OPINIÓN

Secesión: Estado nación o libertad

El nacionalismo se basa en construir una fe en un poder exterior a uno mismo, y la creación de un estado nación es personificar ese poder nacional en un estado.

Secesión: Estado nación o libertad.
Secesión: Estado nación o libertad.

Es lamentable. E indignante. Aunque el ser humano haya experimentado más de una o un centenar de veces el mismo error, seguirá cometiéndolo. No importa que el poder trate de reescribir la historia, como narró Orwell. No hace falta. Somos capaces de volver a experimentar con el nacionalismo. Supongo que para muchos de los que tratamos de ganarnos la vida cooperando pacíficamente en el mercado, buscando realizar nuestros sueños con esfuerzo y no pocas dificultades, estaremos más que asqueados ante la situación que se ha venido creando desde hace años en España, en Cataluña, que se recrudecerá en los próximos meses.

¿Merece la pena ver cómo el Gobierno de la Generalidad ordena a los alcaldes a que "colaboren" en la organización del referéndum? ¿Vale la pena ver desfilar a los antidisturbios para proteger (!) los edificios del Estado? ¿Por qué tienen que obligarnos a coquetear con los negros senderos que recorrieron muchos europeos el siglo pasado?

Por esto:

El Estado Nación

El Estado español ha ido creado otro estado nación en Cataluña, desde la Generalidad, tras varias décadas, especialmente estas últimas. Ha creado y apuntalando, a partir de la realidad, toda la mitología, ritos y ceremonias propias de todos los nacionalismos. Basándose en la emoción, ha construido una lealtad emocional a una idea o un hecho llamado Estado nacional. Consiguiendo crear en muchos un sentimiento, una emoción tan intensa que es capaz de subordinar otro tipo de lealtades (a la familia, a las personas, a otras ideas, a otros lugares, al análisis sosegado, a una conducta pacífica) en pos de la lealtad a la idea suprema de la nacionalidad y el estado nacional.

El nacionalismo se basa en construir una fe en un poder exterior a uno mismo

El nacionalismo se basa en construir una fe en un poder exterior a uno mismo, y la creación de un estado nación es personificar ese poder nacional en un estado. Y como tal fe, se hace necesaria acompañar de sentimientos de reverencia, de actos y manifestaciones externas y ceremoniales. Por ejemplo, la ofrenda del 11 de septiembre, el amor a la bandera, la glorificación de los padres de la patria, y demás rituales son propios del nacionalismo como una religión, símil y tesis de Carlton J. H. Hayes en su trabajo de ya hace casi un siglo "Nacionalismo como religión". Nada nuevo.

Y con todo lo anterior, se consigue esa fe colectiva en una misión, en un destino, ¡una fe que puede mover montañas! "Nadie podrá parar al pueblo de... ". Y esa fe colectiva, todos a una, con un objetivo común, ¿cómo puede ser inmoral, o falsa, o incluso fea? Qué pregunta. Lo importante es que sea percibida por las masas y transformada en mitología popular reverentemente aplaudida.

El devenir de los acontecimientos (queda aparte ser o no catastrofistas) nos mostrará cuántos sacrificios se exige a las personas para con la idea nacional. ¿Qué grandes sacrificios podrían exigirse si el Estado sólo ofreciera seguridad jurídica y un mínimo de intervención en nuestras vidas? Y es que hasta llegar a esas audacias ilegales exigidas por la nueva patria, primero hay que sustituir un análisis racional por el de la lealtad y la fe a la nación:"Mi nación, acertada o equivocada, es mi nación", como diría Hayes. No hay nada inmoral. Es mi tribu.

Miedo a la evolución del Estado

¿Cuántos de sus ciudadanos creerían, en la gloria de Roma, que el Imperio caería y desaparecería? ¿Cuántos creen que los estados nación durarán para siempre?

Lo actuales Estados nación evolucionaron con los frutos de la industrialización y la lealtad nacional hacia un mayor control centralizado. Y hoy mismo no es diferente: las leyes relacionadas con la información personal, la privacidad o la propiedad, son cada vez más restrictivas e invasivas.

Existe al menos un factor que está contrarrestando toda esa peligrosa deriva: las nuevas actividades y relaciones humanas creadas a partir de las nuevas tecnologías

Sin embargo, existe al menos un factor que está contrarrestando toda esa peligrosa deriva: las nuevas actividades y relaciones humanas creadas a partir de las nuevas tecnologías, que irrumpen disruptivamente en muchos de los sectores en los que monopólicamente el Estado ostenta el poder. Por ejemplo las monedas virtuales o el blockchain, que tratan de operan fuera del poder monetario monopólico de los bancos centrales. O los modelos de negocio que tratan de operar fuera del poder fiscal y legal estatal o de los estados más lesivos.

Pero no sólo mecanismos o instrumentos, la mayor integración gracias a la globalización e internet está creando nuevos lazos vitales y una conciencia de ciudadano global que navega en sentido contrario a la tribu nacionalista de la Nación. Pero también al sentido estatal, porque internet tiene unos fuertes principios liberales: descentralización, sin censura, sin fronteras y además, ubicuo. Es decir, permite una, otrora imposible e impensable, secesión individual.

En cualquier caso, los Estados actuales no deberían ser sacrosantos, y mucho menos si esa santidad proviene de la ideología nacionalista, sino un instrumento que no cercene las libertades de todos nosotros. Si la secesión sirve a tal fin, bienvenida sea. Responder a Puigdemont o la CUP con los tres mil años de existencia de España de Domínguez Ortiz es una respuesta histórica que nos atrapa en la misma tela de araña.

Conclusión

Pero ¿por qué va a ser preferible una secesión con la CUP que seguir bajo el Estado español? ¿Por qué cambiar a Montoro por Montbou ? ¿Sólo por reducir el tamaño territorial del Estado? ¿Sin importar las consecuencias económicas ni los compañeros de viaje?

No es una cuestión sólo de secesiones, sino si con tal secesión se logra más libertad o no

No es una cuestión sólo de secesiones, sino si con tal secesión se logra más libertad o no. Si es un asunto económico o de autonomía, ¿vale la pena jugar con las profundas e imprevisibles relaciones humanas dentro de una sociedad compleja? ¿Vale la pena tentar irresponsablemente a la violencia de la masa o los cuerpos de seguridad? ¿La autonomía sólo se consigue creando otro Estado nación indivisible? ¿Aun a riesgo de sufrir unas consecuencias económicas desastrosas de una secesión no consensuada? ¿Por el orgullo de parte de una cultura local? ¿Por la vanagloria colectivista de unas costumbres menospreciando otras? ¿Sólo se consigue más libertad de este modo?


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