OPINIÓN

Libertad o nacionalismo

Tender a organizaciones estatales de tipo más estrictamente jurisdiccional (tribunales para la defensa de las libertades y los derechos) evitaría el surgimiento de conflictos políticos como el actual.

Libertad o nacionalismo.
Libertad o nacionalismo.

Donde mora la libertad, allí está mi patria. Esta bella frase atribuida a Benjamin Franklin, sintetiza bellamente ese patriotismo liberal tan necesario estos días. Es la afinidad en el amor a la libertad y a las instituciones que de ella emanan lo que enardece al patriota liberal, y es lo que permite una cohesión social y una promoción del orden espontáneo que beneficia a todos. Y es en ese marco en el que evolucionan la cultura, las lenguas, las identidades nacionales, enmarcadas, de manera imperfecta, en las leyes, en legislación y en constituciones.

La apelación continua a la Constitución no debería hacernos olvidar que es la propia Constitución la que ha amparado y permitido un enorme poder político

Pero ese sistema legal democrático desde luego no es perfecto. La apelación continua a la Constitución no debería hacernos olvidar que es la propia Constitución la que ha amparado y permitido un enorme poder político, que además se ha repartido y descentralizado de manera disfuncional. En lo que ahora nos afecta, es una Constitución que permite al Estado fabricar naciones. Naciones que se han ido creando y que se están solapando y utilizando para el conflicto civil. Para tal fin, el Estado es tan eficiente como ruinoso para el bolsillo de los ciudadanos y, al final, para su libertad.

La fábrica de naciones y nacionalidades es cuestión de tiempo cuando el Estado (la Generalidad es Estado español) es uno de los principales creadores, si no el primero, de cultura en nuestro país. ¿Cómo fabrica cultura, identidad nacional un Estado? A través de la educación, las televisiones públicas, las subvenciones a la cultura, a la radio, a las artes en general. Incluso el sistema sanitario se convierte en un poderoso instrumento cuando se usa la lengua con fines políticos. Que sea democrático el sistema político de decisión que impera en el Estado no significa que las personas que componen ese Estado sean automáticamente ángeles y transformen un inmenso aparato de coerción en algo siempre benevolente.

El auge de los nacionalismos regionales desgraciadamente no se va a resolver con la aplicación ni del 155, ni del 2 ni con la restauración de la legalidad vigente en Cataluña

El auge de los nacionalismos regionales desgraciadamente no se va a resolver con la aplicación ni del 155, ni del 2 ni con la restauración de la legalidad vigente en Cataluña. Desde luego, alterar el orden constitucional a las bravas y usando a la población (en lugar de utilizarse unas autonómicas plebiscitarias, que podría asemejarse a un referéndum, como ya se hizo en 2015 y sin éxito para los nacionalistas) es repugnante y con consecuencias fatales.

Consecuencias que ya estamos viviendo, en el que empiezan a utilizarse la demagogia propia de los conflictos civiles. Por ejemplo, como los Mossos d'Esquadra no utilizaron la violencia, ya son poco menos que un cuerpo de seguridad angelical, paso previo para podérselos apropiar como ejército nacional para mantener pacificados, en el nuevo Estado, a la masa a la que ahora se espolea. O la violencia de la Policía y Guardia Civil el día del referéndum, que ha pasado a ser casi el principal motivo de independencia. O el uso de las rosas que querían ser entregados a los policías por parte de los manifestantes, cuando lo que se está viviendo y diseñando es una deriva revolucionaria y, por tanto, violenta. La CUP, parte de quienes dirigen esta sucesión de hechos, ya estaba hablando de "tomar" puertos y aeropuertos.

Al mismo tiempo, también la parte de la población silente, que no pretende modificar el statu quo, poco a poco se organiza, y llama la atención que en parte lo haga sin ningún discurso incendiario por parte de los políticos del otro bando. Como ejemplo la manifestación del próximo domingo. Pero no tiene por qué ser así continuamente, también puede haber brotes de violencia de esta parte.

