OPINIÓN

Tácticas golpistas en el 'procés'

¿Cómo va a aplicar el Gobierno central el artículo 155 en el Estado en Cataluña?

Tácticas golpistas en el 'procés".
Tácticas golpistas en el 'procés". EFE

Uno asiste impávido a esta escalada de despropósitos que, ¿saben sus protagonistas?, a dónde nos llevará. Tras la previsible negativa de Puigdemont de continuar con su pulso al Estado español, es decir, conforme aumentamos en gravedad y tensión el conflicto, el foco de preocupación que antes se veía de reojo y que ahora nos asalta con mayor importancia es el papel de unas quince mil personas armadas, los Mozos de Escuadra, y qué uso político y físico va a hacerse de ellos en todo este proceso.

Porque al final, dejando aparte del debate de los nacionalismos, patriotismos, del fanatismo romántico -especialmente en el sentido que destacó Isaiah Berlin en "Las raíces del romanticismo", es decir, ese retroceso con respecto a la Ilustración al ensalzarse las actitudes y menospreciarse sus consecuencias, los resultados-, dejando aparte, como digo, estas ideas, lo que queda, no lo olvidemos, es quién es el dueño del poder, quién quiere adueñarse de él y cómo va a hacerlo.

Estamos hablando de las raíces del Estado, de cómo se comporta, de cómo muere porque otro nace. ¿Es una revolución? ¿Es una insurrección?

Estamos hablando de las raíces del Estado, de cómo se comporta, de cómo muere porque otro nace. ¿Es una revolución? ¿Es una insurrección? Son hechos que se repiten más allá de la conjura de Catilina contra la república romana. Movimientos políticos, movimientos militares, policiales, violencia, propaganda, odio... Desgraciadamente, en eso estamos otra vez en pleno siglo XXI.

Y no todas las maneras de  adueñarse del poder por medios no democráticos son iguales e igualmente exitosas. Ya Napoleón estudiaba las maneras de cómo Cicerón actuó contra Catilina en la mencionada intentona. Y antes que él otros tantos buscaban innumerables ejemplos clásicos que ilustraran a sus mentes ávidas de poder de cómo conseguirlo. Lo mismo que el trabajo del periodista, escritor y diplomático Curzio Malaparte en su muy ameno y actual "Técnicas del golpe de Estado", en el que repasa algunos famosos golpes de Estado a partir de la táctica desarrollada por Trotsky en su toma del poder ruso hace cien años. Porque, al contrario que Lenin, que pretendía movilizar a las masas, a los comités, crear una estrategia revolucionaria global para la guerra, en definitiva, crear las circunstancias favorables para llevar a cabo la toma del poder, Trotsky menospreciaba tanta complejidad y elaboraba su plan: sencillo, "quirúrgico", preciso, con pocos hombres, incluso sin necesidad de muertos, para asestar un golpe rápido y eficaz. Y resultó. Fue Trotsky el que acometió el golpe que dio a Lenin el poder.

A diferencia de Lenin, que pretendía derrocar al Gobierno para conquistar el Estado, Trotsky prefería hacerse con el Estado para luego derrocar el Gobierno

A diferencia de Lenin, que pretendía derrocar al Gobierno para conquistar el Estado, Trotsky prefería hacerse con el Estado para luego derrocar el Gobierno. Y es lo que hizo, y el cómo es lo que resulta tristemente de tanta actualidad estos días. Su táctica se basó, no en las grandes masas y ejércitos, sino en utilizar un relativamente reducido número de hombre para tomar los puntos neurálgicos de un Estado. Pero no tanto las partes importantes de la organización política burocrática del Estado, sino los puestos técnicos de un país: las fábricas, las vías clave, los medios de comunicación, las centrales eléctricas, puertos,... que hoy en día serían ligeramente diferentes. Y los ocupó, no sólo con esos guardias rojos sino, especialmente, por técnicos: ingenieros, especialistas, obreros, etc. Se necesitan técnicos además de soldados. Esto es lo que le concedió la victoria sobre Kerenski, que contra sus movimientos, quiso aplicar una respuesta policial orientada a imponer el orden público, a controlar a grandes masas. Una vez controló los puntos nerviosos del Estado, el propio Gobierno se replegó en un único punto, el Palacio de Invierno, y ahí terminó con él.

Y con éste análisis puede explicarse los éxitos del 18 de Brumario de Bonaparte, el de la revolución rusa, la propia derrota posterior de Trotsky contra Stalin, la toma del poder por Mussolini, la experiencia polaca de Piludski y la de Kapp en Alemania en los años veinte...

Y, no sin dejar de sorprenderme mientras escribo, también en España en 2017. Porque, de eso se trata. ¿Quién tiene el poder en Cataluña: el Estado español o el catalán? Puesto que, para alguien no especialista en la materia, entre los que me incluyo, ya existen ambos. Y buena prueba de ella fue el referéndum del 1-O.

