OPINIÓN

Pedro Taxman Sánchez

¿Por qué un sistema de pensiones que casi por naturaleza debe ser a largo plazo es actualmente un sistema cortoplacista?

Pedro Taxman Sánchez.
Pedro Taxman Sánchez. EFE

Finalmente, Pedro Sánchez no ha podido extender más su virtuoso silencio y hace unos días lanzó un tipo de propuesta que suele enardecer y suscitar grandes dosis de imaginación a la clase política: subir o crear impuestos. En esta ocasión, el Secretario General del PSOE apostó por crear dos impuestos, uno sobre las transacciones financieras y otro sobre los bancos. Más tarde, el secretario de Economía, Escudero, concretó que se trataría de una sobrecargo, de un 8%, sobre la base tributable (sic) del Impuesto sobre Sociedades.

Nuestro ínclito Montoro, ha preferido, en lugar de una tasa Tobin, un sobrecargo a todas las empresas, financieras o no

Su inmediato rival político, Podemos, salió pronto a la palestra para reivindicar la autoría de esa idea. Sin embargo Escudero puntualizó que la idea en realidad se había inspirado en David Cameron, el que fuera primer ministro conservador del Reino Unido. Pero, si hacemos memoria, organizaciones de izquierdas como ATTAC la proponen continuamente. Y si nos acercamos a las instituciones recordaremos que la Comisión Europea o el FMI también han abogado por este tipo de impuestos. Y sin tener que ir tan lejos, nuestro ínclito Montoro, ha preferido, en lugar de una tasa Tobin, un sobrecargo a todas las empresas, financieras o no. Así que, resulta que la estrategia de Pedro Sánchez de desmarcarse por la izquierda Y ganarle votos a Podemos en realidad es compartida por gran parte del espectro político que padecemos.

La idea no es más que puro populismo fiscal. Dado que los bancos son entidades muy desprestigiadas con la crisis, a las que puede acusarse de privilegios (creados por los propios políticos) y que parte del sistema financiero ha sido nacionalizado (dinero de los contribuyentes), es fácil maltratarlo (en lugar de tratarlo como al resto de empresas).

Muchos favorables a que se haga tributar más a la banca lo hacen acusándola de haber creado las burbujas y las crisis económicas

Muchos favorables a que se haga tributar más a la banca lo hacen acusándola de haber creado las burbujas y las crisis económicas que sufrimos regularmente, por lo que ven lógico que ayuden en mayor medida a la recuperación vía impuestos. Pero gravar a los bancos no es gravar a todo el sistema financiero, éstos son sólo una parte, luego no es coherente. Y las crisis económicas se explican más por el cautiverio al que está sometido el sistema monetario y financiero mundial (bancos centrales estatales que moldean discrecionalmente la economía) que por la libre empresa en el sector financiero y monetario.

Económicamente, la propuesta de Sánchez sería una sobreimposición más, de las muchas que hay. Recordemos que los bancos sufragan el Impuesto sobre Sociedades y también el IVA que no pueden recuperar. Dado que su actividad está exenta del IVA, no pueden recuperar el IVA que soportan en sus compras. El IVA, al final, es un impuesto sobre el beneficio, cuya intensidad depende de la medida en que no pueda ser trasladarlo a los clientes, accionistas, trabajadores o proveedores. Y normalmente no se traslada al 100%. Por tanto, gravarlos con un impuesto tipo tasa Tobin sería hacerles tributar por otro impuesto algo más cercano al IVA, pero con un efecto en cascada, enormemente distorsionador y que finalmente se esparcirá perjudicando a todos aquellos con los que se relacione la entidad financiera (no hace falta recordar la elevada bancarización de la economía española).

podríamos hablar del viejo juego político de robar a unos agentes mal vistos, por ser bancos y por ser ricos

Políticamente, podríamos hablar del viejo juego político de robar a unos agentes mal vistos, por ser bancos y por ser ricos, que son personalidades jurídicas poseídas por una variedad de propietarios, muchos pequeños accionistas dispersos y difícilmente identificables. Y si no se organizan, poco pueden mamar del presupuesto público, y mucho menos quejarse, y sufrir todo lo que el pueblo llano: impuestos. Sobre todo si la contrapartida es "salvar" las pensiones.

