La tribuna de Adrià Pérez Martí

Grecia; subir impuestos o salir del euro

Como no podía ser de otra manera, el referéndum griego se usará torticeramente como un debate a favor o en contra de la austeridad, cuando, en realidad, será sobre si subir impuestos o salir del Euro.

Lo menos cuestionable es si debe haber austeridad en un país ahogado financiera y socialmente, sino de qué tipo: una austeridad aplicada a la población (basada fundamentalmente en subidas de impuestos) o aplicada sobre el Estado (basada fundamentalmente en reducción del gasto público).

Y precisamente ese debate es lo que ha faltado en todo el proceso negociador, en el que parece que solamente cabía una perspectiva, las subidas de impuestos, y sólo había que modular su intensidad. Así, las propuestas lanzadas desde ambas posiciones, especialmente desde el gobierno de Tsipras, se han basado en proponer subidas impositivas de importante calado. Por ejemplo, la propuesta lanzada el 25 de junio por Atenas se basaba en un 93% en subidas fiscales:

Da igual que el problema provenga de unos Estados cebados durante le burbuja económica, da igual que Grecia haya tenido un estratosférico gasto público cercano al 60% en estos últimos años de grave recesión, o un déficit de casi el 16% del PIB en 2009, lo que importa para los gobiernos, tanto acreedores como deudor, es que los ingresos cubran los gastos. El ancla son los impuestos: las posibilidades de succión recaudatoria por parte de los Estados será lo que determine el nivel de gasto público y el Estado que tendrán los países y, en consecuencia, el ajuste fiscal. España es un ejemplo de ello… y ‘sin rescate’.

Intercambio de ‘cromos impositivos’

Parece que las negociaciones se han basado, en el área impositiva, en decidir qué impuestos subir o crear (como un intercambio de cromos), no en cuáles bajar. 

Ante la reclasificación en el IVA de la mayoría de productos a un tipo del 23%, los gobiernos acreedores han propuesto que el objetivo de recaudación debería elevarse del 0,7% al 1% del PIB; la propuesta de Syriza de elevar el Impuesto sobre Sociedades al 29% (muy por encima de la media de la UE y OCDE) ha sido modificada por las Instituciones que han propuesto elevarlo hasta el 28%; han coincidido en la creación de nuevos impuestos como el que recaiga sobre la publicidad en televisión, elevar los impuestos sobre la propiedad o ajustar un nivel de imposición individual mínima, incrementar las inspecciones, etc.; y han discrepado en el grado de pagos anticipados que deberán hacer los ciudadanos al Fisco a cuenta de futuras deudas fiscales (una financiación forzosa de ciudadanos y empresas al Estado sin remuneración). La mordida del 12% sobre los beneficios empresariales superiores a 500 mil euros propuesto por el Gobierno heleno no ha sido aceptada por la Troika, que sin embargo sí ha visto con buenos ojos (puesto que es parte activa de esta tendencia a nivel internacional) incrementar la presión sobre los bancos para escrutar las cuentas de los ciudadanos en busca de dinero no declarado (haya o no tributado).

Subir los impuestos no cuadrará el presupuesto: economía sumergida

Uno puede pensar que, habida cuenta de la fama que tiene la sociedad griega de no pagar impuestos, estas subidas fiscales tienen cierta razón de ser. Al fin y al cabo, aunque la economía sumergida ha ido decreciendo en los últimos años en el país heleno, en 2015 supone el 22,4% de su PIB (por encima del 18,2% en España y del 18% de la OCDE). Sin embargo, las propuestas de ambas partes negociadoras no harán sino incrementar la economía sumergida, con el coste que ello supone para la actividad económica (mayor incertidumbre, menor flexibilidad, menor uso de contratos y seguridad jurídica, etc…).

Hay diversas variables que explican por qué los ciudadanos pagan todos los impuestos exigidos por el Estado: cuanto mayor sea la carga fiscal (impuestos y cotizaciones a la Seguridad Social), cuantas más regulaciones haya, cuanto peores sean los servicios públicos, la calidad de las instituciones públicas o la moral fiscal, mayor será la economía sumergida y menor el cumplimiento fiscal.

De acuerdo con los resultados de uno de los mayores expertos en la materia, F. Schneider, las variables mencionadas para el caso de Grecia son actualmente:

Es decir, en Grecia, los motivos por el que los ciudadanos renuncian a la economía oficial en favor de la sumergida de una manera más acusada en comparación con el resto de países se deben al IVA, el auto-empleo y las regulaciones.

Precisamente, las propuestas lanzadas tanto por Atenas como por las Instituciones empujarán a los griegos a una mayor economía sumergida. En primer lugar, por las subidas del IVA producidas a lo largo de los últimos años (partían de un tipo general del 19% al inicio de la crisis) culminada con la reunificación comentada al 23%. En segundo lugar, por incrementar las cotizaciones a la SS, que encarecerá el trabajo e incentivará el auto-empleo en donde es más fácil escaparse de esa subida fiscal. Y, por último, la clarificación y eliminación de la maraña regulatoria no es una pieza incuestionable ni para los acreedores ni para el gobierno griego, por lo que continuarán contando con una escasa libertad económica que expulsará a la economía hacia la informalidad.

Por tanto, para cuadrar el presupuesto no es lógico apoyarse mayoritariamente en medidas fiscales que expulsarán a los ciudadanos y empresas a la economía sumergida (menor recaudación), además de tener importantes consecuencias económicas.

Las propuestas zombifican la economía

Como ponen de manifiesto los estudios realizados para medir el impacto de la austeridad basada en el gasto o en los impuestos, capitaneados por el profesor de Harvard Alberto Alesina (véase su último trabajo o este reciente del Banco de España), las consecuencias negativas de subir impuestos son mucho peores y duran más años que aquellas basadas en bajar el gasto. Por tanto, parece que este tipo de propuestas no conducirán al cumplimiento y pago de la totalidad de la deuda contraída por el Estado griego, sino a reestructuraciones, quitas, demoras y tensiones político-financieras.

Entonces, ¿por qué un referéndum sobre si aprobar o no una propuesta basada fundamentalmente en subir impuestos? Por razones políticas y de Poder, tanto de los gobernantes como de la población. Aun con una Gran Recesión de por medio, los gobiernos no han auto limitado ni su poder ni su influencia. La dicotomía entre quebrar o reducir su tamaño se ha viciado gracias a la ayuda financiera del BCE o a los continuos rescates de la Troika. Incluso se prefiere implantar un corralito a la población antes que modificar el statu quo estatista. Y la población, atravesada por el Estado, sufre las consecuencias de un sistema rígido, y ya sin combustible, del que se ha acostumbrado a depender.

El referéndum es buena muestra de una situación empeorada por todos los actores, especialmente por el gobierno heleno que juega con algo tan serio como la incertidumbre y plantea un referéndum viciado entre votar afirmativamente y con la nariz tapada a numerosas subidas fiscales o depender totalmente de sus gobernantes patrios fuera de la UE.


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