OPINIÓN

¿Contra qué lucha Cristiano Ronaldo?

Las leyes fiscales están plagadas de conceptos y disposiciones discutibles, y además con la clara tendencia a penalizar no ya la evasión fiscal sino simplemente el intento legítimo de reducir la carga de impuestos

¿Contra qué lucha Cristiano Ronaldo?
¿Contra qué lucha Cristiano Ronaldo? Daniel Ochoa de Olza

La semana pasada Cristiano Ronaldo tuvo que hacer frente a la acusación de un delito fiscal por supuestamente haber evadido millones de euros al Fisco. Como cada verano, algún famoso se ve obligado a pasar por la pena del banquillo o por la pena del telediario. Sin embargo, el caso de Cristiano Ronaldo evidencia aspectos más importantes más allá de los puramente fiscales.

Unas de las diferencias obvias entre el caso de Cristiano Ronaldo y el de Messi (también aquí hay rivalidad), es que el astro portugués se ha rebelado contra la obligación de seguir el mismo camino que otros jugadores: inculparse del delito y pagar la mordida. Sorprendentemente, el jugador parece mantenerse firme en demostrar su inocencia y en que su planificación fiscal nunca se ideó desde la mala fe. Lo que algunos ven como chulería a otros nos recuerdo a ese orgullo de los empresarios de Ayn Rand en La rebelión de Atlas.

Sorprendentemente, el jugador parece mantenerse firme en demostrar su inocencia y en que su planificación fiscal nunca se ideó desde la mala fe

Para que exista delito fiscal es necesario que además de dejar de ingresar los impuestos haya habido una conducta deliberada e intencional para defraudar. Y aquí reside uno de los ases en la manga de Hacienda (en este caso y por lo que se conoce, ha habido una división interna entre los departamentos de la Agencia Tributaria en cuanto a la conveniencia de usar la vía penal o la administrativa). El acogerse al beneficioso régimen de impatriados, la Ley Beckham, que permite pagar menos impuestos a extranjeros que viven en España, ¿no refleja una intención de pagar menos impuestos? Sí. ¿Es ilegal? No. Las leyes fiscales están plagadas de conceptos y disposiciones discutibles, y además con la clara tendencia a penalizar no ya la evasión fiscal sino simplemente el intento legítimo de reducir la carga de impuestos. En este caso, el propio acusado tiene recursos económicos y la voluntad de defenderse, pero como decía la Inspectora Isabel Espejo Poyato, en muchas otras ocasiones el propio acusado no tiene ninguna de las dos cosas, ni tampoco tiempo, como para demostrar su inocencia (pues de facto se invierte la carga de la prueba y se presupone la culpabilidad) y aportar una contrapericia que evite que el informe de la inspección sea la única e indiscutida prueba.

Parece que se le quiera recalificar la mayoría de los ingresos mundiales como ingresos en España

De la información que ha trascendido, parece que se le quiera recalificar la mayoría de los ingresos mundiales como ingresos en España. ¿Alguien cree que lo que gana una estrella mundial se deba únicamente a su actividad en España? Se le acusa de dolo, en parte por la opacidad y sofisticación de su estrategia fiscal. Sin embargo, ¿cómo un sujeto pasivo va a informar de absolutamente todos sus pormenores estratégicos a quien tiene por objetivo expropiarle la mayor porción de la riqueza que él ha creado? Aún así, el propio jugador informó de sus bienes en el extranjero en 2015 a través del modelo 720 (que, aunque no sea contarlo todo ya, es un material muy jugoso para los inspectores) e incluso entregó contratos con las diferentes marcas de las que es imagen. Y además, la propia ley a la que se acogió permite tributar fuera por los ingresos generados fuera (!). ¿Dónde queda entonces esa intención oculta, fraudulenta, dolosa y culposa que motiva que tenga que pasar por el juzgado y someterse al juicio televisivo? ¿No hubiera sido suficiente la vía administrativa (como máximo), es decir, un choque entre interpretaciones de Ronaldo y de Hacienda, más que la amenaza de la privación de la libertad? En realidad, se pretende minar la idea de tratar de minimizar la factura fiscal a través de la planificación, utilizando el altavoz "Cristiano Ronaldo" (como él mismo dijo, está allí también por ser quien es) y de paso arañar unos cuantos milloncejos y más presupuesto.

