OPINIÓN

No al secesionismo nacionalista

En un entorno en el que se espolea a las masas, se incita a la violencia, al rencor y al odio, a tomar las calles para romper el statu quo, se crean obstáculos de toda índole para que las personas no puedan cooperar pacífica y voluntariamente en la sociedad, y asociarse como estimen conveniente.

No al secesionismo nacionalista.
No al secesionismo nacionalista. EFE

Josep Guardiola afirmaba recientemente que lo que ocurre en Cataluña "no va de independencia, sino de democracia". Evidentemente, parte consustancial de la democracia es el ejercicio del voto. Pero el eslógan, como tantos otros, desliza una trampa que utilizan cada dos por tres los nacionalistas catalanes. Además de obviar que un sistema democrático es algo más que votar -entre otras cosas la democracia produce una hipertrofiada legislación que puede regular, precisamente, el ejercicio del derecho al voto-, el objetivo principal de este tipo de manifestaciones es el de centrar el análisis entre democracia y secesión.

Lo que están tratando de blanquear de modo torticero a través del referéndum no es la secesión en sí, sino, sobre todo, su nacionalismo

Sin embargo, lo que están tratando de blanquear de modo torticero a través del referéndum no es la secesión en sí, sino, sobre todo, su nacionalismo. Los cánticos de la masa enfervorizada gritando en la calle "Votarem" a tres o cuatro policías de paisano (que no dejaban de ser una minoría frente a aquella masa, es decir, fue un acto violento de amedrentamiento) que venían de registrar alguna de las sedes políticas de los partidos nacionalistas es una de tantas consecuencias que se repetirán a consecuencia de esta lamentable deriva.  

Pero que exista tanta demagogia nacionalista no significa que debamos ignorar a miles de personas que quieran formar una comunidad política aparte del Estado español o de la nación española. Que estemos en desacuerdo con lo que publica un periódico no significa que debamos derogar la libertad de prensa. Que no estemos de acuerdo con el modelo educativo de un determinado centro escolar no significa que debamos derogar la libertad de enseñanza y de creación de centros educativos (ojalá existieran). Que no estemos de acuerdo con la manipulación ejercida por el nacionalismo catalán durante tantas décadas no significa que si tantos individuos quieren salirse de la jurisdicción española y crearse una propia no pudieran hacerlo a través de la secesión pacífica.

El resultado de un referéndum es siempre totalitario para los perdedores, salga el sí o el no

Pero ¿cómo? Desde luego, no como está planteado sobre la base nacionalista y estatista: un referéndum en el que la mayoría impone "la solución" a la minoría. ¿Qué hay de quienes quieren seguir siendo españoles?, ¿o pretenden optar a conformar otros grupos políticos? La vía del referéndum al final pretende imponer una nación u otra. Es decir, el resultado de un referéndum es siempre totalitario para los perdedores, salga el sí o el no.

Lo anterior podrá ser tildado de ambiguo o de una "equidistancia cómplice" tanto por unos como por otros. Y la razón de que así sea se explica, en parte, por concebir a las personas como fruto de la comunidad natural a la que pertenecen (es decir, en la que han nacido). Desde este punto de vista, la voluntad del todo prevalece sobre la voluntad de las partes. La identidad del individuo se deriva de la identidad del grupo. Y es obvio que  parte de la identidad del individuo proviene de las relaciones sociales que establece en la comunidad en la que haya nacido o esté integrado, pero eso no significa que deba someterse obligatoriamente hasta el fin de sus días a esa identidad.

La libertad de asociación tiene una base contractual: las personas deciden relacionarse y cooperar pacíficamente entre ellas en función de sus respectivos intereses

Al contrario, dar paso a la voluntariedad, a la libertad de elección tiene aquí su espacio. La adscripción voluntaria a una comunidad política es fundamental para que aceptemos pacíficamente las obligaciones de participar en dicha comunidad. La secesión (otra cosa es cómo sucede) va en esa línea de asociacionismo porque permite dar salida a un conflicto que puede darse en el seno de una comunidad y que la resquebraja. Es decir, la libertad de asociación tiene una base contractual: las personas deciden relacionarse y cooperar pacíficamente entre ellas en función de sus respectivos intereses (no por imposición de la voluntad del grupo).

Y en este sentido, el referéndum y el proceso nacionalista es, en mi opinión, un atentado a la libre asociación. En un entorno en el que se espolea a las masas, se incita a la violencia, al rencor y al odio, a tomar las calles para romper el statu quo, se crean más obstáculos de toda índole para que las personas pueden cooperar pacífica y voluntariamente en la sociedad, y asociarse como estimen conveniente.

Y es esa base "contractual", voluntaria y realista lo que se contrapone a ese delirio nacionalista que no tiene el menor pudor en utilizar a las masas y tontear con el peligro que siempre se deriva de ello: el surgimiento de la violencia. La querencia por la libertad individual es lo único que podrá contrarrestar el nocivo efecto de la política en tantos ámbitos de nuestras vidas, también en la demarcación de la comunidad política a la que pertenecemos.


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