A lo largo de las últimas décadas, los órganos técnicos más importantes del Estado en Cataluña han sido ocupados por favorables a la independencia

A lo largo de las últimas décadas, los órganos técnicos más importantes del Estado en Cataluña han sido ocupados por favorables a la independencia: educación, televisiones públicas, telecomunicaciones y  centros de datos, policía, emergencias, Sanidad, organizaciones civiles... Este es el motivo por el que parte del Estado en Cataluña es independentista, y no sólo su Gobierno, pues es esa la diferencia esencial que resalta constantemente Malaparte. De tal modo que llegamos a la idea de que en realidad, lo que pretende el Gobierno central es retomar el control del Estado en Cataluña, y por eso es útil utilizar las enseñanzas que el mencionado autor usa para... los golpistas, para quienes quieren adueñarse del poder (siempre dentro de este tipo de análisis).

¿Qué hizo Rajoy ante el golpe de fuerza del referéndum del 1-O? Trató de colocar un cargo político, un coronel de la Guardia Civil que coordinó a cargos técnicos, intermedios, independentistas. Pero no sustituyó a esos cargos técnicos. El resultado es de sobra conocido.

Ahora hablamos del artículo 155 de la CE. ¿Cómo va a aplicar el Gobierno central este artículo en el Estado en Cataluña? A tenor de las tácticas contempladas en el libro citado, a uno le asaltan graves dudas, sobre todo después de ver la pifia del 1-O. ¿Volverá a reemplazar sólo a cargos políticos? ¿Qué hace con los Mozos de Escuadra? Sustituirá a Trapero y su superior, ¿solamente? ¿Cómo puede hacerlo de otra manera, centrándose también en los mandos técnicos, intermedios? Quizá lo sepamos a partir del sábado, o quizá se vuelva a equivocar, y en ese caso tendremos la misma preocupación que mencionaba: unas quince mil personas que, aparentemente en su mayoría, prestan obediencia a sus actuales superiores, sobre todo si día tras día el Gobierno catalán hace muestras de fuerza a través de otras tácticas no comentadas como huelgas o movilizaciones de masas.

El pequeño detalle de todo esto es que Cataluña no es un Estado, sino parte de un Estado

¿Qué hay de otros cargos técnicos, como los relativos a la educación, los medios de comunicación públicos, puertos, carreteras, etc.? (Recordemos que la CUP sí ha hecho público sin ambages seguir esa táctica insurreccional trotskista de tomar puertos o boicotear a las empresas del IBEX, etc.)

Quizá una de las profesiones técnicas de más poder y al mismo tiempo más dispersión sea la de los jueces. Quizá sea los jueces que se someten a la legalidad vigente  y la hacen cumplir los que actúen como un mayor contrapoder y hagan parte del trabajo a Rajoy desde el punto de vista técnico de Malaparte.

El pequeño detalle de todo esto es que Cataluña no es un Estado, sino parte de un Estado, y eso lleva el importante matiz del sistema de financiación autonómica actual. La Generalidad no administra los impuestos. Su fuente de ingresos depende del Estado español. Bajo el análisis, no sólo de Malaparte, sino de autores como Margaret Levi (que analiza el poder fiscal y cómo la evolución de los sistemas fiscales explican la forma y evolución de los estados), se puede utilizar otro argumento que explica por qué del mantenimiento de la irresponsabilidad fiscal de las autonomías, en donde éstas pueden gastar autónomamente pero no recaudar. Dicho de otro modo, si la Constitución Española diseña un Estado en el que el gobierno de cada autonomía tiene el poder de aspectos técnicos y neurálgicos (Malaparte) del Estado en sus territorios, tan importantes como la educación, la comunicación y televisiones públicas, la policía, sanidad, etc., se explica que la carta magna reserve al gobierno central aspectos clave como, siempre lo es, el dinero. Es Interior quien paga a los Mozos, es el gobierno central quien parte y reparte la financiación autonómica. Sin Hacienda propia, es bastante difícil, sin utilizar una violencia aplastante, que el procés termine venciendo. 

Y esto nos lleva de nuevo a la Constitución, para algunas cosas fundamental, pero que es claramente disfuncional. Si se reforma para no solucionar estos problemas creados por el uso espurio de los gobiernos y el Estado, siempre tendremos el mismo problema. Y tiene difícil solución si sólo se contemplan "soluciones" estatalistas: si no se apuesta por liberalizar y por tanto, despolitizar los Estados, es muy difícil resolver el problema. Si la educación sigue perteneciendo al Estado, al Gobierno; si hay medios de comunicación que pertenecen al Estado, al Gobierno; etc., etc., seguiremos teniendo un riesgo a que la diversidad no pueda coexistir pacíficamente.


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