OPINIÓN

¿Es la reválida y los suspensos lo más importante?

Cuando un único oferente de un servicio tiene que prestarlo a una inmensa masa de población, una de las primeras decisiones es determinar qué habilidades y conocimientos debe conocer esa ingente población, definir la información para su suministro en masa.

¿Es la reválida y los suspensos lo más importante?
¿Es la reválida y los suspensos lo más importante? EFE

En los últimos días estamos conociendo el enésimo cambio educativo que planea el Gobierno. Por ejemplo, reválidas de sólo cuatro asignaturas y con un fin más de diagnóstico del sistema que de los conocimientos del alumno, o hacer posible que se obtenga el título de la ESO con dos asignaturas suspensas.

El problema no es sólo que se degrade los exámenes como sistema de evaluación o el número de asignaturas que pueden suspenderse, sino que no se aborden los problemas de raíz, de enfoque, de perspectiva y que tienen que ver con: la relevancia de las asignaturas y la existencia de un único método de evaluación, el de los exámenes, consistente en pruebas estandarizadas que no contemplan la diversidad del conocimiento y de los alumnos, y que no recogen los principios de lo que debería ser la educación, en un sentido más amplio que el actual.

Cuando un único oferente de un servicio tiene que prestarlo a una inmensa masa de población, una de las primeras decisiones es determinar qué habilidades y conocimientos debe conocer esa ingente población, definir la información para su suministro en masa, para lo cual debe establecerse cómo se estandariza.

Es por esto que un sistema de educación estatal se ha basado, en primer lugar, en la acción de transmitir, y en segundo lugar, fundamentalmente en transmitir cada vez más información (conjunto de datos procesados y presentados para hacerlos útiles y a todos por igual, independientemente de cómo aprende el niño en cada momento, suele responder a preguntas del tipo quién, dónde, cuándo y cuántos). También en la transmisión de un poco de conocimiento (que es el conjunto de informaciones, responde a las preguntas de cómo o cómo hacer y suele transmitirse a través de instrucciones, más cercanas a la práctica); y en dejar al margen y de manera secundaria la transmisión y fomento del entendimiento (conjunto de conocimientos, responde al por qué, con razones, e implica en mayor grado la iniciativa, e intereses, intelectual del alumno), y nada de sabiduría (conjunto de entendimientos, no puede transmitirse, se consigue cuando uno se enfrenta constantemente a la práctica, en situaciones de la vida real, no en una escuela burbuja que no refleja los hábitos y costumbres de la vida real: acuerdos, voluntariedad, creatividad, cooperación, autonomía y autogestión, etc.).

Tradicionalmente se ha asimilado el enseñar con hablarle a alguien, con transmitir información, en lugar de concebirse como explicar algo a alguien que quiere encontrar algo o está interesado en ese tema

Esto se explica porque tradicionalmente se ha asimilado el enseñar con hablarle a alguien, con transmitir información (es decir, se ha centrado el foco en el emisor o maestro, y no tanto en el receptor o alumno), en lugar de concebirse como explicar algo a alguien que quiere encontrar algo o está interesado en ese tema. Si los alumnos no tienen autonomía, no se respeta e integra sus intereses (y esto implica la libertad curricular), es imposible poder ir más allá de la mera transmisión de información de docente a alumno, un sentido unidireccional.

Pero la educación debería ser algo más que, fundamentalmente, la transmisión de información. Debería ser instruir (transmitir conocimiento, cómo hacer algo haciéndolo el instructor), entrenar (instruir con el ensayo, con la aplicación), exponer (dos o más partes comparten lo que saben de un tema), debatir (y no sólo asumiendo roles o posiciones con temas restringidos, sino también realizando una práctica socrática en la que los alumnos, con el apoyo y guía del maestro, son los líderes en el aprendizaje en este formato). Y que estas acciones no sólo fueran realizadas por el maestro, también de parte de unos alumnos a otros, con el maestro como facilitador (uno de los métodos más efectivos para aprender es enseñar). Y no sólo mediante la palabra o por escrito, también la práctica, al fin y al cabo la figura del aprendiz no sólo debería utilizarse en la Formación Profesional para profesiones técnicas sino en todo el periodo lectivo en múltiples actividades, cuando se requiera, pues también se aprende observando a otros realizar una acción.

