La tribuna de Adrià Pérez Martí

Incertidumbre estatista

Hemos cargado con Zapatero, con Rajoy y Montoro. Ahora toca Podemos. Cuando parece que el modelo productivo está orientándose en la buena dirección, la economía debe cargar, una vez más, con otra amenaza que algunos están empezando a vislumbrar en el horizonte: la incertidumbre política. Especialmente tras el resultado electoral que confirma la deriva estatista de la política española iniciada en los últimos años.

Se ha dicho que la necesidad de llegar a pactos y la dificultad de garantizar la "gobernabilidad" están incrementando la incertidumbre. Como si la dificultad de los partidos de repartirse los centros de Poder, o el no conocer qué partidos gobernarán finalmente, sea la fuente de incertidumbre. El propio Rajoy no ha cesado de repetir penosamente que se necesita estabilidad política (la que él ofrece, claro) para garantizar la recuperación.

La estabilidad de los Gobiernos no es el elemento fundamental del problema. Cuba ha gozado de una gran estabilidad política en los últimos tiempos y mantiene una economía de miseria

Sin embargo, la estabilidad de los Gobiernos no es, a mi juicio, el elemento fundamental del problema. Cuba ha gozado de una gran estabilidad política en los últimos tiempos y mantiene una economía de miseria, por no hablar de Corea del Norte. Lo verdaderamente relevante es la clase de políticas que protagonizan esa estabilidad, y eso es lo que supondrá mayor o menor incertidumbre. Desde esta perspectiva, el auge de Podemos, y su fuerza tractora sobre el resto de formaciones, tiene un papel fundamental.

Incertidumbre sobre el régimen: la deriva estatista

La inversión desde un punto de vista global puede ser muy sensible a la política económica. El coste más importante puede significar un efecto depresivo sobre la inversión. Y es esta esencialmente (y no tanto el consumo) lo que impulsará el tan manido cambio de modelo productivo que acabe con el drama del paro. 

Un ejemplo lo tenemos en la Gran Depresión americana que asoló EEUU en la década de los 30. De acuerdo con la tesis defendida por el economista Robert Higgs, la razón por la que la profunda depresión se extendiera durante tanto tiempo se explica en gran parte por el timorato comportamiento de la inversión privada. Una extraña evolución causada, según el economista americano, por los continuos ataques contra el sistema económico protagonizados por el Presidente Franklin D. Roosevelt, a través de sus múltiples medidas liberticidas: el New Deal y el intervencionismo económico con su política fiscal (de creación de impuestos y subidas fiscales y de recaudación), regulatoria, nacionalizaciones, leyes anti-trust, las políticas igualitarias de rentas, la limitación de los derechos de propiedad, y un largo etcétera. 

Medidas que tuvieron un enorme impacto en la economía, como protestaría el economista Benjamin Anderson, y que, además, causaron un mal mayor: los agentes económicos comenzaron a temer al propio régimen político y económico y su deriva hacia el socialismo. Los inversores dudaban de que pudieran llegar a obtener el fruto de sus esfuerzos, deteriorándose de ese modo la actividad económica. Esa incertidumbre sobre el régimen capitaneada por aquellos políticos y burócratas fue, en opinión de Higgs, lo que impactó enormemente sobre la inversión, lastrándola, retrasándola y alargando la depresión económica de EEUU.

La incertidumbre puede llegar a ser tan grave como en Gracia si las políticas que se adopten son contrarias a la propiedad privada y apuestan por la colectivización de la actividad vital de los ciudadanos

Un régimen más estatista

El camino que sigue España es similar, sólo diferenciándose en cuestión de grados. Si todavía la incertidumbre no es tan relevante (como en Grecia, por ejemplo), lo puede llegar a ser en la medida en que las políticas que se adopten sean contrarias a la propiedad privada y apuesten por la colectivización de la actividad vital de los ciudadanos. La reciente publicación de un artículo de Pablo Iglesias en la New Left Review, y que ha inquietado bastante a algunos inversores institucionales, es un ejemplo de una piedra más en la mochila que debe soportar la economía y la sociedad que, de momento, está aplaudiendo mayoritariamente este inoportuno cargamento

El proceso de repartición del Poder no es tan importante cuanto el propio Poder resultante. Que Carmena, Colau u Oltra pretendan plagar de huertos las grandes urbes españolas no es sino algo distractor. Son más importantes sus medidas sobre el mercado del alquiler y la deuda, porque distorsionan nuestras expectativas y el sistema de precios. Y, fundamentalmente, su efecto arrastre sobre el resto de partidos con opciones de gobierno: ¿hay alguno que defienda la propiedad privada y que los políticos dejen en paz a los ciudadanos?

El ideario colectivista en auge en la política española es el que puede disparar la incertidumbre en función de lo que llegue a percibirse que inevitablemente se aplicará, para el cual la propiedad privada y la iniciativa autónoma de cooperación individual estarán siempre sometidas al "interés general" del Pueblo, del Estado. No en vano, uno de los gurús de Podemos y sobre el que, en parte, elaboran su visión y estrategia política es el neomarxista Ernesto Laclau, un autor que reivindicó el populismo y esa estrategia de alcanzar el Poder a través de la construcción de un ser colectivo, "el pueblo", que sustituya a las élites. Esa es la latinoamericanización que defienden, pero no con las ideas liberales de Vargas Llosa y Octavio Paz o el libertarismo de Jorge Luis Borges, sino con su colectivismo, que no es exclusivo del Sur sino también del Norte, y que en su día sufrieron los estadounidenses durante la Gran Depresión.

La incertidumbre y sus efectos sobre la economía no sólo proviene de la crisis del régimen, sino de su rumbo: mayor colectivización y politización de nuestra vida privada, y mayor concentración del Poder en las viejas y nuevas élites.

La actividad económica puede verse de nuevo paralizada en la medida en que el resultado de lo que hemos elegido en las urnas se traduzca en medidas más estatistas y liberticidas

Conclusión

La economía española ha terminado asumiendo, a la fuerza y por la gracia de quienes nos gobiernan, enormes losas: mayores impuestos y un enorme aparato Estatal prácticamente intacto... Y aun así, hemos logrado empezar a caminar por la otimista senda de la recuperación. Lamentablemente, ahora puede que tengamos que enfrentarnos a la incertidumbre que los viejos y nuevos partidos traen consigo.

No es sólo que los grandes inversores estén preocupándose con las aportaciones de Pablo Iglesias en la New Left Review o su éxito electoral, sino que nosotros mismos podemos vernos obligados a paralizar nuestra actividad económica en la medida en que el resultado de lo que hemos elegido en las urnas aplique medidas más estatistas y liberticidas, como ya ocurriera en la Gran Depresión americana. 


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