcionado pero que ahora chirrían

Son demasiados los engranajes que tradicionalmente habían funcionado pero que ahora chirrían y se atascan en la máquina que arrancó hace ahora cuatro décadas. No solo los señalados, también la arena de la corrupción y el exceso de interés partidista, siempre inversamente proporcional a la generosidad para con la Nación y, por supuesto, la crisis que azota a las menguantes clases medias y reseca la esperanza de los jóvenes, son cosas que contribuyen a la creciente deserción popular hacia el “Régimen del 78” como le llaman los populistas, con toda la mala intención del mundo, tratando de asociarlo a la dictadura y, si cuela, presentarlo como un sucedáneo de aquella.

La aplicación del 155 en Cataluña ha sido la decisión más rotunda tomada por nuestro sistema constitucional una vez que se hizo evidente que estábamos clara, innegable e indisimuladamente ante el primer intento de ruptura directa y completa de la legalidad democrática. El revuelo que causó y que ni se supiese cómo iba a ser su ejecución concreta deja claro hasta qué punto nuestra democracia nunca se había visto ante una crisis de esa envergadura.

En uno o en otro sentido es ya urgente una renovación en la que, por cierto, los partidos tendrían la oportunidad de recuperar su valor como “expresiones del pluralismo político”

El resultado de las inminentes elecciones será importante, más para Cataluña que para España, pero todo empieza a apuntar a que habrá que iniciar alguna clase de proceso de renovación política de fondo en el conjunto de España. Algunos importantes representantes del mundo académico ya han manifestado su opinión acerca de la necesidad de una revisión constitucional que renueve a fondo la ya cascada máquina política que estrenamos en 1978. En uno o en otro sentido es ya urgente una renovación en la que, por cierto, los partidos tendrían la oportunidad de recuperar su valor como “expresiones del pluralismo político”, concurrentes “a la formación y manifestación de la voluntad popular” y como “instrumentos fundamentales para la participación política” tal y como les reconoce, expresamente, la Carta Magna que hoy conmemoramos los que creemos en ella.


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