La tribuna de Adrià Pérez Martí

Montoro, el recaudador de Tsipras

Rajoy va a dar al gobierno de Tsipras casi el equivalente a lo que nos extrajo muy dolorosa e injustamente a través de sus subidas de impuestos en 2012 (11.237 millones según estimó Hacienda, frente a los nuevos 10.000 millones que le corresponde aportar a España en este nuevo 'rescate'). Y eso solo en lo que se refiere ala recaudación, porque los perrjuicios que sufrimos en términos de agudizamiento de la recesión y retraso de la recuperación, y, en definitiva, de sufrimientos, son incalculables.

Que los integrantes de un grupo o asociación ayuden a uno de los suyos no es reprochable, sí lo es cuando el dinero que se presta no es de quien lo presta

El gran error

Que los integrantes de un grupo o asociación ayuden a uno de los suyos no es reprochable, sí lo es cuando el dinero que se presta no es de quien lo presta. En 17 horas de negociaciones entre políticos pueden gastarse muchos millones de euros extraídos a familias y empresas a los que les ha costado lo suyo ganarlos justamente en el mercado. Y en plena Gran Recesión, a costa de muchísimas más horas de trabajo, esfuerzos y sacrificios.

Además, se ofrece a un deudor que no superaría el más mínimo análisis de riesgo en una reestructuración de la deuda o rescate: la voluntad de pago. Un deudor al que se le ha perdonado casi la mitad de deuda acumulada que llegará, por cierto, en tan sólo dos años al 200% del PIB. ¿Cómo esperar que este país, con ese gobierno y ese Estado corrupto y corruptor, pueda pagar una deuda requete-reestructurada y con las más ventajosas condiciones para su pago, con un enorme plazo de carencia y bajos gastos financieros? Al que, además, va a concederse otro premio: un crédito puente, necesario por las dilaciones de una irresponsable, absurda y dañina negociación de la que son responsables Varoufakis y Tsipras.

No sería la primera vez en la historia que un gobierno de izquierdas se ve obligado a realizar reformas adecuadas aprovechándose de una menor contestación social gracias a su ideología. Y aunque algunos sondeos den ahora una mayoría que acepta este paquete de medidas más ambiciosas (una vez han sido rechazadas otras mucho más suaves en referéndum semanas atrás), el nivel de polarización social, de intereses creados, y de corrupción política y estatalización social, harían que lo prudente fuera no regalar centenares de miles de millones de euros a un deudor inestable y sin palabra.

Ha de recordarse que es el propio primer ministro quien azuza continuamente a las masas, apelando a la irracionalidad y las vísceras para rechazar y vilipendiar al egoísta extranjero, al que le hace el favor de aceptar su dinero para evitar su propia quiebra, en lugar de promover un debate racional sobre asuntos económicos, que nada tienen que ver con ese uso demagógico de palabras tan grandilocuentes como 'dignidad', 'Europa'... El lenguaje suele ser la primera arma política del manipulador.

Grecia nunca pagará su deuda a no ser que cambie de arriba a abajo sus pésimas costumbres y su perverso sistema institucional

Tsipras ha firmado en su última entrevista que de aquí a dos años 'ya veremos'. No conseguirá una quita nominal, pero tanto su gobierno como los gobiernos anteriores están consiguiendo otro tipo de quita: reducir el valor presente de su deuda a través de extensiones de plazos, reducciones de intereses, etc. Más que tardar 30 años en pagar su deuda, como dice un informe 'secreto' del FMI, Grecia nunca la pagará a no ser que cambie de arriba a abajo sus pésimas costumbres y su perverso sistema institucional. Lo que nos lleva a una cuestión crucial: ¿cómo puede cambiar una sociedad que ha elegido estatalizarse hasta la médula?

El gran escándalo de los gobiernos acreedores (y, por el contrario, el éxito del gobierno griego) es haber dado casi medio billón de euros de sus ciudadanos, que les hubiera venido muy bien en plena Gran Recesión, a un país que no cumple las mínimas reglas de contabilidad y transparencia, y que, además, se niega a mejorarlas.

Las liberalizaciones aliviarán los errores del plan: los impuestos

Aun así, este programa de rescate ha sido muy mejorado a través de las liberalizaciones ahora propuestas (¿por qué no se incluyeron entonces? ¿Los 7.000 millones no lo merecían?), pues podrán en mayor medida subsanar los efectos adversos que el propio plan contempla y que recaerán en la población, las subidas fiscales: más impuestos en forma de subida del IVA (ampliación de su base imponible), inspecciones, y agresividad de la Administración fiscal. Algo enormemente nefasto en cualquiera de los escenarios, pero más en entornos recesivos.

¿Por qué se obliga a que la primera reforma sea subir el IVA y no, por ejemplo, reformar el mercado laboral para rebajar el desempleo? Para seguir saciando la gula estatal. Desgraciadamente, lo peor del rescate es lo primero que se aprueba.

Tras las subidas del IVA de 2010 y 2011, la recaudación en Grecia disminuyó, aumentando, eso sí, las deudas fiscales pendientes de pagar por parte de los ciudadanos

Recurrir al money machine (como se conoce al IVA) suele ser habitual por los gobiernos de la Troika y sus rescates (aquí lo conocemos bien, con el heroico rescate del binomio Rajoy-Montoro), pero estas subidas no han servido para incrementar la recaudación. De hecho, tras las subidas del IVA de 2010 y 2011, la recaudación en Grecia disminuyó, aumentando, eso sí, las deudas fiscales pendientes de pagar por parte de los ciudadanos.

Resulta que el Estado no sólo se endeuda sino que crea además deudas en los propios ciudadanos. Y el incremento de deudas fiscales en un entorno recesivo y con restricciones crediticias se correlaciona con una menor recaudación, y además provoca un mayor incumplimiento fiscal por parte de la población. No declarar el IVA va a ser un modo de financiación para muchas empresas y autónomos cuya quiebra próxima relativiza el riesgo fiscal. Y son muchos casos.

La economía sumergida es el resultado de un deficiente Estado y el elevado nivel de impuestos. Mientras no se mejore el primero y se reduzca lo segundo, no disminuirá. Elevar las sanciones, las inspecciones y el acoso de una administración tributaria jerárquica que pretende someter al ciudadano, no hará más que incrementar la economía informal y elevar las deudas fiscales impagadas (como ya ha hecho).

He ahí la gran contradicción según el método de decisión: la población elige mayoritariamente en las urnas un Estado grande y clientelar, y que sea financiado por los ciudadanos europeos, pero individualmente y en el día a día eligen para sí mismos pagar menos impuestos para sostener ese Estado colosal.

Lo más destacable es la mejora de un programa de rescate –siempre imprudente– que regala más y más millones de euros a quien no tiene voluntad de devolverlos

Conclusión

Después de la clara capitulación de Tsipras, lo más destacable es la mejora de un programa de rescate –siempre imprudente– que regala más y más millones de euros a quien no tiene voluntad de devolverlos. La estatalizada población griega es la que más sufrirá por las subidas fiscales que en su momento rechazó, y que ahora se supone acatará, pero que en el día a día es de suponer seguirá burlando incumpliendo con el Fisco. Afortunadamente para ellos, tal vez las liberalizaciones impuestas por la Troika les beneficien, aunque ya veremos si se aprueban, porque se dejan para el final; medidas estas que algunos califican sin rubor como "humillaciones". Sea como fuere, la suerte está echada: el drama griego continuará indefinidamente. Solo queda por saber si será dentro o fuera del Euro.


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