Una de las críticas que se le ha hecho es el de tildarlo de impuesto finalista y, por tanto, sin cabida en la legalidad vigente. Y precisamente, medidas en esa línea, aunque fuera un impuesto a la banca para un tema tan diferente como las pensiones, serían, al menos, dignas de estudiarse, porque se basarían en establecer una vinculación entre origen y aplicación de fondos que facilitaría el cálculo económico y social, y la rendición de cuentas por parte de los políticos. Un sistema que expone al planificador y su planificación más fácilmente, y vincula los ingresos con los gastos, ayuda a manejar ambas cosas. Una vinculación que ostenta el mejor tributo que existe hoy en día: la tasa (una aproximación de "precio" fijado administrativamente que se vincula con el servicio público ofrecido). Obviamente, según lo planteado, la financiación de las pensiones no vendría sólo de estos dos impuestos, por lo que no cabe atribuirle esta positiva característica.

Aunque se creen impuestos a los clichés decimonónicos que queramos, no sólo será un sistema deficitario con quiebras periódicas sino que soportaremos un enorme coste de oportunidad

Y es que lo que no tiene sentido es sacar dinero de un sitio y meterlo en otro. Un sistema de planificación a largo plazo como el de pensiones, que necesita extraer de una persona para darle a otro, adolece, precisamente, de falta de planificación. En actividades que conllevan tiempo y, por tanto, pueden dar pie a la utilización inteligente del dinero y las finanzas, es una aberración no hacer uso de los instrumentos de inversión que un capitalismo desarrollado como el actual permite. Invertir a largo plazo, multiplicar lo que se destina mes a mes, es más propio de un uso adecuado, prudente e inteligente del dinero. Si en lugar de aplicar métodos financieros y de planificación financiera individual optamos por lo actual, un sistema de reparto, más propio de situaciones con poca maniobrabilidad, con poca inteligencia financiera, basados en la división (el reparto) más que en hacer crecer el dinero a lo largo del tiempo por utilizarlo productivamente, entonces tenemos el problema de fondo del sistema actual de pensiones: que es un fraude. Y aunque se creen impuestos a los clichés decimonónicos que queramos, no sólo será un sistema deficitario con quiebras periódicas sino que soportaremos un enorme coste de oportunidad (todo lo que dejamos de ganar, no sólo como pensionistas, sino en la economía productiva con todo ese ahorro de los aportantes disponible).   

La pregunta es, ¿por qué un sistema de pensiones que casi por naturaleza debe ser a largo plazo (guardo, invierto para el día de mañana), es actualmente un sistema cortoplacista (tan pronto como se producen los ingresos son gastados -no invertidos-)? La razón es clara: se pasa de un sistema de previsión, económico, financiero, a uno político: se obliga a una redistribución intergeneracional, de ese modo estamos obligados a estar en el sistema durante toda nuestra vida (como aportantes primero y luego como pensionistas). Y de paso, nos acostumbra a tratar con el Estado los aspectos más esenciales de nuestra vida. Mientras esto tenga un respaldo electoral, seguiremos escuchando estas ocurrencias populistas fiscales, esta vez, de la boca de Sánchez.

Ahora, lo que no tiene sentido es sacar a un sitio y meter en otro.

Es como las pensiones. Su problema no es de sacar de un sitio y meter en otro. Es que eso que metemos se reproduzca. Hay milagro, señores, y se dice inversión, cultura financiera, 

Un sistema es el atrasado, el que divide. Y otro es el que multiplica y el avanzado.

Además, tenaza intergeneracional y además no permite la independencia, te acostumbran a pagar al estado, no a invertir y crear.


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