Si nos quejamos de la manipulación en las escuelas catalanas o de cualquier escuela pública catalana, por qué no atacar la fuente del problema

En definitiva, si nos quejamos de la manipulación en las escuelas catalanas o de cualquier escuela pública catalana, por qué no atacar la fuente del problema. La recentralización no es la solución. No es cuestión de dónde se ubique la persona que tiene la decisión, si en Madrid o Barcelona, sino de que no exista tal persona capaz de utilizar la riqueza histórica de nuestro país para crear naciones, para crear cultura, y para tener una capacidad de influencia que asusta sólo de pensarlo. Cuando defendamos las subvenciones al cine o a otras artes, o cedamos la provisión de importantes servicios a la política y el Gobierno (la educación, especialmente), acordémonos de que obtendremos el servicio (más o menos ineficientemente provisto) con ese sello gubernamental que, por ejemplo, provoca, al cabo de décadas, algún que otro problema.

Es la libertad, como por ejemplo, la libertad migratoria entre regiones (y en cierto grado, a nivel internacional), los niveles de libertad de comercio (ojalá fuera completa) y demás libertades las que en parte explican por qué en Cataluña, a pesar de la manipulación constante por parte de las autoridades autonómicas, no cuenta con una mayoría aplastantemente independentista. Y esta es, entre otras, una explicación de por qué existe esa diversidad, y no, como podría desprenderse del discurso nacionalista (por ejemplo, en el mensaje real del President Puigdemont hace un par de días), fruto de la concordia y pluralismo que tratan de incentivar los políticos nacionalistas.

Si la libertad comercial, migratoria, ha favorecido el pluralismo o impedido una uniformidad artificial, ¿por qué no iba a ser igual de favorecedora para cohesionar la diversidad y la rica historia de la sociedad, y además justo, que exista libertad educativa, libertad para no ser confiscado a través de los impuestos y, en general, libertad, y que esta se extienda a cuantos más lugares?

¿Soluciones institucionales?

Obviamente, debe restaurarse el imperio de la ley en Cataluña. De lo contrario, no sólo habrá una deriva a la confrontación civil, sino que se hace menos costoso tratar de apropiarse del poder por métodos violentos. El 155 no resuelve completamente el problema, aunque sí deberían explorarse soluciones en cuanto al sistema competencial e institucional que tenemos.

En general gusta de la innovación, especialmente las empresas que innovan y que en los últimos años han incrementado notablemente el nivel de vida de la población y que nos han hecho soñar en que algún día podríamos llegar a colonizar Marte o trasladarnos a grandes distancias en muy poco tiempo. Sin embargo, cuando de diseño institucional se habla, parece que siempre nos remitimos al típico esquema institucional del XIX.

Todos parecemos buscar en el pasado, y ni siquiera nos fijamos en el presente, en nuestro propio país, en el que operan diversas organizaciones estatales que tienen un desigual contenido político

Estando rodeados como estamos de múltiples conversaciones con amigos, conocidos, tertulias periodísticas, etc., en el momento en el que se llega a la fase de las posibles soluciones, se opta por una España confederada, federal, por la secesión, la recentralización, la mayor autonomía, el diálogo, la Policía.

Todos parecemos buscar en el pasado, y ni siquiera nos fijamos en el presente, en nuestro propio país, en el que operan diversas organizaciones estatales que tienen un desigual contenido político. Tender a organizaciones estatales con menor contenido político y que sean competencias cada vez de tipo más estrictamente jurisdiccional (tribunales para la defensa de las libertades y los derechos) evitaría el surgimiento de conflictos políticos como el actual. La Unión Europea es, parcialmente, un ejemplo: aunque se creen leyes en las distintas regiones y países europeos, determinados Tribunales velan, en última instancia, para que esa legislación interna de las regiones no conculque nuestros derechos fundamentales (es cierto, también, que la burocracia bruselense no deja de crecer y ser más liberticida).

En relación con las competencias de las Administraciones Públicas, otra solución la dio, hace casi exactamente veinte años, el profesor suizo Bruno Frey presentó precisamente en Barcelona, durante una de las reuniones de la sociedad liberal Mont Pèlerin, con su trabajo sobre las Jurisdicciones Funcionales Solapadas y Competitivas. Extraño nombre para un tipo de administración pública más basada en la función que desempeñan que en el territorio o área geográfica. De modo que podrían prestarse los servicios públicos, podrían competir entre ellos y no ligarse, como ahora, a las distintas naciones que estamos creando.

Posibles soluciones que no se aplicarán, pero a las que sí podría tenderse para reducir la importancia de la política que nos ha llevado hasta la situación actual desde hace varias décadas.  


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