OPINIÓN

La productividad no son los umbrales, Sr. De Guindos

El tamaño de las empresas influye positivamente en la productividad, pero menos que la propia productividad en el tamaño de las empresas.

La productividad no son los umbrales, Sr. De Guindos.
La productividad no son los umbrales, Sr. De Guindos. EFE

El Ministro de Economía compareció este jueves ante la Comisión de Economía del Congreso con motivo de la Estrategia para el Crecimiento Empresarial anunciado por el Gobierno a principios de mes, pero desgraciadamente apenas desgranó ninguna medida. La idea que han trasladado es que las empresas deben ser más grandes para ser más productivas, poder internacionalizarse y poder contar con otro tipo de ventajas como el acceso a la financiación.

El Ministerio de De Guindos ha identificado una serie de regulaciones laborales, fiscales o contables que dificultarían el crecimiento de las empresas. A pesar de la sorprendente falta de información para alargar políticamente un anuncio positivo sin apenas concretar nada, sí es de agradecer este intento de desregular.

A pesar de la sorprendente falta de información para alargar políticamente un anuncio positivo sin apenas concretar nada, sí es de agradecer este intento de desregular

Sin embargo, si sólo se enunciara de este modo, no estaría contándose toda la realidad. Este Gobierno esta apuntándose un tanto demagógico en el sentido de arrogarse el poder de crear un fenómeno económico positivo, como es el de aumentar la productividad a través de incrementar el tamaño de las empresas (reformando la regulación).  El Gobierno no va a incrementar el tamaño de las empresas (en el mejor de los resultados), va a permitirlo. Este aparente matiz en realidad es una gran diferencia. Porque entonces, al analizar las modificaciones que nebulosamente hemos podido conocer, llegamos a la conclusión de que estas medidas son otra muestra de la incoherencia de la política económica del Gobierno.

Al final, la idea que se desprende no es la de aliviar la regulación para las empresas, sino simplemente evitar un mero "efecto de acumulación"

El Ejecutivo pretende, fundamentalmente, aumentar la productividad aumentando el tamaño de las empresas. Y para ello han planteado modificar ciertos umbrales (como el número de facturación, de empleados, etc.), a partir de los cuales cambia la regulación. Por ejemplo, sobrepasada determinada facturación, se endurece la legislación contable o las obligaciones fiscal (más declaraciones a presentar) o se incrementan los impuestos (pagos fraccionados más cuantiosos, limitación de deducciones, etc.). El ejemplo que se menciona por parte del Ministerio en este sentido es la unificación de tipos impositivos en el Impuesto sobre Sociedades, lo que supuso, al final, un incremento del tipo para las Pymes (aun a pesar de las nuevas deducciones que se crearon).

Al final, la idea que se desprende no es la de aliviar la regulación para las empresas, sino simplemente evitar un mero "efecto de acumulación", las empresas evitan crecer para no sobrepasar esos umbrales y padecer el verdadero problema, que no es que existan regulaciones diferentes, sino regulaciones dañinas.

Y esa es la incoherencia que le lleva a evitar multitud de condicionantes legales que torpedean el ansiado crecimiento de las empresas. Por ejemplo, las cotizaciones sociales, un tipo de impuesto al trabajo que repercute directamente en la estructura productiva y viabilidad de la empresa porque tiene un primer efecto en su generación de beneficios. Un verdadero problema regulatorio que masacra a las empresas que se basan en el factor trabajo y que no se ha mencionado.

Este problema se amplifica cuando recordamos un informe que elaboró la Comisión Europea en 2015 en el que concluía la mayor dependencia a la financiación bancaria de las empresas españolas respecto a las europeas. No lograr los beneficios y la liquidez a causa de este tipo de impuestos restringe la posibilidad de acceder a la financiación (bancaria) clave para poder crecer.

Si tanto preocupa el tamaño de las empresas al Gobierno, debería atender al reciente informe del Banco de España

Y por supuesto, sería sorprendente que el Ministerio de Economía abordara el problema de la representación colectiva de los trabajadores en el seno de la empresa. La obligación de tener delegados de personal pasados los 10 trabajadores o un comité de empresa, cuando hay más de 50 trabajadores, puede que aparentemente no presente ningún problema. Sobre todo si tenemos en cuento lo que comentaba el gran economista William Hutt, cuando afirmó que las asociaciones de trabajadores sólo podrán incrementar los salarios (o las condiciones laborales) si consiguen incrementar su productividad. El problema es que la regulación laboral no está diseñada con ese espíritu de fomento de la productividad, sino con el de la lucha de clases para conseguir la "paz" social, lo que hace que estas disposiciones terminen por convertirse más veces de lo deseado en un arma para esa lucha que perjudica a todos, que para incrementar la productividad.

De hecho, si tanto preocupa el tamaño de las empresas al Gobierno, debería atender al reciente informe del Banco de España en el que obtiene unos resultados que nos muestran dos ideas. Que, efectivamente, el tamaño de las empresas influye positivamente en la productividad, pero menos que la propia productividad en el tamaño de las empresas. Al final de este trabalenguas, e independientemente de la intensidad de las influencias recíprocas, lo importante es que ambas variables se influyen. De ahí la importancia de no sólo centrarse en si subir o bajar umbrales o unificar tipos, sino de trasladar la necesidad y las iniciativas legislativas correspondientes para acabar con las políticas económicas que atentan directamente contra la productividad (y por ende contra el tamaño empresarial), como las mencionadas.


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