Pero ¿qué hay detrás de todo esto?, ¿cómo hemos llegado hasta aquí, hasta este tipo de leyes?

La respuesta no es únicamente jurídico-tributaria. El sistema fiscal está urdido sobre la base ideológica de la redistribución coactiva, y además, progresiva, que padecemos y que deriva a su vez de muchos factores, entre ellos motivaciones individuales de índole moral y psicológica. Es lo que se conoce como la influencia de la evolución en la esfera psicológica de los seres humanos y su capacidad de moldear y definir las instituciones y decisiones políticas (véase la última y pionera obra de Hayek “La fatal arrogancia”).

El trabajo básicamente concluye que los motivos psicológicos que explican el apoyo a la redistribución son la compasión, la envidia y el propio interés

Casualmente, hace unos días se hizo público un gran estudio realizado por nueve académicos de cinco continentes (América del Norte, del Sur, Europa, Asia y Australia), en seis países (Canadá, EEUU, Argentina, Países Bajos, Israel y Australia) y desde cuatro disciplinas (psicología, criminología, economía y antropología). El trabajo básicamente concluye que los motivos psicológicos que explican el apoyo a la redistribución son la compasión, la envidia y el propio interés (entendido como querer obtener un beneficio individual gracias a la redistribución). Pero lo destacable en este sentido es que, de acuerdo las regresiones efectuadas en el estudio, la compasión persigue la ayuda a los más necesitados (que al fin y al cabo es un tipo de redistribución, lo que puede entenderse como tratar de sacar de la pobreza a los más necesitados) mientras que la envidia y el propio interés persiguen no lo anterior sino penalizar a los más pudientes, aun sabiendo que también se perjudica a los más pobres (es decir, el esquema típico redistributivo de las socialdemocracias actuales del Estado del Bienestar).

Además, el estudio llega a la conclusión de que la 'justicia' no actúa como un motivante individual en la querencia por la redistribución (aunque el estudio matiza que el concepto de justicia engloba una variedad de fenómenos, como la desigualdad material o la aplicación de las mismas leyes, etc., por lo que este resultado es más limitado).

Todo lo anterior no resulta extraño para quien, por ejemplo, haya leído las digresiones de Kuehnelt-Leddihn sobre las bases del igualitarismo: la envidia, el miedo a la inferioridad o la inseguridad que engendra odio y crueldad, y la búsqueda de la uniformidad o igualdad como solución, para así controlar la realidad y hacer predecibles las acciones de los demás. O lo que ha venido alertando últimamente Antonio Escohotado sobre esa pretensión de algunos de no querer entender y aceptar la realidad como un hecho complejo, y querer, vana y arrogantemente, dominarla y moldearla a su antojo, aunque sea con la violencia (que al fin y al cabo es la redistribución progresiva estatal actual).

Si la envidia y la extracción de rentas son los pilares de la moral predominante, tendremos instituciones extractivas como la redistribución forzosa de la renta y riqueza y el intervencionismo estatal

Y es que precisamente, no sólo hablamos del caso mediático de un futbolista, sino del papel de todas estas motivaciones personales, de la evolución de la psicología y moral de las personas, como factores que definen las instituciones y la forma del intervencionismo político sobre nuestras vidas, es decir, como factores que ayudan a la coordinación que toda sociedad extensa necesita, como originalmente explica Jason Brennan en Why not capitalism?.

Es decir, si la envidia y la extracción de rentas son los pilares de la moral predominante, tendremos instituciones extractivas como la redistribución forzosa de la renta y riqueza y el intervencionismo estatal, como ejemplifica el caso de Ronaldo, y más nos acercaremos a la Venezuela actual, al socialismo real. Al contrario, una sociedad compleja que se asiente sobre principios como la voluntariedad, el respeto mutuo, la reciprocidad y la aceptación de que la desigualdad material no justifica el ejercicio de la coacción y la violencia, aunque se barnice con leyes fiscales redistributivas democráticas, esa sociedad tenderá a coordinarse y organizarse sin depender, o dependiendo menos, de un ente superior que coactivamente ejerza un control despótico sobre la población. De nosotros depende.


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