La tribuna de Adrià Pérez Martí

Twitter y la politización de nuestras vidas

Los lamentables mensajes en Twitter de algunos concejales de Manuela Carmena ilustran lo peligroso que es politizar la vida de los ciudadanos. Esas ansias de confrontación no sólo provienen de la propia naturaleza del ser humano, sino de malas instituciones sociales y formas de organizar la sociedad que incentivan ese tipo de comportamientos. Mezclar ciertas ideas instintivas con el Poder puede conducir a males de los que desgraciadamente el hombre ha sido testigo más de una vez, no sólo en Europa en el siglo pasado, sino también ahora en países como Venezuela.

Un hecho que parece inocuo, pero no lo es en absoluto, es la inquebrantable fe que gran parte de la población tiene en los políticos como solucionadores de problemas

Tanto Ada Colau como Manuela Carmena se han ocupado muy mucho de contar en reiteradas ocasiones, en sus discursos de investidura por ejemplo, anécdotas personales con votantes y simpatizantes que les abordaban en la calle para agradecerlas, abrazarlas o apoyarlas. Aparte de su uso demagógico, éstas escenas encierran la idea de depositar la esperanza –como ya ocurriera con esa fiebre irracional por Barack Obama en 2009– en personas, de carne y hueso, que son aupadas a altares místicos por ocupar un cargo político. Un hecho que parece inocuo, pero no lo es en absoluto, es la inquebrantable fe que gran parte de la población tiene en los políticos como solucionadores de problemas. Problemas que, por otra parte, parecen creados para que sólo los políticos puedan fingir resolverlos.

La constitución de los ayuntamientos españoles, especialmente aquellos formados por Podemos, sus satélites y PSOE, no hace sino intensificar esta situación de confrontación dado que su gen ideológico es politizar la sociedad hasta el absurdo. Circunstancia esta que surge de la nada, sino de una tendencia muy asentada a lo largo de los años, como ocurrió en el periodo de entreguerras y que lúcidamente describió Friedrick Hayek en su Camino de Servidumbre. Y precisamente ese ha sido el mayor error del PP: no despolitizar la vida de los ciudadanos. Y mantener intacto un elefantiásico Estado.

Los desahucios, la malnutrición infantil, la financiación de proyectos sociales, la educación para niños de cero a tres años, etc., todas estas cuestiones se conciben como problemas que deben solucionarse únicamente a través de la acción política, no estableciendo un marco institucional sencillo y estable, sino aplicando políticas únicas desde un órgano centralizado, en este caso desde el ayuntamiento. Y cuando el plan único se impone, por lógica los demás planes alternativos que podrían emerger espontáneamente desde la sociedad desaparecen. Esta imposición, que de manera institucional se aplica a través de los ayuntamientos y demás administraciones públicas, también se expande socialmente, a través, por ejemplo, de las redes sociales, de los famosos tweets de Guillermo Zapata, Soto, etc. Para mayor abundamiento, el propio Zapata reconoció que la decisión de cesar en su cargo del gobierno madrileño se había tomado "de manera colectiva". Y es que esa colectivización y su imposición se encuentran en la retórica neomarxista y revolucionaria de Podemos, y también, aunque con menor intensidad, en el resto de partidos.

La historia nos brinda muchos ejemplos de cómo las sociedades son capaces de organizarse por sí mismas para ofrecer soluciones colectivas de manera descentralizada

A propósito de esta compulsión por diseñar y aplicar planes para resolver problemas que surgen en la comunidad, la historia nos brinda muchos ejemplos de cómo las sociedades son capaces de organizarse por sí mismas para ofrecer soluciones colectivas de manera descentralizada, a través de mecanismos correctores que surgen expontáneamente sin necesidad de ser planificados por un Poder establecido, soluciones que además se perfeccionan constantemente a través de la prueba y el error. Ejemplos recientes son los de PayPal o eBay, y otro tipo de procedimientos de pago y de compensación creados para facilitar los intercambios y el florecimiento de nuevos mercados, o los complejos sistemas para prevenir el fraude antes de que este se produzca en el comercio electrónico.

Aunque la deuda o los límites legales de los ayuntamientos maniaten la política económica de los nuevos gobernantes municipales, no hay que olvidar sus posibles consecuencias destructivas. Y pese a que Carmena y demás hayan podido posponer sus medidas más estrambóticas, como la creación del banco público o la re-municipalización de los servicios públicos (algo parecido a lo que sería una nacionalización a nivel estatal), no hay que olvidar que siempre les quedará la más temible de todas las herramientas: los impuestos.

En Madrid y Barcelona cobra especial importancia el Impuesto sobre Actividades Económicas (el IAE), que hasta la fecha goza de una exención para las empresas con una cifra de negocio inferior al millón de euros. En estas ciudades es donde mayor poder recaudador y distorsionador tendrá su eventual subida, dado que suelen ser sedes de grandes empresas y multinacionales. Además de perjudicar el efecto tracción que estas empresas tienen sobre otras mercantiles y proveedores, y afectar a la productividad laboral, que suele ser mayor en este tipo de corporaciones, una subida del IAE a las grandes compañías también perjudicará a trabajadores y Pymes que menos valor puedan aportar. De hecho, el impacto de una previsible subida de este impuesto se intentará trasladar, por parte de la empresa, a aquellos con los que económicamente se relaciona, ya sea a los clientes a través de subidas del precio de sus servicios, a los trabajadores menos valiosos, a los proveedores con menor poder de negociación, o a los accionistas, que en muchas ocasiones son pequeños inversores. La incidencia de los impuestos casi nunca recae solamente sobre aquellos a los que legalmente se les aplican. Por otro lado, el IBI, otro de los impuestos locales que pueden subir los nuevos alcaldes antimercado, y que ya incrementó el PP, acarrea un empobrecimiento automático para las familias y empresas a través de la capitalización de este tributo (el impuesto se descuenta automáticamente del valor de los inmuebles).

El mayor intervencionismo es la consecuencia lógica de una mentalidad estatista de muy largo recorrido

Visto todo lo anterior, conviene señalar que el aumento de la politización en la que ya estamos incursos no sólo tiene su origen en los nuevos partidos políticos sino también en la deriva de los viejos. La confrontación y el mayor intervencionismo serán pues la consecuencia lógica de una mentalidad estatista de muy largo recorrido que, desgraciadamente, va a seguir prosperando.


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