OPINIÓN

Cataluña no se independiza, pero se separa

El colmo sería que nos creyésemos el discurso hábil pero falso del nacionalismo de que todos los catalanes son como ellos dicen y, peor aún que les copiásemos sus fastos y sus obras y nos convirtiésemos en lo que ellos mismos necesitan que seamos.

Cataluña no se independiza, pero se separa.
Cataluña no se independiza, pero se separa. EFE

Por mucho que nos empeñemos en no verlo y por mucha razón que tengamos al señalar las amenazas de los independentistas o las trampas, ilegalidades y evidentes abusos del Govern, en Cataluña se ha producido un auténtico cataclismo social que amenaza con ser más grave que la propia ruptura de la legalidad y del Estado de Derecho, que ya es decir. La ley será capaz, sin duda, de regular las instituciones, pero no hay norma que repare la fractura emocional entre personas, familias y vecinos.

La ruptura de la propia sociedad catalana es un hecho y en cuanto se apague el incendio de indignación que los independentistas han encendido con la gasolina de las cargas policiales, la propia Cataluña tendrá que enfrentarse al tremendo lío en que la han metido su Govern y las organizaciones que lo controlan.

Ahora que ya sabemos que, por mucho que lo insinuaba la vicepresidenta, el Gobierno no tenía plan alguno para evitar lo sucedido el domingo

Escribo esto en medio de la “huelga de país” que se está produciendo y que no es más que una forma de prolongar la tensión y también de tratar de atraer a más gente bajo las esteladas, incluso a los catalanes que ni votaron ni tenían intención alguna de hacerlo el domingo, pero a los que tampoco gustaron las imágenes de la policía dando porrazos. Pero esto pasará, la indignación, como el amor, es un sentimiento tan ardoroso como inconstante, aunque puede dejar un poso amargo tanto dentro de la propia Cataluña como con el resto de España. Ese sí que es un problema que va a haber que abordar de una forma diferente a la habitual en nuestro Gobierno. A saber: dejando las cosas pasar.

Ahora que ya sabemos que, por mucho que lo insinuaba la vicepresidenta, el Gobierno no tenía plan alguno para evitar lo sucedido el domingo y que, en consecuencia, se limitó a enviar a la policía, conviene que, esta vez sí, nos empiecen a explicar cuál es el plan para acercar a los catalanes no independentistas, que son la mayoría, y al resto de los españoles que no queremos romper con Cataluña, que también somos mayoría (aunque no todos).

El riesgo no es que Cataluña se independice, que no va a pasar, sino que se siga separando

Porque el riesgo no es que Cataluña se independice, que no va a pasar, sino que se siga separando, que la brecha que ya hay (porque la hay) se abra aún más y que el lado de allá se convierta en más atractivo que el de acá. Algo tendremos que hacer el resto de españoles para que nuestros compatriotas catalanes se sepan queridos y defendidos por su país, y no estoy hablando de negociaciones políticas o presupuestarias al uso sino de algo más importante, que es lo que toca la fibra de las personas. No es difícil: se puede empezar por no verlos como extraños tacaños, porque no son ni una cosa ni la otra, por no abrumarlos en cuanto suben a un taxi, por no interrogarlos cuando vienen a cenar y, desde luego, pasa por no molestarse tampoco cuando nos responden en catalán (los bilingües auténticos saltan fácilmente de un lenguaje a otro sin apercibirse). Todos sabemos que hay muchas formas de hacer a una persona sentirse bien y también muchas de incomodarla. Se trata de aplicar unas y no otras. Esa será la forma en que nos diferenciaremos de los independentistas que, ellos sí, necesitan despreciar y excluir a quienes no son como ellos porque va en su naturaleza no aceptar un país plural como el que queremos los demócratas. El colmo sería que nos creyésemos el discurso hábil pero falso del nacionalismo de que todos los catalanes son como ellos dicen y, peor aún que les copiásemos sus fastos y sus obras y nos convirtiésemos en lo que ellos mismos necesitan que seamos.

El Gobierno también tendrá que establecer alguna estrategia para evitar el alejamiento de una parte de los catalanes 

Pero esto no puede ser cosa solo de los ciudadanos. El Gobierno también tendrá que establecer alguna estrategia para evitar el alejamiento de una parte de los catalanes. Una estrategia de entrada para defender del acoso a la Cataluña no independentista pero también para atraer a muchos catalanes que hoy se tienen que sentir desorientados. Y al final de todo para, incluso, tratar de evitar una ruptura social definitiva en Cataluña que es por los que están trabajando denodadamente los independentistas. Pero, sobre todo, que sea una estrategia algo más afinada que la que desplegaron el domingo, por favor.


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