OPINIÓN

La moción de censura y la donación de Amancio Ortega

Para muchos, es más importante que el servicio sanitario se preste por el Estado a que exista un servicio sanitario en sí mismo, sea público o privado. Dar más importancia al oferente es no dar importancia al demandante, al ciudadano, por eso no es de extrañar que esta visión se base en expropiar la capacidad de decisión de los ciudadanos y sustituirla por los políticos.

La moción de censura y la donación de Amancio Ortega.
La moción de censura y la donación de Amancio Ortega. Sasint

La tercera moción de censura de nuestra democracia ha servido más a los propósitos de cada partido que para presentar, que al fin y al cabo para eso está, una alternativa real de Gobierno. No obstante, al menos ha servido para ver el contraste en el debate dentro del Hemiciclo y el suscitado a raíz de la última donación de Amancio Ortega.

La "alternativa" de Podemos: más estatalización

De las once medidas anticorrupción que lanzó el líder de Podemos, el enfoque que aparentemente se daba era el de ser propuestas de tipo administrativo, el estatus de las diferentes partes del Estado, las relaciones entre ellos o los procedimientos: ley de partidos políticos, la policía judicial, las puertas giratorias. Pero sí hubo al menos dos que afectaban a derechos fundamentales, como la abolición del secreto bancario y el endurecimiento del delito fiscal.

Aunque todas podrían ser aprobadas por todos los partidos de la cámara sin excepción (ahí está el pensamiento único), estas dos últimas mencionadas sí tienen esa impronta estatalizadora, que porta por bandera la formación morada, y que sirvieron de antesala del apogeo estatista que supuso el paquete de medidas económicas que expuso a continuación bajo el nombre, un tanto cursi, de "cinco vectores para el cambio económico".

Que se sepa, hasta el momento y por mucho "gobernante o dictador benevolente" que queramos suponer tener, todavía no hemos llegado a la simbiosis total en que el gobernante es lo mismo que el gobernado

Los susodicho vectores son una auténtica usurpación en toda regla de la mermada esfera de decisión privada de los particulares por el poder político. La reestatalización del sector eléctrico (de poco sirve que afirmara "independientemente de si se presta por instituciones públicas o privadas", ¿quién se lo cree?), la estatalización de las centrales hidroeléctricas, el aumento de las inversión pública para "impulsar" los denominados "sectores estratégicos", una banca pública, la mayor estatalización de las relaciones laborales (mayor peso de organizaciones dependientes del estado -i.e., sindicatos-. en la negociación entre empleador y empleado); estatalización de los salarios (en este caso, incrementar el salario mínimo que terminaría por generar más desempleo en aquellos puestos de trabajo que no aportan el valor para cubrir dicho importe), más inspección laboral, entre otras medidas. 

El salto mortal invertido estatal lo dio cuando contempló la educación y la sanidad no como un gasto sino como una inversión (!), un bonito eslogan que cobra todo el sentido cuando es el usuario o el consumidor de los servicios quien realiza la inversión en dichos servicios, en planificar el esfuerzo realizado y valorar la recompensa esperada, no cuando quien toma la decisión de dónde, cuánto o cómo invertir es un tercero que no recibe el servicio, que lo hace de manera unilateral y que rompe la vinculación entre oferente del servicio y demandante del servicio. Que se sepa, hasta el momento y por mucho "gobernante o dictador benevolente" que queramos suponer tener, todavía no hemos llegado a la simbiosis total en que el gobernante es lo mismo que el gobernado. 

El otro debate: la donación de Amancio Ortega

En cualquier caso, la idea estatalizadora de fondo sobre oferentes y demandantes mencionada, que predomina en Pablo Iglesias pero que es compartida por todos los integrantes del Congreso de los Diputados, ha cobrado relevancia práctica con el debate suscitado ante la última donación de Amancio Ortega a la Sanidad Pública, y de cómo organizaciones y partes del propio sistema estatal la han rechazado de manera, aparentemente, incomprensible.

Ver al Estado como un fin en sí mismo conduce a considerar a los ciudadanos como una mera excusa para mantener el sistema

Para estos, como para Iglesias, al final prima más el productor que el consumidor. Es más importante que el servicio sanitario se preste por el Estado a que exista un servicio sanitario en sí mismo, sea público o privado. Dar más importancia al oferente es no dar importancia al demandante, al ciudadano, por eso no es de extrañar que esta visión se base en expropiar la capacidad de decisión de los ciudadanos y sustituirla por los políticos. Ver al Estado como un fin en sí mismo conduce a considerar a los ciudadanos como una mera excusa para mantener el sistema.

Afortunadamente, la mayoría que aceptó de buen grado la donación privada se basó, aunque fuera de manera implícita, en considerar al Estado como un instrumento, como una manera de organización que permita ofrecer una red de seguridad para los que por sí solos no pueden garantizársela. Bajo esta concepción, ¿por qué rechazar la donación que permite obtener el fin perseguido, que es obtener un servicio valorado?

Extender este argumento a otros servicios no haría sino abrir las posibilidades a nuevos oferentes en todos los servicios públicos, devolviendo la voz y la decisión a los ciudadanos. Se entiende, por tanto, que esta vía en la que el Estado deja de ser el promotor único de muchos servicios y pasa a asumir un papel subsidiario cobre relevancia, especialmente ante un escenario en el que los Estados del Bienestar afrontan una crónica infrafinanciación fruto de la ineficiencia y el envejecimiento de la población, entre otras razones. En concreto, la mayor provisión público-privada o como la recientemente formulada para Nueva Zelanda (aplicable para otros países) que trata de financiar los servicios propios del Estado del Bienestar apoyándose más a través del ahorro (forzoso) y la decisión individual que en gestionar el Estado lo extraído a través de elevados impuestos.

Esta visión más aperturista y centrada en los servicios más que en el Estado de una mayoría que en el día a día decidió no sólo adoptar sino aplaudir la donación de Ortega, brilló por su ausencia en la cámara baja de nuestras Cortes

Aunque luego quienes aceptaron y aplaudieron la donación de Amancio Ortega puedan votar o hayan votado a la propia formación de Pablo Iglesias, las acciones del día a día muestran mucho mejor las preferencias de los ciudadanos que depositar cada cuatro años un voto, y cómo estas preferencias suelen ser más prácticas. Esta visión más aperturista y centrada en los servicios más que en el Estado de una mayoría que en el día a día decidió no sólo adoptar sino aplaudir la donación de Ortega, brilló por su ausencia en la cámara baja de nuestras Cortes, no ya en quien se postulaba como adalid del cambio alternativo presentando un retorno a mayores cotas de estatalización, sino en quienes estaban allí para darle la réplica.


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