Si se está de acuerdo en los anteriores conceptos y métodos, significa que se acepta que los niños y jóvenes destinen el tiempo a debatir, que los intereses de los alumnos fueran válidos a la hora de crear los contenidos curriculares, que se dé total autonomía y libertad de creación de centros educativos para que no haya un único suministrador del servicio que lo estandarice todo, que no se encapsule los datos e información en asignaturas que compartimentan y parcelan ese conocimiento, que las asignaturas no sean el único contenido ni tengan obligatoriamente que ser el más relevante de un curriculum...

Replantearse la educación exige replantearse el examen como método de evaluación

... Y, claro está, replantearse la educación y dar entrada a todo lo anterior también exige replantearse el examen como método de evaluación. ¿Puede evaluarse la creatividad, la innovación, el espíritu empresarial, la iniciativa o el criterio, con exámenes o test estándar? ¿Pueden evaluarse únicamente mediante exámenes estandarizados todas las habilidades plasmadas o adquiridas en proyectos, experimentos, resolución de conflictos, etc.? ¿Cómo evaluar la capacidad de identificar, de percibir, de descubrir los problemas? Los exámenes plantean la resolución de problemas, pero ¿y la identificación de éstos? Algo que en la vida real es clave es ignorado por los exámenes que excluyen la evaluación de los procesos de detección de esa información (la definición de los problemas). De hecho, en muchas ocasiones la solución va a depender de cómo se ha formulado el propio problema. ¿Pueden los exámenes avisarnos de la capacidad que van a tener nuestros hijos de realizar satisfactoriamente las profesiones que elijan, o certifican que saben hacer exámenes (algo que sin duda es útil, pero no es lo único)?

No es que se acabe con el examen como método evaluador sino que la última medida del PP, y más en estos meses de trabajos para alcanzar un pacto educativo, debería ser un acicate para repensar estos sistemas que permitan evaluar más variables, como los intereses propios, el juicio, el criterio, la honestidad, la creatividad, la curiosidad, la iniciativa, la persistencia, la intensidad, las habilidades interpersonales, etc.

De ahí que sea conveniente que el debate se abra a otros sistemas de evaluación y no a si se pasa de etapa con dos asignaturas suspensas o si deber ser un número (el 5 como nota media mínima) el que determine tantas cosas diferentes. Otros sistemas de evaluación como las conversaciones, los proyectos, las reflexiones, los artículos o posts, las aplicaciones tecnológicas, la inteligencia artificial, la observación activa del maestro, etcétera, deberían introducirse.

La crítica de siempre es la fácil: que no hay dinero. En realidad hay que repensar el enfoque, identificar o definir el problema (como antes comentaba), y no sólo resolver un problema dado (un modelo educativo estatal impuesto) al que se pretende hacer más eficiente cuando lo que deberíamos hacer es más eficaces o, parafraseando a Peter Drucker, no es lo mismo hacer las cosas correctamente que hacer las cosas correctas.

Repensar el enfoque es plantearnos qué es la educación, que no es sólo la transmisión fundamentalmente de información y datos encapsuladas en asignaturas que se evalúan mediante un único sistema, los exámenes. También es preguntarnos por qué éste servicio debe ser suministrado únicamente por un oferente (la Administración), que siempre tenderá a usar métodos estandarizados y escasamente innovadores; o por qué no pueden utilizarse el gran banco de conocimiento que es internet, o por qué no observar modelos educativos que ya existen y están surgiendo en el ámbito no estatal en todo el mundo y que tratan de aplicar estas ideas. Desgraciadamente la respuesta a estas preguntas es: porque no existe libertad educativa.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba