La tribuna de Adrià Pérez Martí

Hoy elecciones, mañana impuestos

El precio de la libertad es la eterna vigilancia. Pero, ¿vigilamos? ¿El qué? Los oligarcas del BOE, actuales, pasados y futuros, cada vez evacúan más y más normas. Una de las características de los Estados más intervencionistas es la falta de transparencia a la que someten a la población: la Administración crea una ingente cantidad de información legal desconocida en gran parte por la sociedad. Es difícil y costoso que los ciudadanos conozcamos cada desarrollo legislativo que aprueban. Por ejemplo, la legislación tributaria. Racionalmente ignoramos todas estas reglamentaciones porque el coste de conocerlas no compensa el beneficio que podamos obtener de dicho conocimiento. Pero, ¿su desconocimiento debe conducirnos a su automática aceptación? ¿No nos compensa más vigilar que no toquen nuestra libertad, propiedad y privacidad?

Si uno acude a un vendedor de bienes de segunda mano y no le convence su ofrecimiento, lo normal es que no compre la mercancía

Si uno acude a un vendedor de bienes de segunda mano y no le convence su ofrecimiento, lo normal es que no compre la mercancía. La información limitada no es óbice para que no se tomen buenas decisiones. Es decir, carecer de información no debería conducirnos a aceptar malas propuestas. Parece que no ocurre lo mismo en la arena de la política fiscal.

Si aceptamos el argumento del economista Brian Caplan sobre los sesgos anti-mercado del votante, se explicaría que ante una política fiscal compleja y difícil de conocer no la rechacemos, precisamente porque infravaloramos las distorsiones económicas y los efectos liberticidas de la fiscalidad; no se le da tanta importancia como a la oportunidad de castigar al partido del Gobierno, aunque ello suponga, paradójicamente, premiar esa misma política (fiscal) que es ofrecida por sus sustitutos.

De hecho, esta "baja guardia" del electorado es aprovechada por casi todos los partidos para plantear medidas, en consecuencia, populares, como la lucha contra el fraude fiscal que, oh casualidad, amplían más y más su ámbito de poder; en lugar de pensar que es precisamente y principalmente el nivel impositivo el causante del incumplimiento fiscal (véase los trabajos de uno de los mayores expertos en la materia, F. Schneider). Al fin y al cabo, el coste privado de asumir o respaldar esas medidas puede ser imperceptible para el votante: total, quien se supone que sufrirá esas consecuencias no es el votante medio, sino los ricos evasores. Sin embargo, el coste social sí es muy elevado, y afecta a todos los "contribuyentes", porque cada vez cedemos más áreas de nuestra vida a la Administración. Por ejemplo, en las elecciones de este domingo.

De la redistribución de la renta a la fiscalización de todo

Las propuestas de la mayoría de partidos en competencia con el PP ha sido… ofrecer más de lo mismo: reordenaciones de la estructura fiscal para recaudar más y programas antifraude para radiografiarnos mejor. Ninguno ha propuesto deshacer la política impositiva del PP.

Parece como si Thomas Piketty hubiera diseñado el espíritu de la política fiscal de casi todos los partidos usando las prescripciones contenidas en su Capital en el siglo XXI

Parece como si Thomas Piketty hubiera diseñado el espíritu de la política fiscal de casi todos los partidos usando las prescripciones contenidas en su Capital en el siglo XXI (capítulo 15). Especialmente con la reinstauración de los impuestos sobre la riqueza (el de Patrimonio, Sucesiones..., competencia de las Autonomías). En los eslóganes para ganar elecciones sólo afectará a unos pocos, pero es el caballo de Troya para incrementar la imposición a capas más amplias. Son impuestos que reducen la inversión y la formación de capital, disminuyen los salarios y el empleo y, como muestran algunos estudios, no sólo reducen la renta a "los ricos" sino que impactan de lleno sobre la clase media, cercenando los ingresos de la población con menos recursos. ¿Quiere la maltrecha clase media y los más modestos sacrificar una parte de su renta para que los más adinerados paguen un 10-15% más? Todavía se hace presente esa tendencia observada por Tocqueville de querer igualar la renta hacia abajo, en lugar de centrarse en hacer ricos a los más pobres.

Pero, en el fondo, ¿por qué reinstaurar o no eliminar al 100% (para aquellos que se vanaglorian de bonificarlo al 99%) el Impuesto sobre el Patrimonio, o el de Sucesiones y Donaciones? ¿Para recaudar? Para controlar. Estos impuestos no se caracterizan por su capacidad recaudatoria o sus efectos redistributivos (como el IRPF, por ejemplo). Lo más importante es “ejercer un mayor control” y tener más información de nosotros, que es, precisamente, otra de las propuestas de Piketty. Ya no es sólo redistribuir la renta, sino emprender políticas más invasivas en más áreas de nuestra vida.

De hecho, el debate fiscal durante la campaña se ha centrado en los tipos impositivos y las exenciones, y no tanto el modo en que la Administración gestiona, inspecciona o recauda los impuestos, más allá de la coletilla de luchar contra el fraude fiscal. Es cierto que las comunidades autónomas y municipios no tienen la mayoría de estas competencias, pero son propuestas que deben tenerse ya en cuenta porque tratarán de impulsarlas desde estos ámbitos que además están más cerca del ciudadano.

Las propuestas de "control" tributario de los partidos siguen el camino trazado por el PP: desequilibrar aún más el poder de la Administración frente al administrado

Incrementando la desigualdad... entre Administración y obligado tributario

Las propuestas de "control" tributario de los partidos siguen el camino trazado por el PP: desequilibrar aún más el poder de la Administración frente al administrado, el "sujeto pasivo". No hace falta que el gran filósofo Anthony de Jasay resalte el gran desequilibrio existente entre el Estado y el individuo para que podamos observarlo. Bajo la sacrosanta bandera de acabar con el fraude fiscal, las propuestas de casi todos los partidos tienden a desequilibrar más y más esa desigual relación, quedándose los derechos del contribuyente en un artículo figurativo: la ampliación de la duración de las inspecciones y el incremento de las potestades investigadoras de Hacienda, la ampliación de la prescripción o plazo para comprobar nuestras declaraciones, la limitación o prohibición del uso de dinero en efectivo para un todavía mayor control y vigilancia de nuestras transacciones, y demás medidas restrictivas y liberticidas. Hoy ha sido una filtración ilegal de la declaración de la renta de Esperanza Aguirre, pero las mismas propuestas políticas y la ley siguen esta tendencia.

En definitiva, los partidos políticos aprovechan y optan por una mayor fiscalización de nuestras vidas porque no les penaliza en las urnas, el voto de castigo y nuestros sesgos parecen eclipsar este tipo de medidas. Obvian proponer medidas que impliquen descentralizar el Poder y devolverlo a sus ciudadanos. Por ejemplo, mejorando y reequilibrando esa desigual relación entre Administración y obligado tributario (véanse investigaciones como la de Feld y Frey en las que se afirma que el comportamiento prepotente de la Administración y el sometimiento del obligado tributario en una relación jerárquica incentiva el incumplimiento fiscal).

No deberíamos aceptar medidas fiscales farragosas y liberticidas ni premiar a otros políticos que, al menos en materia fiscal, continúan la deriva que hemos sufrido durante esta crisis

Conclusión

Se entiende que las próximas elecciones sean usadas por los votantes para castigar a los políticos que han ocupado el Poder. Pero eso no debería hacernos aceptar medidas fiscales farragosas y liberticidas ni premiar a otros políticos que, al menos en materia fiscal, continúan la deriva que hemos sufrido durante esta crisis. El debate impositivo se suele centrar en los impuestos; mientras, subterráneamente y escondidos tras la maleza técnico-tributaria, los partidos de todos los colores con opciones a gobernar, o pactar, aprovechan los sesgos de los votantes y el voto de castigo para proponer medidas que vayan comiendo más y más el terreno al obligado tributario, al "sujeto pasivo". 


Imagen de cabecera: El recaudador de impuestos, de Jan Massys


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