La Tribuna de Blas Piñar

¿Hay alternativa política para la esperanza?

Como si no hubiéramos aprendido nada, como si aún ignoráramos que la libertad es un reto personal que exige compromiso, los poderes del régimen político descompuesto que padecemos quieren que demos el visto bueno al consenso de la corrupción frente a la amenaza totalitaria que ellos mismos han generado

España está a punto de volver a perder una oportunidad histórica para cimentar una verdadera democracia con independencia judicial, verdadera representación y la necesaria libertad política

El panorama es desolador: los grandes medios de manipulación al servicio del poder eluden cualquier debate de fondo; basta un par de ejemplos de la pasada semana para comprender la gravedad del asunto: hemos conocido el informe de Cáritas sobre la desesperada situación de millones de españoles y nuevos y desoladores datos demográficos del INE. Ambas noticias han quedado enterradas en la basura de la corrupción y ningún político ha hecho ninguna propuesta sobre las mismas. Por si fuera poco lo anterior, además toman a broma la urgente necesidad de regeneración y creen que basta pedir perdón por robarnos para seguir disfrutando de sus privilegios. España está a punto de volver a perder una oportunidad histórica para cimentar una verdadera democracia con independencia judicial, verdadera representación y la necesaria libertad política. Unos políticos de escaso nivel intelectual,  acostumbrados a satisfacer al aparato del partido, y unos ciudadanos malcriados que no están dispuestos a defender su libertad, impiden poner en marcha una profunda regeneración institucional.

Cualquier español que ha nacido en la democracia, que ha tenido el privilegio de crecer y aprender en paz, que aún tiene la suerte de trabajar o busca soluciones a un desempleo que dura demasiado, que está preocupado por el país que está dejando a sus hijos, que cree en su nación y en la posibilidad de convivir lejos del sectarismo porque ya no piensa en la clave rencorosa de una remota Guerra Civil a pesar de Zapatero, contempla estupefacto la entrada al callejón sin salida al que nos empujan unas élites ensimismadas y alejadas totalmente de la vida cotidiana de tantos y tantos españoles. Ese callejón oscuro es sin duda el neocomunismo de un sujeto aupado por las grandes cadenas de televisión cuya alternativa, nos dicen insistentemente, solo puede ser un pacto entre responsables del consenso de la corrupción. Pero, ¿se agota ahí toda la realidad como pretenden hacernos creer numerosos analistas y editorialistas? ¿Hay que mantener este régimen ya  fenecido para hacer frente al nacionalismo separatista y a la amenaza totalitaria?

El reto actual empieza por ejercer nuestra libertad desde el momento en que elegimos qué medios leemos

España tiene alternativa. Hay varios partidos nuevos que se presentan enfocados en la regeneración política y no deja de resultar un buen reflejo de los oscuros intereses del poder comprobar que, mientras Podemos está hasta en la sopa, Ciudadanos, UPyD y VOX  apenas aparecen en el panorama mediático. Por eso el reto actual empieza por ejercer nuestra libertad desde el momento en que elegimos qué medios leemos. Gracias a Internet, un refugio de la libertad, tenemos digitales de calidad que son realmente independientes y que cuentan con colaboradores de talla intelectual. Así, de la misma manera que tenemos la posibilidad de elegir cómo informarnos, tenemos alternativas políticas frente a corruptos, separatistas y totalitarios.

Todo está sucediendo a gran velocidad y las deducciones de cualquier analista inteligente acaban por cumplirse en un cortísimo plazo. La información vuela y es fácil comprender los planes y estrategias del poder cuando vemos a la vicepresidenta del Gobierno inaugurar un medio privado en catalán junto a la oposición, el nacionalismo y un famoso consejero delegado siempre bien conectado con la Moncloa y el poder financiero. Son ya demasiadas ceremonias a espaldas de la ley y ha llegado el momento de exigir, y quizá provocar, una catarsis para dar paso a una democracia de verdad.

No podemos seguir desperdiciando oportunidades, la nación no lo soportaría. No podemos renunciar a entender las claves del momento presente

No podemos seguir desperdiciando oportunidades, la nación no lo soportaría. No podemos renunciar a entender las claves del momento presente. Por supuesto que hay otra alternativa a la desesperanza, pero exige que nos impliquemos. No es tiempo de quejas porque han sido muchos años de silencio, resignación y complicidad. Hoy conocemos casos de corrupción gravísimos pero no son escándalos de estos días. Desde los primeros momentos de la Transición, en los que se cedió demasiado a los que nunca quisieron una verdadera democracia, se han ido anulando los controles para facilitar la corrupción. No ha habido fallos; es que se ha creado una estructura institucional perfecta para que los corruptos triunfaran. Justicia politizada, partidos internamente no democráticos y diecisiete chiringuitos regionales, constituyen el caldo de cultivo perfecto que ha multiplicado las tramas para cometer múltiples delitos.

Conociendo bien las causas podremos articular bien las soluciones y, por eso, tenemos que decir que hay alternativa y que hay esperanza más allá de la trampa a la que quieren empujarnos, para que elijamos entre una reedición del consenso de la Transición que jamás podrá corregir sus defectos, o un Estado totalitario mucho más peligroso que exacerbará todos los males del que actualmente padecemos. Pues ni unos ni otros. Hay alternativas para la esperanza tanto en forma de medios de comunicación libres como en esos nuevos partidos cuyo programa es la urgente regeneración institucional. Todos merecen apoyo.


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